Pedro y la hipocresía

Octubre 9, 2007

Hace meses escribí un par de mensajes en este blog con la intención de romper una lanza a favor de Pedro en su encontronazo con Pablo, según aparece relatado en la carta a los Gálatas. Parece que a lo largo de los siglos Pedro se ha encontrado siempre en el bando de los perdedores (o así es como lo suelen describir la mayoría de los cristianos cuando hablan de este texto), y parece que nunca nos hemos parado a pensar en el simple pero importante hecho de que la persona que relata la historia (el escritor de la carta) no es un escritor imparcial sino más bien una de las partes implicadas en el problema que se está describiendo.

Cuando leo la Biblia me gusta leer intentando situar el texto que leo en un cierto contexto histórico. No me gusta la manía de leer simplemente tomando las palabras como textos abstractos que hablan fuera de todo contexto como si estas palabras estuvieran saliendo del cielo en estos mismos momentos. Tiendo a pensar a menudo que el hábito de leer la Biblia de esta forma no hace otra cosa que provocar violencia sobre el texto y sobre la persona que lo ha escrito, haciéndole decir cosas que nunca pretendió decir.

Es por esto que cuando leo la carta a los Gálatas, y sobre todo su capítulo 2, no puedo evitar darme cuenta de que el escritor de la carta, en este caso el apóstol Pablo, se encuentra en un momento complicado de su ministerio, intentando defender su misión a los gentiles frente a ataques de todo tipo. Es más: cuando llegamos a este capítulo en especial, el argumento ha llegado a un punto crucial en la carta, un punto en el que resulta extremadamente importante para el autor el convencer a los que leen de que lo que está diciendo es verdad y que los que han dicho lo contrario están equivocados. Normalmente, cuando llegamos a puntos de este tipo en una conversación, es sencillo tender a utilizar ataques personales, argumentos ad hominem, y falacias de todo tipo con la intención de llevarnos al oyente al bolsillo. Si esto es tan humano que todos alguna vez hemos caído en la falacia de hacerlo, ¿por qué no iba a hacerlo Pablo?

Así, cuando leo los versículos 2:11-13, no puedo evitar pensar que la forma en la que Pablo está describiendo lo que está pasando, su versión de los hechos, es un tanto dudosa:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos”

Pedro comía con los gentiles hasta que llegaron algunos de parte de Santiago y dejó de hacerlo. Esta es la versión que suele utilizarse para criticar a Pedro, su tremenda hipocresía al cambiar de mesas ante la llegada de algunos de Santiago. ¿Pero hipocresía por qué? ¿Fue Pedro un hipócrita por centrarse en su misión a los de la circuncisión? ¿Fue Pedro un hipócrita por decidir que lo mejor era comer separados para evitar problemas culturales? ¿Fue Pedro un hipócrita por haber sido realista y haber seguido el consejo de Santiago de que evitaran problemas secundarios acerca de algunos asuntos que aún provocaban peleas entre personas de ambas misiones? ¿Fue Pedro un hipócrita por decidir que lo más importante en esos momentos no era retar ciertos asuntos de comida y centrarse en otros que él consideraba más importantes? No estoy seguro de que hipócrita haya sido la mejor palabra que los cristianos hemos podido usar en contra de la actitud de Pedro, sobre considerando que lo mismo que Pedro hizo en esa ocasión se ha hecho en cientos de ocasiones para evitar problemas innecesarios en nuestras iglesias.

Este texto contiene un problema textual muy interesante (bueno, en realidad hay varios problemas textuales, no solo uno). Parece que hay variantes textuales que recogen el versículo 12 con otras palabras, indicando con una gran probabilidad que la persona que fue a ver a Pedro fue Santiago mismo, y no unos meros enviados. La evidencia textual a favor de esta posibilidad es bastante amplia, y el mismo Orígenes tomó esta segunda versión como la válida. Siendo esto así, ¿tenemos derecho a decidir que tanto Pedro como Santiago decidieron ser hipócritas y que Pablo fue el único que habló a favor de la verdad del evangelio? ¿No existe una duda razonable de que tanto Pedro como Santiago tuvieran buenas razones para hacer lo que hicieron? Eso pareció pensar, por ejemplo, Bernabé, quien también se puso del lado de Pedro en esta discusión.

Por supuesto, el problema no era sencillo: aquí no hay malos y buenos, no hay superhéroes y supervillanos. La situación era compleja y había muchos factores a considerar y tener en cuenta. Había problemas culturales, dos misiones distintas con mensajes distintos (aunque con un mismo Jesucristo), con prácticas diferentes y con hábitos a veces enfrentados. No podía ser sencillo evitar choques como estos. Pero de ahí a decidir que Pedro fue el villano hipócrita y Pablo el héroe de la fe va un mundo. Comprendo las dificultades que el lector puede tener a la hora de leer este texto y decidir dudar de la opinión del escritor. Después de todo hemos sido entrenados en el arte de la defensa bíblica, de la defensa del texto tal y como está, y nos falta una amplia capacidad de análisis crítico cuando se trata de leer la Biblia. Pero hagamos un esfuerzo: hagamos el esfuerzo de escuchar la voz de aquellos que no tuvieron la posibilidad de darnos su versión de los hechos. No vayamos con la voz que grita más fuerte y aprendamos a escuchar las voces implícitas que nuestras biblias nos dejan entrever. Quizá aprendamos a encontrar entre todas estas voces gritonas el susurro del Espíritu de Dios que nos muestra un nuevo camino, de silbos apacibles y no de terremotos de fuegos eternos.

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