Norma de práctica (I)
Septiembre 13, 2007
Leo a menudo en los estatutos de fe de muchas congregaciones y denominaciones esa frase tan repetida: ‘La Biblia es nuestra norma de… práctica’, y me gustaría saber qué es exactamente lo que quiere decir esto ya que considero que el significado de esta frase tiene una relación estrecha con lo que muchos entienden por la ‘inspiración’ de las Escrituras. Y me interesa entrar en este tema, sobre todo, porque considero que al utilizar el término ‘norma’ parecería que lo que queremos decir es mucho más de lo que decimos.
Algunas de las acepciones que nos da el Diccionario de la Real Academia Española para la palabra ‘norma’ son:
- Regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc.
- Escuadra que usan los artífices para arreglar y ajustar los maderos, piedras, etc.
- Precepto jurídico.
- Conjunto de criterios lingüísticos que regulan el uso considerado correcto.
Y así es precisamente como muchos se enfrentan al dilema diario de qué debemos hacer ante este o aquel caso de (lo que creemos que es) inmoralidad, o ante este problema que tiene mi vecino con su vecino: toman la Biblia intentando buscar listas de reglas que contengan el asunto en cuestión, o uno similar, para aplicar dichas reglas a la situación que tenemos delante. Y listas, la verdad, no faltan en la Biblia. Casi podemos justificar cualquier cosa si aprendemos a buscar bien. Ya se sabe: ‘el que hizo la ley, hizo la trampa’. Y yo diría que en estos siglos hemos aprendido a ser expertos en el arte de trampear para justificar nuestras acciones.
Me da la impresión de que esta capacidad que tenemos (y hemos tenido por siglos) de trampear apunta a una realidad distinta acerca de la naturaleza de nuestros textos bíblicos, una naturaleza que, yo diría, no tiene nada que ver con el término ‘regla’ o con el otro tan usado ‘norma’. Me da la impresión que al decir que nuestra Biblia establece nuestra ‘norma de práctica’, o la ‘norma que rige nuestra ética hacia el mundo’, a veces creemos que estamos diciendo mucho, cuando en realidad al llevar dicha afirmación a la ‘práctica’ real y cotidiana del día a día podemos ver claramente que esa frase no resuelve nada. Y si no resuelve nada: ¿no deberíamos quizá cambiarla?