Un solo barco
Mayo 17, 2007
Algunos miembros del profesorado de uno de los seminarios teológicos más respetados de Inglaterra afirman que se sienten intimidados y menospreciados por una institución que se está volviendo cada vez más conservadora. Incluso uno de sus miembros más prominentes, Elaine Storkey, quien contribuye habitualmente en la columna Thought for the Day, fue amenazada con acción disciplinaria. El descontento que ha surgido en Wycliffe Hall, un seminario evangélico anglicano que es parte de la Universidad de Oxford, se ha materializado por medio de varias dimisiones por parte de algunos profesores, entre ellos el director de estudios pastorales, los tutores de liturgia y evangelismo, y el vicerector del seminario y tutor de Nuevo Testamento. El seminario ha sido acusado de haberse vuelto más conservador teologicamente, más hostil a la ordenación de mujeres y más homófobo desde que llegó un nuevo director al centro, Richard Turnbull (quien sustituye a Alister McGrath). Estas divisiones solo reflejan la situación de crisis que atraviesa el anglicanismo a nivel mundial con respecto a temas como la ordenación de mujeres y la homosexualidad.
Me pregunto si esta misma crisis existe también dentro del mundo evangélico. Nuestra historia nos muestra de forma clara que el movimiento evangélico siempre ha abarcado un ámplio rango de colores, desde personas que no pueden aceptar que las mujeres hablen en público a otras que no solo aceptan que hablen sino que también pastoreen. Desde personas que creen firmemente que la Biblia es infalible, inerrante, inspirada, sin error de ningún tipo en absoluto y que debe ser leída de forma literal como si Dios la hubiese dictado desde el cielo al profeta de turno hasta aquellos que consideran a la Biblia como un conjunto de textos escritos por seres humanos en sus intentos falibles de intentar entender lo que ocurre a su alrededor. Desde personas que creen tener la autoridad de decirte cómo debes vestir, con quién debes hablar y cómo debe ser tu vida sexual a personas que son de la opinión de que todo eso es asunto privado de cada uno (y de Dios). Desde personas que creen que el evangelismo debe ser el centro de toda actividad cristiana, sea cual sea, hasta aquellos que piensan que evangelizar es algo que se puede hacer por medio de dar un trozo de pan a alguien que lo necesita, sin necesidad de predicarle a Cristo. Muchos colores, todos dentro de un mismo barco.
La historia también nos dice que este conjunto tan variado de colores no ha convivido siempre sin polémica añadida. A veces nos hemos tirado de las orejas unos a otros por diversas faltas de consideración o por exceso de rigidez. No pocas veces nos hemos sentido ofendidos al leer artículos que parecen atacar directamente todo aquello que consideramos el centro de nuestra identidad evangélica. En más de una ocasión hablamos unos de otros mostrando una tremenda falta de respeto porque pensamos que, al fin y al cabo, todos tenemos el derecho de defender nuestra identidad por encima de quien sea. A veces incluso juzgamos a las personas sin pararnos un par de minutos a considerar que quizá lo que están diciendo, aquello que nos crea tanto asco interior, sea verdad. No nos paramos a pensar en eso porque ese acto de consideración es también un acto donde nos mostramos vulnerables, y la vulnerabilidad no forma parte de nuestro juego evangélico.
Pero eso es lo que todo esto es, un juego evangélico. Y hay que reconocer que hasta cierto punto este juego ha dado cierta vidilla a las reuniones y convenciones de los distintos grupos cristianos, donde unos podían sacar a colación los temas de moda para debatir y discutir, y dichos debates incluso ayudaban a los cristianos a reforzar y comprender mejor su fe. Todo este juego parece formar parte del barco y siempre ha estado ahí. Ahora, todo eso deja de ser un juego cuando algunos grupos deciden tomar el mando del barco y llevarlo hacia donde ellos quieren provocando que los demás grupos que también conviven en ese barco tengan que saltar por la borda. Y la historia también nos recuerda que en ocasiones ha sido así. No son pocos los casos en los que algunas personas han tenido que saltar del barco para caer a un mar frío y lleno de tiburones, sin nada que comer y sin nadie con quien hablar. En esos momentos, cuando unos deciden tomar el control del barco y llevarlo por donde ellos quieren sin consideración alguna por los demás tripulantes, es cuando el mundo evangélico pierde su condición histórica de variedad y diversidad (una condición que procede del Cristianismo más primitivo) para convertirse en una especie de dictadura anti-evangélica.
Yo creo que esta es la única forma real que tenemos los evangélicos de perder nuestra verdadera identidad: permitir que nuestras diferencias doctrinales nos hagan tomar el control del barco y forzar a los demás tripulantes a abandonarlo. Y la ironía está en que aquellos que pretenden proteger la identidad evangélica y deciden tomar el control del barco para llevarlo a un lugar que ellos consideran seguro, lo que realmente consiguen es encontrar la única forma de destruir dicha identidad. Porque en el momento en el que intentamos eliminar la diversidad de colores para intentar ver el mundo a través de uno solo, perdemos la capacidad de ver nada adecuadamente.
Refrescante
Hola jose angel, tras leer tu comentario me viene a la cabeza un refrán: ” divide y vencerás” y algo de verdad tiene; no hay que olvidar que nuestra lucha no debe estar entre nosotros,¿te has preguntado a quién le interesa que ocurra esto?.
No estoy de acuerdo con que la diversidad de opiniones indentifica al cristinano. El mismo Jesús reflejaba en sus opiniones que las medias tintas no le gustaban. Tampoco entiendo que algunas personas cristianas les resulte difícil creer que la Biblia es infalible ya que para Dios conseguir esto es muy sencillo.
Observo que en tu texto parece que haces una separación entre buenos y malos, como si hubiese una parte víctima y otra verduga. ¿Esta es la mejor manera de argumentar una opinión?
Un saludo
Hola 7,
Gracias por tu comentario.
No, no me he preguntado a quién le interesa que ocurra esto, ¿alguna idea? ‘Divide y vencerás’ tiene parte de verdad dependiendo del contexto en el que se aplica. Como todo. Sin embargo, tengo mis dudas de que aplicarlo al cuerpo de Cristo sea lo que Pablo o Jesús pretendían.
Quizá la diversidad de opiniones no identifica de forma única al cristiano, pero ciertamente es una de las condiciones necesarias, como la historia cristiana ha mostrado. El mismo Jesús aceptó todo tipo de personas en su grupo y no obligó a firmar un conjunto de estatutos de fe antes de aceptarles (al contrario que otros). Solo una condición: deja todo y sígueme (ahí no había medias tintas, en seguirle).
Te cueste entenderlo o no, desde luego no soy el único cristiano que no acepta que la Biblia sea un libro dictado desde el cielo, ni inerrante, ni todo lo demás. Claro que Dios podría haberlo hecho así, pero desde luego la propia Biblia muestra que no eligió esa manera. Solo tienes que leerla para comprobarlo. Y si El no eligió esa manera, ¿por qué tenemos nosotros que afirmar lo contrario?
Si en mi texto puedes ver que hago separación entre víctimas y verdugos (cosa que no he pretendido de forma abierta) es porque normalmente cuando hay división suele haber víctimas y verdugos. Esa es mi experiencia, por lo menos, y todos tenemos derecho a argumentar desde nuestra propia experiencia (de hecho, nadie puede hacer otra cosa).
Un saludo.
Hola José…
Pregunto:
¿Es posible “perder” nuestra identidad?
¿Se basa en el conjunto de normas, dictados de fe y prácticas?
Tengo claro que socialmente hay un montón de fronteras y líneas definitorias contruidas. El sentido grupal es tan propio de los seres humanos que siempre habrá esas “lucha por identidad” en cuanto a definición de un gurpo.
Pero como evangélicos/cristianos/seguidores de Jesús…¿no hablaríamos de una identidad que incluso se sitúa por encima de las condicionantes sociales y las características cambiantes de la época?.
Una muy buena pregunta.
Me pregunto si es posible mantener esa identidad de grupo sin necesidad de doctrinas, dogmas, reglas escritas… Quiza no, solo me lo pregunto. El apostol Pablo parece creer en algunos momentos que es posible para ciertos grupos simplemente ‘vivir en el Espiritu’ de modo que sea el Espiritu el que de identidad al grupo, permitiendo una diversidad radical pero al mismo tiempo formando una unidad (espiritual). Al ser el Espiritu quien forma dicha unidad y no los seres humanos (no las regulaciones humanas), la diversidad de tales grupos puede ser mucho mas radical de lo que otros grupos permiten – porque la cadena de union espiritual no se rompera de ninguna forma. Me pregunto si cuando ponemos demasiado peso en nuestras regulaciones y dogmas de fe estamos prefiriendo el tipo de unidad que nosotros podemos crear (por medio de nuestras letras) por encima de aquella que el Espiritu quiere para nosotros.
Un saludo.