Caídas
Mayo 27, 2007
No pretendo jugar a abogado del diablo aquí, pero después de haber leído un par de artículos sobre el fenómeno de las caídas en dos revistas teológicas digitales (Protestante Digital y Lupa Protestante) y de haber percibido una recepción negativa por parte de ambos artículos ante la ocurrencia de dichos eventos en algunas iglesias del mundo, me gustaría que nos preguntásemos por un instante, aunque solo sea por amor al debate cristiano, si no es posible que en todo esto de las caídas haya mucho de verdad. La cuestión también me viene a mí de lejos. Yo también he sido empujado en una iglesia para ver si me caía y nada. En esa ocasión no me dejé tirar y salí de la iglesia ese día tan enfurecido como muchos otros que han escrito acerca de ello. No me gustan en absoluto los reportajes que sacan a algunos pastores famosos, como el bueno de Benny Hinn, diciendo que necesitan un avión privado para sus muchos viajes alrededor del mundo ministrando (y cogiendo pasta) a las gentes necesitadas del amor de Dios. Ni tampoco me gustan todos aquellos que se autoconvencen de que el evangelio es solo eso y siempre eso, caídas y manifestaciones extrañas, y se olvidan de que los apóstoles no solo fueron a compartir las buenas nuevas con manifestación del Espíritu (aunque por supuesto sí que había manifestaciones visibles del poder de Dios) sino que permanecían muchos meses enseñando y escudriñando las Escrituras con ellos. Todo eso no me gusta porque implica un desequilibrio del mensaje del evangelio de Cristo convirtiéndolo en un mensaje que tiene que elegir entre apelar a la mente o a las emociones del que escucha, pero nunca a ambos.
Pero no creo que todos esos malos testimonios de gente que se aprovecha de ciertas experiencias cristianas desestimen la posible veracidad de dichas experiencias (o la posibilidad de que puedan ocurrir y ser usadas por Dios). Por un lado, no creo que tengamos que estar buscando constantemente versículos bíblicos (como algunos han afirmado) para justificar cada cosa que el Espíritu desea hacer en las vidas de las personas (como espero que haya quedado claro en mi anterior mensaje sobre los asnos). De hecho el Cristianismo surgió precisamente gracias a que los judíos que creían en Jesús permitieron la posibilidad de que el Espíritu estuviera haciendo cosas inesperadas y nuevas entre los gentiles – como provocar diversas manifestaciones espirituales entre ellos. A veces nos olvidamos de eso y tomamos nuestros libros bíblicos como una espada con la que podemos atizar a los demás cuando estos comparten que el Espíritu ha hecho algo nuevo en sus vidas: “Hermano, eso no es posible, yo no veo eso en mi Biblia así que quizá estés loco porque mi Dios no habría hecho eso; tu experiencia debe de estar mal porque se sale de mi caja bíblica”. Encuentro especialmente irónico que muchos de estos cristianos que alegan no haber encontrado ningún versículo en la Biblia que justifique dichas experiencias reaccionen exactamente igual cuando se les pregunta acerca del resto de los dones y manifestaciones espirituales que sí aparecen en los textos que se refieren a las iglesias paulinas. Parece que en sus biblias la única iglesia aceptable es aquella en la que los únicos dones presentes y necesarios sean los de la enseñanza y la predicación (a ser posible de un sermón de 30 o 40 minutos largos).
Por otro lado, me cuesta creer que estos pastores famosos, por muy farsantes que sean, tengan la capacidad de engañar de tal forma a tantos miles de personas que les hagan creer que Dios está haciendo algo en sus vidas cuando Dios no está haciendo nada de nada (y sobre todo les hayan convencido de que la forma que Dios ha elegido es la de tirarles al suelo, ¡con lo que eso duele!). Me cuesta creer que el pueblo cristiano sea tan tremendamente manipulable (por supuesto, puedo estar equivocado). ¿Hemos de creer que todos los casos que hemos oído, visto o presenciado de personas que se han caído y han testificado acerca de experiencias en las que Dios les ha restaurado, sanado o yo qué sé, que todos esos casos son mentiras en las que esas personas se han dejado manipular y que Dios no ha hecho nada en sus vidas realmente? Me parece que asumir esto de entrada sin permitir ni siquiera el beneficio de la duda es un tanto paternalista e injusto. Igualmente podríamos asumir que las experiencias de las que testifican nuestras amadas biblias (lenguas de fuego, sanamientos, visiones, etc…) son igualmente ficciones inventadas por los escritores bíblicos para dar cierta emoción a sus escritos. Muchos cristianos no tienen ningún miedo en asumir lo primero pero se rasgan sus vestiduras al pensar en lo segundo.
No creo que estemos cometiendo un pecado imperdonable si dedicamos unos minutos a estudiar el fenómeno de las caídas con una mente abierta: su historia, su utilidad e incluso su posible necesidad en las vidas de algunos creyentes. Quizá encontremos que dicho fenómeno no sea tan satánico como muchos creen, e incluso nos sorprendamos ante la posibilidad de que las caídas sean algo que el Espíritu de Dios hace de vez en cuando, quizá incluso a menudo (aunque no siempre). Quizá tengamos que repasar nuestro conocimiento acerca de las religiones de ciertas gentes de las montañas Apalaches, sus conexiones con la iglesia metodista en los siglos XVIII y XIX (donde las caídas eran tremendamente populares), las experiencias y rituales que aquellas gentes tenían y la influencia que dichos rituales tuvieron en los grandes avivamientos de esos siglos en aquellas zonas. Quizá encontremos que ese fenómeno no es simplemente una desviación satánica reciente, sino más bien un fenómeno con una historia específica e interesante. Es posible que el estudio abierto de fenómenos espirituales como estos nos ayude a equilibrar nuestro mensaje del evangelio y a transformarlo en un mensaje que consiga apelar no solo a nuestra parte racional sino también a la emocional. Cualquier desviación de dicho equilibrio tiene malas consecuencias.
Permitamos la posibilidad de que todo eso de las caídas no sea algo que debamos rechazar de entrada inventado por ciertas personas malas y manipuladoras, sino que Dios mismo esté detrás de ello. Permitamos la posibilidad de que las caídas sean utilizadas de vez en cuando por Dios para cumplir algún propósito en las vidas de ciertas personas pero, como muchas otras cosas dentro del Cristianismo, sean susceptibles de ser manipuladas por los seres humanos para llevar a cabo ciertos fines que no concuerden con los fines de Dios. ¿Es posible que esto sea así? En este caso quizá deberíamos criticar más bien a aquellos que se encargan de mentir, manipular, fingir y utilizar estos hechos para sacar provecho de ellos, mientras que al mismo tiempo quizá podríamos intentar aprender un poco más acerca de aquellas cosas que el Espíritu de Dios ha decidido hacer entre su pueblo, por muy extraño y fuera de lugar que nos pueda parecer.
Esimado José Angel,
Te comparto mi experiencia y mis preocupaciones. Creo que es muy genuina tu inquietud.
Mi niñez, mi adolescencia, y parte de mi juventud la viví dentro del ámbito pentecostal. Se, por propia experiencia, de las cosas que te voy a hablar.
Mis abuelos fueron los pioneros del pentecostalismo en mi ciudad de origen. Mi abuela, que hoy tiene 90 años, puede darte testimonio de las muchas cosas maravillosas de las que ha sido testigo.
Al igual que le pasó a Ignacio, debo de confesarte que yo también me he sentido bastante incómodo en iglesias donde fui invitado a predicar y luego, al momento de orar, la gente caía al piso como moscas. Créeme, no hay público más indefenso y vulnerable que el auditorio de una iglesia pentecostal.
Dentro del ámbito del pentecostalismo hay un personaje innombrable, yo te recomiendo que veas su video autobiográfico; parte de él está en YouTube, su nombre es Marjoe Gortner. Le reconozco el mérito de la honestidad, la misma que muchos de estos los actuales “famosos” pastores posmodernos no tienen (ni la tendrán jamás).
Yo creo en la vigencia de los dones espirituales en la iglesia, cualquiera sea su denominación y tradición litúrgica. En lo que no creo es en la manipulación que se ejerce sobre el creyente, allí donde se confina el obrar del Espíritu Santo a ciertos momentos de efectivismo cúltico.
Fíjate que uno de los inconvenientes que le veo al “necesitar” caerse (o cualquiera de las muchas experiencias sensoriales que la gente tiene) es que para muchos creyentes -recuerda que tengo muchos años en la iglesia y he visto de todo- el día que eso no sucede el Señor ya no está con ellos. Y ese es un problema grave, pues se sustituye el “Yo estaré con ustedes todos los días…” por “para creer en eso, yo necesito sentir algo hoy”. Así ponemos la Reforma y hasta el cristianismo mismo patas para arriba. Si consentimos en eso, en vez de ayudar en la formación de personas con una espiritualidad responsable, lo que hacemos es formar ñoños y fomentar esa ñoñez.
Creo, sin temor a equivocarme, que dentro del pentecostalismo hay un problema, cada vez mayor, para determinar que cosas son prescindibles y cuales imprescindibles para la experiencia cristiana.
Hablemos, discutamos y compartamos distintas experiencias: caídas, lenguas, etc, etc, etc. pero convengamos desde un inicio que TODO eso es prescindible, y no tienen nada que ver con el grado de intimidad que lleguemos a tener con el Padre, su amor superlativo para con nosotros y esta experiencia maravillosa de ser llamados “sus hijos”.
Un abrazo,
Gabriel,
Antes de nada quiero darte las sinceras gracias por tu mensaje, que me ayuda a comprender tus inquietudes.
Como tú, yo tampoco creo en la manipulación, y de hecho me suele provocar mucho enfado el presenciar (e incluso experimentar) intentos de manipulación clara delante de mis propias narices. Tengo que reconocer que no tengo toda la experiencia pentecostal que tú tienes – yo solo pasé cinco años en una iglesia pentecostal, aunque suficientemente introducido en todo ello como para presenciar de todo un poco. Yo también he sido testigo de intentos de manipulación y también podría contar experiencias casi increíbles de cómo dicha manipulación ocurre en ciertos entornos.
Comparto contigo tu preocupación acerca de aquellas personas que se limitan a encerrar al Espíritu en una caja de experiencias extrañas, como si eso fuera lo único que Dios pudiera hacer para mostrar su amor por sus hijos. Esta actitud olvida un grandísimo conjunto de tradición cristiana en la que Dios decide, por ejemplo, no mostrar su cara en absoluto en algunos momentos de dificultad, sin que eso implique que Dios nos haya abandonado. Estas personas olvidan a Juan de la Cruz y su ‘Dios de la noche’. Olvidan también a aquellos otros místicos cuya experiencia de Dios es un reto para todos nosotros (Meister Eckhart, Julian of Norwich). Todo esto es también parte del misticismo cristiano, con la diferencia de que estas experiencias históricas no limitan a Dios a pequeñas cajitas de experiencias, sino que permiten la posibilidad de que la grandeza de Dios pueda afectar, no solo a nuestra mente, sino también a todo nuestro ser más allá de nuestra propia comprensión.
Creo que el problema, como tú has mencionado, se encuentra en la palabra ‘necesitar’. Dios no necesita de las caídas, ni de las lenguas, para mostrar su amor hacia nosotros. No necesita de la Biblia tampoco para ello. Ni necesita de las doctrinas humanas, ni de nuestros dogmas, ni de nuestras reglas, ni de nuestras políticas eclesiales, ni de muchas otras cosas. A veces nosotros sí necesitamos todo eso, por distintas razones (unas mejores que otras). Es por eso que (como tú también dices) el día en que no nos caemos no debe hacernos pensar que Dios ya no nos ama, como tampoco el día que nos enteramos de que la Biblia no es realmente infalible nos hemos separado de Dios para siempre.
Comprendo que en el contexto que has mencionado el problema más importante es el del tremendo número de personas que creen eso, que si Dios no te tira al suelo ya no te ama (al igual que con las lenguas). Hay otros contextos, sin embargo, en los que el problema es más bien el opuesto, en el que cualquier sentimentalismo visible o manifestación sensorial se considera como un elemento inadecuado que sobra, donde los dones espirituales se consideran una extravagancia innecesaria, donde si una persona comparte que una vez se cayó y Dios hizo maravillas en su vida es ridiculizada, donde las lenguas son consideradas como algo satánico. En este otro contexto la caja que encierra a Dios es muy distinta a la del que tú mencionas: aquí es una caja racionalizada, y todo lo que se salga de ella no es de Dios.
Me gustaría creer que es posible encontrar un equilibrio donde ambas, razón y emociones, fluyan para la gloria de Dios, donde sea posible estudiar los textos bíblicos utilizando todas las herramientas interdisciplinarias que tenemos hoy día a mano mientras que al mismo tiempo podamos sentir la presencia de Dios muy cerca de todo nuestro ser. Pero ya se sabe que lo seres humanos somos animales de extremos.
Un abrazo
Coincido contigo, José. Yo también estoy en la búsqueda de ese equilibrio tan necesario.
Como bien mencionas, nos vamos rápido a los extremos. O vivimos en un mundo casi “mágico” (he escuchado lo de la ‘lluvia de oro’ y el ‘aceite que brota de las paredes’, entre un montón de cosas más); o vivimos en el otro mundo, el que niega hasta el mínimo susurro del Espíritu (con apego al Dios del Credo, pero no al Dios de la experiencia).
¿Cómo conservar la pentecostalidad de la fe? ¿Cómo leer la Biblia sin todos los prejuicios fundamentalistas? ¿Cómo experimentar el culto como una fiesta, sin que medie la coacción? ¿Cómo dar testimonio, simplemente y sin recurrir a testimonios rimbombantes?
En fin, ahí estamos. En la lucha!
Un abrazo,
Pues si, esas son muy buenas preguntas. Y para responderlas supongo que todos tendremos que aprender a salir de nuestro lugar de comodidad (ya sea el mundo magico o el fundamentalista, aunque a veces ambos coinciden) y atrevernos a buscar mas alla de nuestros prejuicios. Creo que juntos lo conseguiremos…
Un abrazo.