Norma de práctica (II)

Septiembre 13, 2007

Si se trata de encontrar listas de reglas a seguir, nuestra Biblia está bien dotada de ellas:

Apocalipsis 21:8 Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

1 Corintios 6:9-10 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Santiago 5:12 Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.

Gálatas 5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Romanos 1:28-31 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.

Ay, listas y más listas… Y en ellas encontramos palabras que encajan con muchos (¿todos?) de nosotros. Se podría intentar justificar: “Pero la Biblia no habla del que cometa estos pecados una vez, sino del que los practique de manera continuada en su vida”. Ni aún así nos libramos. ¿Envidiosos? ¿Murmuradores? ¿Cobardes? ¿Mentirosos? ¡Vamos! Ni uno. Y no hablemos ya si en lugar de tomar los pecados tomamos las virtudes que deben caracterizar a aquellos que van a entrar en el Reino de Dios. Según el apóstol Pablo, por ejemplo, las cualidades que han de tener aquellos que tienen el Espíritu de Cristo dentro, es decir, los que van a ser salvos son:

Gálatas 5:22-24 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

‘No hay Ley’. Si supiera Pablo… No nos engañemos, hermanos… Si lo que leemos en estas listas se supone que constituye nuestra ‘norma de práctica’, en términos estrictos y literales, entonces bien andamos (hablo también de literales porque me consta que hoy día en nuestras iglesias se siguen tomando algunas palabras de estas listas como ordenanzas que determinan literalmente quién va a entrar en el Reino de Dios y quién no). Y el asunto, tengo que decir, no mejora mucho cuando esta definición de ‘norma de práctica’ ha de ser aplicada también a la manera en la que hemos de organizar nuestros hogares o nuestra sociedad. No conozco a muchos cristianos (aunque sí a algunos) que, en intención honesta y sincera de aplicar esta ‘norma de práctica’ a sus vidas en el hogar tomen, por ejemplo, la primera carta a Timoteo, capítulo 2 y sigan las reglas explícitas que ahí se indican:

1 Timoteo 2:8-15 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad. La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.

Desde luego no se trata de que no esté claro lo que el autor está diciendo. Claro está. ¡Incluso se utiliza un argumento que apela a la creación! Vamos que se utiliza un argumento cuya validez pretende llegar a todo ser humano en toda situación. Si en verdad la Biblia fuera una ‘norma de práctica’ en sentido estricto y literal, ¿por qué no se siguen estas reglas tan claras? Pero no es así, y muchos cristianos se han dado cuenta de esto. Así, durante siglos se han desarrollado estructuras y sistemas de pensamiento sistemático que intentan salvarnos de cometer el error de aplicar reglas como estas al pie de la letra a nuestro contexto cotidiano (aunque aún así muchos siguen aplicándolas, como si nada, de manera literal).

Lo que me lleva al punto central de la cuestión: ¿Por qué hemos de desarrollar estos sistemas de salvaguarda y protección tan complejos y enmarañados? ¿No ganaríamos mucho diciendo lo que la Biblia realmente es y la función que ocupa en nuestras vidas sin usar palabras tan concluyentes y comprometedoras como ‘norma’ sin saber muy bien lo que queremos decir? Quizá sería más honesto decir que la Biblia es un libro de consulta muy útil que a veces nos ayuda a entender la postura ética de muchos seres humanos que tenían dilemas parecidos a los nuestros y, al leer acerca de sus soluciones particulares, nosotros aprendemos de sus aciertos (siguiendo su consejo) y de sus errores (intentando evitarlos).

No creo que esta forma de referirnos a la Biblia esté haciéndole daño en absoluto. Es más: ni siquiera creo que nuestras biblias intenten conseguir un estatus mayor que éste en nuestras vidas. De hecho, el texto más usado para defender la posición de las Escrituras (y recordemos que en este texto cuando se dice Escrituras se está incluyendo en ese grupo todo tipo de textos extra-canónicos), 2 Timoteo 3:16-17, no dice mucho más que esto:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

‘Inspirada’, o literalmente, ‘respirada por Dios’, y es verdad que al leer la Biblia se puede respirar a Dios de distintas maneras. Pero lo que se dice aquí es que esta naturaleza ‘inspirada’ convierte a la Biblia en útil, ni más ni menos. No se especifica de qué manera es útil, ni como hemos de interpretar esta utilidad. De hecho la propia Biblia muestra personas que utilizan las Escrituras de muchas formas distintas, como textos útiles, pero que no se limitan a aplicar esos textos a sus vidas de manera literal como si fueran ‘normas’ de práctica irrefutables y aplicables a todo momento en toda circunstancia. Juegan con ella, la interpretan de distintas formas, la intentan aplicar a sus contextos y, cuando eso no es posible, dejan de intentarlo y buscan otra forma de argumentar. Quizá debiéramos aprender a relajar nuestras definiciones bíblicas y poner a la Biblia en el lugar que le corresponde realmente. Quizá debiéramos dejar de buscar palabras específicas en nuestros textos bíblicos que nos ayuden a justificar nuestras opiniones acerca de aquello que creemos que está bien o que está mal. No se trata de encontrar la lista adecuada, así que dejemos de buscarla.

Nuestras biblias no son ‘listas de reglas’ a seguir, y nuestra lectura y aplicación cotidiana de esos textos nunca es inocente o falta de intereses. Por tanto, es posible que cambiar la definición ‘norma de práctica’ por otra con los pies más en el suelo como, ‘textos útiles’ sea más adecuado. Me encantaría encontrar una lista de estatutos de fe que hagan precisamente ese cambio: en lugar de ‘la Biblia es nuestra norma de práctica’, que diga: ‘la Biblia es un texto útil que leemos y del cual aprendemos en todos los sentidos’. Dejemos de intentar una y otra vez utilizar definiciones acerca de la Biblia que aporten una autoridad especial a nuestras lecturas particulares, en lugar de reconocer que todos estamos al mismo nivel. Al fin y al cabo ese fue uno de los mensajes principales de la Reforma, un mensaje que no debemos olvidar.

2 comentarios para “Norma de práctica (II)”

  1. brunoluis minutello escribió

    Estimado amigo, no he leído completo tu artículo, pero el mismo me a sonado tan próximo
    a mis propias reflexiones que em he visto llamado a responderte en caliente.

    Estimo que muchos pentecostales, dogmatizados por una doctrina que hace de ‘las obras de la fe’ un artículo de fe, valga la redundancia, han optado por asumir como necesarias estas ‘normas’ y ‘estatutos’, tan caros a su ideología y fundamentalismo doctrinario.

    La gracia, para estos hermanos nuestros, finaliza con la salvación, luego de que, el hacer
    propio de los hombres y el quehacer propio de los que se sostienen a sí mismos con las
    obras de su manos son el paradigma de su vida cristiana y de su autojustificaciòn velada
    y concomitante.

    NO tengo ningún deseo de agredir o de molestar a mis hermanos en Cristo, provengo de
    una iglesia de tales características y en ella he hallado la madurez de mi vida en Cristo y
    la amplitud teológica de mis opiniones.

    Para ellos y para quienes aún no han llegado a la madurez de sus vidas, mis oraciones al Dios nuestro Padre. brunoluis.

  2. Jose escribió

    Brunoluis,

    Muchas gracias por tu comentario.

    Lo cierto es que tienes razon en mucho de lo que dices, aunque no estoy de acuerdo en aplicar este problema (de la identificacion de la Biblia con nuestra norma de practica) unicamente a los pentecostales. Creo que hay de todo en todos lados, y que nadie se libra de este problema. De hecho, me atreveria a decir que todos (y me incluyo) estamos en el proceso de desintoxicacion de tales alegaciones, aunque los efectos secundarios varian de una persona (o grupo) a otra. Incluso el apostol Pablo se encontro en la encrucijada de decidir que hacer con aquellos que estaban haciendo cosas que el creia equivocadas. Al final lo que encontramos son argumentos mas bien rebuscados para llevarnos de nuevo a lo mismo: listas y mas listas.

    Un saludo.

    Jose

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