El camino (III)
Julio 26, 2007
En Juan 3 se nos relata la historia de una conversación en la noche, en secreto, entre dos personas, una del Espíritu y otra de la ley, una del viento y otra de las fórmulas, una de los cielos y la otra de la tierra. El autor/autora de esta historia nos permite adentrarnos en esta conversación secreta y escuchar cómo hablan los cielos con la tierra y de qué manera la poesía actúa para deconstruir la ley. ‘El viento viene y va, y escuchas su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va’. Quizá debería haberlo sabido un maestro de la ley, pero no lo sabe. La ley le ha solidificado, le ha convertido en piedra inmóvil, incapaz de ver más allá de lo que tiene delante de la narices, y a veces ni siquiera eso. Esta conversación ofrece a Nicodemo la posibilidad del cambio radical, de nacer de nuevo, de romper la piedra, de saltar la ley, de superar los patrones dictados por el mundo religioso que le rodea, de imaginar un nuevo mundo donde incluso es posible nacer de nuevo.
No es poco irónico que este sea el capítulo que contenga uno de los versículos más utilizados en los tratados evangélicos de fórmulas que permiten la entrada en el camino del Reino de Dios – hablo de Juan 3:16, por supuesto, versículo que ha sido pervertido al ser separado de su igual, el 3:17, el cual declara la intención original de la venida de Jesús al mundo: no para juzgarlo. Jesús no habla aquí de fórmulas sino de imágenes poéticas que llaman a nuestra imaginación y nos invitan a imaginar una nueva realidad en la que es posible dejarse llevar por el viento del Espíritu, en la que uno puede nacer de nuevo, reinventar el mundo que le rodea, el orden que le ha instalado en una posición con unas expectaciones definidas, y crear un nuevo orden donde haya nuevas esperanzas.
‘Nacer de nuevo’, esta sí que es una imagen de libertad. Pero en labios de muchos cristianos modernos se ha convertido en todo lo contrario, se ha convertido en una nueva fórmula, un slogan, una contraseña secreta que indica quién tiene permiso de entrar al camino del Reino y quién no. ¿Has nacido de nuevo? ¿Has aceptado a Jesús como tu Señor y Salvador personal? ¿Has hecho la oración que había al final de tu tratado? ¿Pero de corazón? ¿Vas a la iglesia siempre? ¿Oras y lees la Biblia a menudo? ¿Cantas y lees el tipo de canciones y libros que pertenecen a personas ‘nacidas de nuevo’? ¿Llevas el anillo de la castidad que llevan los ‘nacidos de nuevo’? ¿Tienes el tipo de creencias acerca de la Biblia, Dios, Jesús, que tienen los ‘nacidos de nuevo’? Si tu respuesta a estas preguntas es sí, entonces de verdad has nacido de nuevo, eres un ‘born-again’, eres uno de los nuestros , de los que se van a salvar, del pequeño remanente que queda para ir al cielo. Un significado muy distinto al que tenía en labios de Jesús, en su conversación secreta con Nicodemo.
Estamos tan sumergidos en nuestra forma moderna de pensar que ni siquiera nos molesta el hecho de que Jesús nunca definiera el evangelio en términos de ‘aceptar a Jesús como nuestro salvador personal’, o que nunca presentara la idea del Reino de Dios como un gran espectáculo moderno de leyes, pasos a seguir, pequeños diagramas que tenemos que aceptar al estilo de una reunión de negocios enfocado en el crecimiento de las ventas. La poesía de Jesús es muy distinta a las fórmulas del Cristianismo actual. En tiempos en los que el Imperio Romano ejercía un control absoluto del pueblo de Dios, lo que Jesús propone no son un conjunto de fórmulas que debemos cumplir para entrar en el cielo algún día, sino que propone un conjunto de imágenes alternativas que invitan a imaginar un mundo muy distinto en el que los que escuchan pueden participar como personajes principales, un nuevo mundo que está empezando aquí y ahora, en el que muchos de los valores cotidianos, aceptados e impuestos por el régimen romano (o por los líderes políticos y religiosos de turno) han sido invertidos, convirtiendo a aquellos que estaban marginados fuera del camino del Reino en sus principales invitados. La poesía de Jesús invita a la creación de una nueva comunidad en la que cada persona pueda encontrar una nueva posición social, un nuevo lugar de actuación, un nuevo propósito por medio del cual entender su futuro. La poesía de Jesús no está caracterizada por un conjunto de definiciones abstractas acerca de Dios, de su omnipotencia eterna y universal, como tampoco abunda en fórmulas ni leyes que todos deben cumplir.
Por supuesto, al utilizar la imagen del Reino de Dios (en contraposición con el Imperio actual, tanto político como religioso, que gobernaba las vidas de aquellas personas), Jesús estaba tomando un camino muy arriesgado, estaba ‘jugando’ con las esperanzas y las expectaciones de las personas que le rodeaban, estaba aludiendo a los sueños de todos aquellos que le seguían (en alguna ocasión hasta intentaron coronarle rey), estaba entrando directamente en el mundo que les rodeaba y presentando un mundo alternativo que dinamitaba las esperanzas de algunos y creaba nuevas esperanzas para otros. Esto es arriesgado por todo el conjunto de enemigos que te puedes formar por medio de este tipo de poesía; incluso Pedro protestó cuando Jesús se arrodilló a lavarle los pies: ‘Esa no es forma de actuar para un gran rey’.
Va siendo hora de que los cristianos aprendamos lo que significa seguir a Cristo. Va siendo hora de que dejemos de contar conversiones y comencemos a contar conversaciones. Pero de las de verdad, con cambios reales por ambas partes. Eso es lo que hace el evangelio de Juan, interesante; en lugar de contar conversiones cuenta conversaciones reales y profundas, de las que producen cambios verdaderos en los que participan en ellas. Al final va a resultar que es más bíblico conversar que convertir.
Es mas biblico con-versar que con-vertir.!!
Pero, aunque “sea hora” de conversar, me temo que vamos a seguir un largo tiempo todavia en que nos acusen la con-versación de sub-versación.
Sinceramente, si te digo que son 30 las personas con las cuales se pueda conversar de forma fluida -incluso manteniendo una frecuencia- son muchas, y me parece que exagero en el numero. Tendria que contarlas de nuevo, y achicar un poco la expectativa.
Quizá haya muchos más que aún no se atrevan a ‘salir del armario’ pero que estén cerca de ello. Creo que dentro del Cristianismo existen muchas personas hoy que se sienten un poco frustradas con la forma en la que todo está ocurriendo, que no encuentran significado en la forma tradicional de predicación, evangelización o estudio de la Biblia, pero que lo interpretan como que se están separando de Dios o del Cristianismo y se asustan y se callan, o se alejan en silencio (de hecho, sus propios pastores les hacen creer que están alejándose de Dios y que deben arrepentirse). Creo que existen muchas personas que no saben qué está pasando con su vida, por qué esta forma de predicar las buenas nuevas ha perdido todo el sentido que parecía tener hace años en sus vidas, pero que no saben interpretarlo bien y eso les confunde.
Pero también creo que poco a poco eso irá cambiando. Vivimos en tiempos muy emocionantes de cambio radical, de una forma de entender la vida y de leer nuestro entorno (incluso nuestro Cristianismo) a otra muy distinta. Y es difícil interpretar todas nuestras sensaciones en medio de estos cambios. Por eso son necesarios entornos donde sea posible conversar abiertamente y expresar nuestros miedos sin miedo a que Dios nos vaya a destruir con un rayo. Son necesarios más centros de enseñanza serios que sepan mirar a su alrededor e interpretar los tiempos de forma adecuada, y sepan discernir entre los bueno y lo malo, y escudriñar los textos bíblicos y sacar aquello que debe permanecer a través de los tiempos y dejar atrás aquello que solo depende de nuestro entorno.
Confío en que aprendamos a encontrar el camino…