En Cristo
Septiembre 18, 2007
Desde que el Cristianismo lleva con nosotros, siempre ha habido personas que han creído dar con la clave principal, el centro hermenéutico, que ayuda a interpretar el mensaje fundamental que se encuentra codificado en nuestras Escrituras. Se supone que ese centro hermenéutico permite a aquellos que lo poseen tomar todos los textos uno por uno e interpretarlos de forma lógica y coherente creando así todo un sistema teológico y sistemático capaz de dar sentido a toda esta mezcla textual que ha llegado hasta nosotros. En esta línea de pensadores encontramos a estudiosos tan renombrados como Schleiermacher, Schweitzer, Moule, Ogden, Sanders y muchos otros.
Entre ellos encontramos también a Adolf Deissmann, quien publicó su disertación para la Universidad de Marburg en 1892 bajo el título, Die neutestamentliche Formel ‘in Christo Jesu’. Como todos los autores mencionados más arriba, Deissmann creía haber encontrado la fórmula mágica que ayudaba a interpretar todos los demás textos de la Biblia, creía haber encontrado el centro de gravedad bíblico desde el cual todo podía ser entendido de forma adecuada, y todo ello parecía orbitar alrededor de la (muy repetida hoy) fórmula bíblica: en Cristo. Esto es lo que dice Deissmann:
“Tenemos aquí una de las ideas favoritas – o mejor aún la idea favorita en el lenguaje religioso del apóstol. Pablo formó este término con la intención de expresar algo que consideraba importante, que solo le interesaba a él; […] por medio del uso de una construcción gramatical que estaba ya en uso, creó enteramente un nuevo terminus technicus”
A través de este término, Deissmann argumentó que para el apóstol Pablo la naturaleza del Cristo exaltado era espiritual, y que cuando el apóstol decía que los cristianos estaban en Cristo lo que quería decir es que vivían en Cristo como un ‘elemento’, como un animal vive en el aire, un pez en el agua o una planta en la tierra. Y esta misma forma de pensar se extiende incluso hoy a muchas de nuestras iglesias.
Sin embargo, leyendo los textos bíblicos de manera rigurosa, no creo que esta fórmula se mantenga con ninguna fuerza en absoluto. De hecho, existen textos en los que Pablo utiliza la misma construcción gramatical (mágica) griega, por ejemplo en emoi, con significados muy distintos: ‘para mí’ en una ocasión (Gálatas 1:16) y con el significado ‘por mi causa’ en otra (Gálatas 1:24). ¿Por qué no hemos de suponer el mismo significado espacial-espiritual que habíamos de suponer antes para Jesús en esta ocasión en que nos referimos al propio Pablo? Lo cierto es que el texto no hace ninguna diferencia y no nos guía en la dirección que Deissmann pretende.
Podemos ir aún más lejos. En total en el Nuevo Testamento existen unos diez pasajes principales acerca de los cuales muchos autores coinciden en la afirmación de que dichos textos contienen una fórmula paulina que se refiere a Cristo como el ‘espacio espiritual’ en el que los creyentes viven. Los pasajes son: Romanos 8:1; 16:7; 1 Corintios 15:22; 2 Corintios 5:17; Gálatas 1:22; Filipenses 1:1; 3:8-9; 1 Tesalonicenses 1:1; 2:14; 2 Tesalonicenses 1:1. Tomemos por un momento dos de los versículos más citados en aquellos libros que se refieren a esta fórmula paulina: 1 Corintios 15:21-22 y 2 Corintios 5:17 (respectivamente). El primero de ellos dice así (RV60):
“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”
Hay tres indicios que apuntan en una dirección distinta a tomar este ‘en Cristo’ como una fórmula que se refiere al Jesús espiritual en el que todos vivimos. Primero, podemos darnos cuenta de que en el versículo 22 no tenemos otra cosa que la repetición del versículo 21 (al estilo judío que encontramos, por ejemplo, en el libro de Proverbios). En este caso parece que la preposición ‘en’ en el segundo versículo intenta simplemente repetir la preposición ‘a través’ que se repite en el primer versículo, y por tanto al decir ‘en’ no se está diciendo otra cosa que ‘a través’. Segundo, si tomamos la preposición ‘en’ como una mera repetición con el sentido ‘a través’, el segundo versículo cobra sentido ya que ahora cuando se habla de que ‘todos mueren’ en Adán (refiriéndose a todo ser humano), igualmente hemos de tomar el segundo ‘todos’ como refiriéndose a todo ser humano. Si ‘en Cristo’ fuese una fórmula que indicara el lugar en que habitan solamente los cristianos, este paralelismo perdería su sentido. Por último, la idea (que por implicación deberíamos aceptar) de que todos los seres humanos hemos sido incorporados ‘en el espacio inclusivo de Adán’ aún no ha sido encontrada en la literatura judía.
El segundo de estos versículos dice lo siguiente:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”
Estamos tan acostumbrados a escuchar este versículo con esta puntuación que no somos ya capaces de leerlo de otra manera. Sin embargo, esta puntuación no proviene de ningún otro sitio que de nuestro muy amado dogmatismo que pretende encontrar en la traducción de este texto el muy aclamado ‘en Cristo’. Pero igualmente podríamos leer este texto griego así:
“De modo que si alguno es una nueva creación a través de Cristo, entonces todas las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”
De hecho, para sorpresa de muchos dogmáticos amantes de esta fórmula paulina, resulta que esta última traducción es la preferida por Marcion, Tertuliano, la Vulgata, y esta es la traducción que defienden estudiosos como Bachmann y Héring.
Ejercicios similares podrían hacerse con los demás versículos. Pero para que eso sea posible hace falta que nos quitemos nuestras gafas dogmáticas que solo saben buscar fórmulas y más fórmulas mágicas en nuestros textos bíblicos, y comencemos a leerlos como lo que son: textos que apuntan a Dios, nada más y nada menos. Es probable que no exista ningún centro hermenéutico… ¿y por qué habría de haberlo? El Cristianismo ya tiene su centro, y este no consiste en letra.