Carlos y Fernando
Mayo 30, 2007
Estos son los nombres de un par de flamencos que han adoptado su primera cría después de pasar un tiempo intentando encontrar un nido sin padres (suerte que ellos no necesitan comprar un piso). Como sus nombres indican, ambos son masculinos. Aún no han sido marginados, ni perseguidos, insultados, humillados, metidos en la carcel o asesinados por sus demás compañeros flamencos. ¿Será porque no saben leer? Alguien dijo en cierta ocasión que los humanos tenemos mucho que aprender de los animales (lo cual, por cierto, está mal expresado ya que también nosotros somos animales). En esta ocasión los flamencos nos dan una lección de simplicidad; sin aspavientos ni cosas raras. Quieren adoptar un nido, y lo hacen. Sin miedo.
Me pregunto (y de paso os pregunto) qué dicen los muchos fundamentalistas / creacionistas cuando leen noticias como estas. ¿Cuál es su respuesta ante esto? ¿Ha creado Dios flamencos homosexuales? ¿De dónde vienen esos instintos? ¿Es todo esto consecuencia del pecado de Adán, que se ha transmitido hasta nuestros días y que afecta a todas las especies? ¿Son estos flamencos gays por pecadores o pecadores por gays? ¿Están pecando al adoptar un nido? ¿Decidieron ser homosexuales en algún momento de su existencia o fue consecuencia del maltrato de sus padres o de sus profesores en el colegio? ¿Fue su decisión consecuencia de su separación de Dios?
No es la primera vez que escucho ciertos pasajes de las Escrituras que nos recuerdan la manera en la que la creación de Dios, su increíble naturaleza que nos rodea y nos guía hacia El, sirve de testigo de Su gloria. ¿Recordáis aquellos versículos en el Salmo 19?
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, Y su curso hasta el término de ellos; Y nada hay que se esconda de su calor” (Salmos 19:1-6)
Y la naturaleza nos recuerda la simplicidad y naturalidad con la que se forman parejas como la de Carlos y Fernando. Y eso no solo ocurre con estos animales sino también con muchos otros. Incluso con el ser humano. No es ningún secreto que la homosexualidad ha ocurrido a frecuencia constante alrededor de todas las sociedades a lo largo de la historia. Tampoco es ningún secreto que existe cierta base biológica que la fundamenta. Incluso no nos debe sorprender ya saber que han existido sociedades en la historia donde la homosexualidad se ha visto como algo positivo para la supervivencia de las familias y tribus a las que pertenecían. Todo esto, junto con ejemplos como los de Carlos y Fernando, deberían hacernos pensar antes de tomar decisiones demasiado rápido acerca de qué es natural y qué no lo es. No hablo de que estos datos demuestren sin lugar a dudas que la homosexualidad es aceptable a los ojos de Dios, pero al menos deberían poner un freno a los sentimientos de repulsa que muchos cristianos aún muestran en sus entornos más cercanos (y en sus iglesias cristianas). Esos sentimientos de repulsa son los que hacen muchas veces nuestros ejercicios hermenéuticos al leer los textos bíblicos, en lugar de nuestra razón. Me pregunto si no son esos sentimientos de repulsa mejores candidatos a ser descendientes del tan utilizado pecado de Adán.
Caídas
Mayo 27, 2007
No pretendo jugar a abogado del diablo aquí, pero después de haber leído un par de artículos sobre el fenómeno de las caídas en dos revistas teológicas digitales (Protestante Digital y Lupa Protestante) y de haber percibido una recepción negativa por parte de ambos artículos ante la ocurrencia de dichos eventos en algunas iglesias del mundo, me gustaría que nos preguntásemos por un instante, aunque solo sea por amor al debate cristiano, si no es posible que en todo esto de las caídas haya mucho de verdad. La cuestión también me viene a mí de lejos. Yo también he sido empujado en una iglesia para ver si me caía y nada. En esa ocasión no me dejé tirar y salí de la iglesia ese día tan enfurecido como muchos otros que han escrito acerca de ello. No me gustan en absoluto los reportajes que sacan a algunos pastores famosos, como el bueno de Benny Hinn, diciendo que necesitan un avión privado para sus muchos viajes alrededor del mundo ministrando (y cogiendo pasta) a las gentes necesitadas del amor de Dios. Ni tampoco me gustan todos aquellos que se autoconvencen de que el evangelio es solo eso y siempre eso, caídas y manifestaciones extrañas, y se olvidan de que los apóstoles no solo fueron a compartir las buenas nuevas con manifestación del Espíritu (aunque por supuesto sí que había manifestaciones visibles del poder de Dios) sino que permanecían muchos meses enseñando y escudriñando las Escrituras con ellos. Todo eso no me gusta porque implica un desequilibrio del mensaje del evangelio de Cristo convirtiéndolo en un mensaje que tiene que elegir entre apelar a la mente o a las emociones del que escucha, pero nunca a ambos.
Pero no creo que todos esos malos testimonios de gente que se aprovecha de ciertas experiencias cristianas desestimen la posible veracidad de dichas experiencias (o la posibilidad de que puedan ocurrir y ser usadas por Dios). Por un lado, no creo que tengamos que estar buscando constantemente versículos bíblicos (como algunos han afirmado) para justificar cada cosa que el Espíritu desea hacer en las vidas de las personas (como espero que haya quedado claro en mi anterior mensaje sobre los asnos). De hecho el Cristianismo surgió precisamente gracias a que los judíos que creían en Jesús permitieron la posibilidad de que el Espíritu estuviera haciendo cosas inesperadas y nuevas entre los gentiles – como provocar diversas manifestaciones espirituales entre ellos. A veces nos olvidamos de eso y tomamos nuestros libros bíblicos como una espada con la que podemos atizar a los demás cuando estos comparten que el Espíritu ha hecho algo nuevo en sus vidas: “Hermano, eso no es posible, yo no veo eso en mi Biblia así que quizá estés loco porque mi Dios no habría hecho eso; tu experiencia debe de estar mal porque se sale de mi caja bíblica”. Encuentro especialmente irónico que muchos de estos cristianos que alegan no haber encontrado ningún versículo en la Biblia que justifique dichas experiencias reaccionen exactamente igual cuando se les pregunta acerca del resto de los dones y manifestaciones espirituales que sí aparecen en los textos que se refieren a las iglesias paulinas. Parece que en sus biblias la única iglesia aceptable es aquella en la que los únicos dones presentes y necesarios sean los de la enseñanza y la predicación (a ser posible de un sermón de 30 o 40 minutos largos).
Por otro lado, me cuesta creer que estos pastores famosos, por muy farsantes que sean, tengan la capacidad de engañar de tal forma a tantos miles de personas que les hagan creer que Dios está haciendo algo en sus vidas cuando Dios no está haciendo nada de nada (y sobre todo les hayan convencido de que la forma que Dios ha elegido es la de tirarles al suelo, ¡con lo que eso duele!). Me cuesta creer que el pueblo cristiano sea tan tremendamente manipulable (por supuesto, puedo estar equivocado). ¿Hemos de creer que todos los casos que hemos oído, visto o presenciado de personas que se han caído y han testificado acerca de experiencias en las que Dios les ha restaurado, sanado o yo qué sé, que todos esos casos son mentiras en las que esas personas se han dejado manipular y que Dios no ha hecho nada en sus vidas realmente? Me parece que asumir esto de entrada sin permitir ni siquiera el beneficio de la duda es un tanto paternalista e injusto. Igualmente podríamos asumir que las experiencias de las que testifican nuestras amadas biblias (lenguas de fuego, sanamientos, visiones, etc…) son igualmente ficciones inventadas por los escritores bíblicos para dar cierta emoción a sus escritos. Muchos cristianos no tienen ningún miedo en asumir lo primero pero se rasgan sus vestiduras al pensar en lo segundo.
No creo que estemos cometiendo un pecado imperdonable si dedicamos unos minutos a estudiar el fenómeno de las caídas con una mente abierta: su historia, su utilidad e incluso su posible necesidad en las vidas de algunos creyentes. Quizá encontremos que dicho fenómeno no sea tan satánico como muchos creen, e incluso nos sorprendamos ante la posibilidad de que las caídas sean algo que el Espíritu de Dios hace de vez en cuando, quizá incluso a menudo (aunque no siempre). Quizá tengamos que repasar nuestro conocimiento acerca de las religiones de ciertas gentes de las montañas Apalaches, sus conexiones con la iglesia metodista en los siglos XVIII y XIX (donde las caídas eran tremendamente populares), las experiencias y rituales que aquellas gentes tenían y la influencia que dichos rituales tuvieron en los grandes avivamientos de esos siglos en aquellas zonas. Quizá encontremos que ese fenómeno no es simplemente una desviación satánica reciente, sino más bien un fenómeno con una historia específica e interesante. Es posible que el estudio abierto de fenómenos espirituales como estos nos ayude a equilibrar nuestro mensaje del evangelio y a transformarlo en un mensaje que consiga apelar no solo a nuestra parte racional sino también a la emocional. Cualquier desviación de dicho equilibrio tiene malas consecuencias.
Permitamos la posibilidad de que todo eso de las caídas no sea algo que debamos rechazar de entrada inventado por ciertas personas malas y manipuladoras, sino que Dios mismo esté detrás de ello. Permitamos la posibilidad de que las caídas sean utilizadas de vez en cuando por Dios para cumplir algún propósito en las vidas de ciertas personas pero, como muchas otras cosas dentro del Cristianismo, sean susceptibles de ser manipuladas por los seres humanos para llevar a cabo ciertos fines que no concuerden con los fines de Dios. ¿Es posible que esto sea así? En este caso quizá deberíamos criticar más bien a aquellos que se encargan de mentir, manipular, fingir y utilizar estos hechos para sacar provecho de ellos, mientras que al mismo tiempo quizá podríamos intentar aprender un poco más acerca de aquellas cosas que el Espíritu de Dios ha decidido hacer entre su pueblo, por muy extraño y fuera de lugar que nos pueda parecer.
Asno vs. Coche
Mayo 24, 2007
Como protestantes que somos, sólo aceptamos la autoridad última de la Palabra de Dios; no las tradiciones de los hombres. Por tanto, los cristianos que conducen coches deberían pensarlo dos veces ante el gran número de argumentos que muestran que, más bien, deberían montar en asnos. Ahí van nueve de ellos:
1. Déjame que te cuente el testimonio de tres personas que conozco. Uno estuvo envuelto en un accidente de tráfico. Otro gastó mucho dinero en su coche y al final tuvo deudas como consecuencia de ello. El tercero decidió dejar su coche y volver a montar en su antiguo asno; pero fue demasiado tarde, su corazón nunca dejó de mirar atrás.
2. Hubo mucha gente en la Biblia que montó en asnos. Jesús montó en un asno. Ninguno condujo coches.
3. John Wesley nunca condujo un coche. En cambio, montó alrededor de todo el pais convirtiendo a cientos.
4. Los coches han sido creados por personas que buscan beneficiarse de tu dinero.
5. Aquellos que fabrican coches dedican todo su tiempo a comparar unos con otros argumentando cuál de ellos es mejor.
6. Aunque te compres un coche, al final tendrás que acabar comprando un asno ya que ¡no hay nada mejor que un buen antiguo asno para viajar!
7. Si tienes un asno y te estás comenzando a plantear si deberías comprar un coche, mi consejo es que pases más tiempo con tu asno.
8. No hay nada peor que alguien que tiene un coche y no puede ver que también existen otras alternativas.
9. Para acabar, déjame que cite estas lineas. Son profundas y espirituales, ¿verdad? ¿Cómo podrías comprar un coche después de haberlas oído? ¿Es que no corre sangre por tus venas?
Pequeño asno, pequeño asno en la carretera larga
sigue adelante, pequeño asno, con tu preciosa carga
ha pasado largo tiempo, avanzando en la noche invernal
no te rindas ahora, pequeño asno, que Belén esta cerca ya
Si aún después de todos estos argumentos, y aún sabiendo que la Biblia no apoya en ninguna frase el uso de coches, sigues pensando que es mejor utilizar un coche en tu vida diaria (fíjate que estoy usando el presente contínuo, refiriéndome a un hábito o práctica continuada), entonces es que has dejado la Biblia a un lado y ya no eres protestante. Porque los textos bíblicos contienen todo (y digo todo) lo que necesitas conocer acerca de tu vida y experiencia, y cualquier experiencia que se salga de ese libro no debe ser aceptada como procedente de Dios y de su Espíritu.
Un solo barco
Mayo 17, 2007
Algunos miembros del profesorado de uno de los seminarios teológicos más respetados de Inglaterra afirman que se sienten intimidados y menospreciados por una institución que se está volviendo cada vez más conservadora. Incluso uno de sus miembros más prominentes, Elaine Storkey, quien contribuye habitualmente en la columna Thought for the Day, fue amenazada con acción disciplinaria. El descontento que ha surgido en Wycliffe Hall, un seminario evangélico anglicano que es parte de la Universidad de Oxford, se ha materializado por medio de varias dimisiones por parte de algunos profesores, entre ellos el director de estudios pastorales, los tutores de liturgia y evangelismo, y el vicerector del seminario y tutor de Nuevo Testamento. El seminario ha sido acusado de haberse vuelto más conservador teologicamente, más hostil a la ordenación de mujeres y más homófobo desde que llegó un nuevo director al centro, Richard Turnbull (quien sustituye a Alister McGrath). Estas divisiones solo reflejan la situación de crisis que atraviesa el anglicanismo a nivel mundial con respecto a temas como la ordenación de mujeres y la homosexualidad.
Me pregunto si esta misma crisis existe también dentro del mundo evangélico. Nuestra historia nos muestra de forma clara que el movimiento evangélico siempre ha abarcado un ámplio rango de colores, desde personas que no pueden aceptar que las mujeres hablen en público a otras que no solo aceptan que hablen sino que también pastoreen. Desde personas que creen firmemente que la Biblia es infalible, inerrante, inspirada, sin error de ningún tipo en absoluto y que debe ser leída de forma literal como si Dios la hubiese dictado desde el cielo al profeta de turno hasta aquellos que consideran a la Biblia como un conjunto de textos escritos por seres humanos en sus intentos falibles de intentar entender lo que ocurre a su alrededor. Desde personas que creen tener la autoridad de decirte cómo debes vestir, con quién debes hablar y cómo debe ser tu vida sexual a personas que son de la opinión de que todo eso es asunto privado de cada uno (y de Dios). Desde personas que creen que el evangelismo debe ser el centro de toda actividad cristiana, sea cual sea, hasta aquellos que piensan que evangelizar es algo que se puede hacer por medio de dar un trozo de pan a alguien que lo necesita, sin necesidad de predicarle a Cristo. Muchos colores, todos dentro de un mismo barco.
La historia también nos dice que este conjunto tan variado de colores no ha convivido siempre sin polémica añadida. A veces nos hemos tirado de las orejas unos a otros por diversas faltas de consideración o por exceso de rigidez. No pocas veces nos hemos sentido ofendidos al leer artículos que parecen atacar directamente todo aquello que consideramos el centro de nuestra identidad evangélica. En más de una ocasión hablamos unos de otros mostrando una tremenda falta de respeto porque pensamos que, al fin y al cabo, todos tenemos el derecho de defender nuestra identidad por encima de quien sea. A veces incluso juzgamos a las personas sin pararnos un par de minutos a considerar que quizá lo que están diciendo, aquello que nos crea tanto asco interior, sea verdad. No nos paramos a pensar en eso porque ese acto de consideración es también un acto donde nos mostramos vulnerables, y la vulnerabilidad no forma parte de nuestro juego evangélico.
Pero eso es lo que todo esto es, un juego evangélico. Y hay que reconocer que hasta cierto punto este juego ha dado cierta vidilla a las reuniones y convenciones de los distintos grupos cristianos, donde unos podían sacar a colación los temas de moda para debatir y discutir, y dichos debates incluso ayudaban a los cristianos a reforzar y comprender mejor su fe. Todo este juego parece formar parte del barco y siempre ha estado ahí. Ahora, todo eso deja de ser un juego cuando algunos grupos deciden tomar el mando del barco y llevarlo hacia donde ellos quieren provocando que los demás grupos que también conviven en ese barco tengan que saltar por la borda. Y la historia también nos recuerda que en ocasiones ha sido así. No son pocos los casos en los que algunas personas han tenido que saltar del barco para caer a un mar frío y lleno de tiburones, sin nada que comer y sin nadie con quien hablar. En esos momentos, cuando unos deciden tomar el control del barco y llevarlo por donde ellos quieren sin consideración alguna por los demás tripulantes, es cuando el mundo evangélico pierde su condición histórica de variedad y diversidad (una condición que procede del Cristianismo más primitivo) para convertirse en una especie de dictadura anti-evangélica.
Yo creo que esta es la única forma real que tenemos los evangélicos de perder nuestra verdadera identidad: permitir que nuestras diferencias doctrinales nos hagan tomar el control del barco y forzar a los demás tripulantes a abandonarlo. Y la ironía está en que aquellos que pretenden proteger la identidad evangélica y deciden tomar el control del barco para llevarlo a un lugar que ellos consideran seguro, lo que realmente consiguen es encontrar la única forma de destruir dicha identidad. Porque en el momento en el que intentamos eliminar la diversidad de colores para intentar ver el mundo a través de uno solo, perdemos la capacidad de ver nada adecuadamente.
Contenido indecente
Mayo 17, 2007
Más de 800 residentes de Hong Kong han pedido a las autoridades que clasifiquen a la Biblia como un libro ‘indecente’ debido a su contenido sexual y violento. Todo esto ha ocurrido después de que apareciera una nueva página web llamada http://www.truthbible.net/ que afirmaba que el libro sagrado ‘hacía a uno temblar’ al leer sus contenidos sexuales y violentos, con incesto y violaciones entre ellos. Dicha página web también declaraba que esos contenidos excedían con mucho los de una reciente columna publicada en la revista estudiantil de una universidad china, la cual preguntaba si alguna vez los lectores habían fantaseado con el incesto o el bestialismo. Esa columna fue declarada como ‘indecente’ por el Tribunal de Artículos Obscenos, levantando una tormenta de debate acerca de qué es indecente y qué no lo es, así como intentando definir dónde se encuentran los límites de la libertad de expresión.
Si la Biblia se llega a declarar ‘indecente’ por las autoridades, solo los mayores de 18 años podrán comprarla y tendrá que aparecer envuelta en una nota de aviso (ya sabéis, por los contenidos).
La visita de Benedicto
Mayo 16, 2007
Que los números de fieles han bajado es algo que ha quedado claro en esta visita, para sorpresa de algunos. En Brasil, uno de los países más católicos del mundo (más de 120 millones de fieles), el censo había bajado ya al 74% en el 2000, comparado con el 89% en 1980. Al mismo tiempo los fieles evangélicos habían subido en esos mismos años de un 7% a un 15%. Y hoy en día parece que esta tendencia sigue creciendo. Ante estas cifras, no podían faltar algunas palabras de crítica hacia las llamadas ‘sectas’ evangélicas. Ni tampoco falló en criticar a la teología de la liberación, a la que metió en el mismo saco que al marxismo, cosa que está de moda en algunos medios cristianos (menos mal que la KGB no apareció en esta ocasión). Cualquier cosa con tal de tener bien ataditos a los fieles – que ya se sabe que ‘el Espíritu sopla y nadie sabe de dónde viene ni a dónde va’. Así que, Benedicto ha pensado que mejor saberlo, aunque sea por la malas.
Sin embargo, en sus charlas Razinger ha cometido algunos errores graves que han provocado el enfado de las gentes a las que visitaba, algo un tanto contraproducente. Hoy nos dicen los sicólogos que a menudo tendemos a hablar más bien poco de aquellas cosas que son precisamente más importantes para nosotros, y Benedicto es un buen ejemplo de esta realidad. Se centró tanto en sus ataques a ‘los muchos enemigos de los católicos’ que se olvidó de mencionar adecuadamente otros problemas más urgentes y serios a lo cuales debería haber atendido: la importante falta de clero disponible, alguna estrategia de cómo se espera que las iglesias católicas vuelvan a atraer a sus fieles, los problemas estructurales que existen en la Iglesia Católica en los países latinoamericanos o el tremendo desajuste que existe entre ciertos dogmas teológicos y la realidad social que se vive en muchos de estos países.
Pero no solo esto. Entre sus muchas perlas, Benedicto soltó algunas frases muy desafortunadas que han enfadado considerablemente a los líderes de algunas tribus indígenas, quienes han considerado algunos de sus comentarios como ‘arrogantes e irrespetuosos’. Entre ellos, la afirmación de que la Iglesia Católica Romana nunca se había impuesto sobre las gentes indígenas sino que más bien se había encargado de purificar a dichas gentes, y que un reavivamiento de sus religiones sería un paso atrás. Según Benedicto, parece que en tiempos de la conquista dichas tribus recibieron con los brazos abiertos la llegada de los obispos europeos, y esto se debe a que estaban ‘anhelando silenciosamente’ el Cristianismo. Eso sí, Benedicto olvidó mencionar a los millones de indígenas que murieron como resultado de la colonización europea apoyada por la Iglesia desde que Colón tomó tierra en 1492, ni tampoco hizo referencia a las nuevas enfermedades que fueron llevadas a esos países, ni a la esclavitud que se convirtió en una nueva y triste realidad social, ni a las violaciones… De hecho, muchos indígenas luchan hoy por sobrevivir en un mundo que les ha robado sus formas tradicionales de vida y les ha excluído de la sociedad.
Refiriéndose a estos comentarios, Jecinaldo Satere Mawe, coordinador jefe del grupo indígena del Amazonas Coiab, dijo que, ‘es arrogante e irrespetuoso considerar nuestra herencia cultural secundaria a la suya’. Mientras que Juan Pablo había hablado en 1992 de los errores cometidos en la evangelización de las gentes indígenas en América, Benedicto ha dado un paso atrás (para usar su propia expresión) enfadando a muchas de estas gentes. Como dijo Sandro Tuxa, que lidera el movimiento de las tribus del noreste, ‘repudiamos los cometarios del papa; decir que la eliminación de la cultura de nuestras gentes representa una purificación es ofensivo y francamente asusta’.
Sin duda asusta. Sobre todo cuando estos comentarios están en labios del máximo representante de una Iglesia con 1.1 billones de fieles (aunque bajando). Confío en que ninguno de estos fieles considere las palabras del papa en este viaje como inspiradas. En caso contrario solo nos quedará pedirle a Dios: ‘Señor, líbranos de tus seguidores’.
La Cienciología y yo
Mayo 16, 2007
La guerra está servida entre la BBC y la Iglesia de la Cienciología (IC). BBC Panorama ofreció ayer un programa acerca de la Cienciología, titulado “Scientology and Me” (también en YouTube), que ha creado mucha controversia. En él pudimos ver muchas cosas, entre ellas al periodista John Sweeney (reportero del documental) perdiendo el control en un momento del programa y liándose a gritos en medio de una entrevista – ya ha pedido perdón por los gritos y ha explicado que aunque esa actitud es muy poco profesional e inaceptable en un periodista, este reportaje le había llevado a una presión mental dificil de aguantar.
Considerando a este programa de la BBC como invasivo y manipulador, la IC ha lanzado en YouTube algunos videos como respuesta que pretenden sembrar las dudas acerca de la profesionalidad de John Sweeney, así como de los directores del programa que han permitido ciertas conductas que ellos consideran inadecuadas.
Mirando todos los videos es dificil saber con certeza quién tiene razón y quién ha metido la pata. Ambos afirman tener razón y tienen sus videos que lo prueban. Pero al no haber estado allí, es complicado saber todo lo que se dijo fuera de las cámaras y todas las posibles provocaciones y manipulaciones que no han sido filmadas. Vosotros podéis ver los videos y sacar vuestras conclusiones (por cierto, me gustaría conocerlas). Por otro lado, sí es posible tener una opinión acerca de este movimiento que tanto está creciendo en los últimos años. Aunque el juez Paul Breckenidge dictó en 1984 que dicho movimiento era ‘esquizofrénico’ (entre otras cosas), hoy día el número de sus afiliados crece por momentos. La Cienciología es aceptada como religión en los EEUU y algunos otros países, mientras que países como el Reino Unido aún no la otorgan dicha categoría. Su fundador fue un tal L. Ron Hubbard, del cual se puede encontrar mucha información. Hace poco encontré este video de él.
Qué os parece todo esto: ¿es ésta otra religión más o estamos tratando con una secta que se encuentra en el negocio de lavar mentes?
Dag
Mayo 15, 2007
En un programa de radio en 1953, Dag Hammarskjöld habló sobre la influencia que sus padres habían tenido sobre él: “De las generaciones de soldados y oficiales del gobierno por el lado paterno, heredé la creencia de que no había una vida más satisfactoria que la de entregarse al servicio por el país – o la humanidad. Este servicio requería el sacrificio de todo interés personal, además del coraje de permanecer firme en nuestras convicciones. De los estudiosos y religiosos por el lado materno, heredé la creencia de que, de la forma radical que aparece en los evangelios, todos los seres humanos son iguales como hijos de Dios, y deberían ser tratados por nosotros como nuestros maestros en Dios”.
De esta forma, Hammarskjöld explicaba su tendencia a seguir una vida de servicio público que él no vió enfrentada con una vida de servicio a Dios. Y así hizo. Después de estudiar Derecho y Economía decidió entrar en el servicio público y dedicó 31 años a los asuntos financieros y exteriores suecos, así como a las relaciones internacionales. También representó a Suecia como delegado de las Naciones Unidas en 1949 y de 1951 a 1953, para depués ser elegido, por 57 votos de los 60, como Secretario General de las Naciones Unidas en 1953, posición que ocupó hasta su muerte, la noche del 17 al 18 de septiembre de 1961, cuando volaba para mantener una reunión con el presidente de Katanga (Congo), Moise Tshombe. En 1961 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz.
Después de su muerte se publicó su diario privado, titulado Markings, que mostró una imágen muy distinta de la imágen pública que muchos conocían. El mismo describió su diario como “una especie de Libro Blanco que relata mis negociaciones conmigo mismo – y con Dios”. En este diario encontramos muchas verdades espirituales escritas en una maravillosa forma artística. Os dejo algunas:
‘La vida solo demanda la fuerza que posees. Solo una victoria es posible – no salir corriendo’
‘Ora porque tu soledad te haga intentar encontrar algo por lo que vivir, que sea lo suficientemente grande como para morir por ello’
‘El viaje más largo es el viaje interior’
‘El único tipo de dignidad genuina es aquella que no disminuye ante la indiferencia de otros’
‘Si solo pudiera crecer: más firme, más simple, más callado, más caluroso…’
‘En último análisis, es nuestra idea de la muerte la que decide las respuestas a todas las preguntas que la vida nos plantea’
‘Nunca aceptes aquello que se puede conseguir cuando te rindes. Si lo haces, solo vivirás de bienes robados, y tus músculos se atrofiarán’
‘Nunca midas la altura de una montaña hasta que hayas llegado a la cima. Entonces comprobarás lo baja que era’
‘Nunca, por amor a la paz y al silencio, niegues tu propia experiencia o tus convicciones’
‘Cuanto más fielmente escuches las voces que tienes dentro, mejor escucharás aquello que suena fuera de tí’
‘Libertad del miedo – se puede decir que esas palabras resumen toda la filosofía de los derechos humanos’
Muchos cristianos creen que no es lícito ser cristiano y dedicar tu vida al servicio público o a la política porque no es posible servir a Dios y al Cesar. Muchos creen estar parafraseando algunas palabras de Jesús aplicables a nuestra situación hoy día cuando dicen eso, y luego se apoyan en una lectura privada del libro de Apocalipsis para argumentar que nuestras biblias fomentan un dualismo entre el servicio a Dios y el servicio a la humanidad por medio del cual Dios está divorciado de la política. Pero creo que Dag Hammarskjöld es un buen ejemplo de que algunos creyentes sí pueden tener la fuerza interior suficiente y la capacidad de trabajo necesaria como para entregar sus vidas al servicio de la humanidad delante de Dios. Hammarskjöld demuestra que a veces el servicio público y el servicio a Dios no están enfrentados.
Convivencia
Mayo 11, 2007
Hace poco escuchamos la noticia de unas muertes en Turquía por motivos de fe. Esta no es la única noticia que delata el estado de intolerancia en el que estamos viviendo. El mes pasado se conoció también la noticia de una chica de 17 años, Du’a Khalil Aswad, que murió apedreada en Iraq por amar a un chico de un grupo religioso distinto al suyo (aunque ambos eran musulmanes). Algunos familiares creyeron que esa era razón suficiente como para sacarle de su casa al estilo veterotestamentario y apedrearla a la vista de todos, fuerzas de seguridad incluídas. Al mismo tiempo nos enteramos de que el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, ha caído en desgracia y está siendo atacado por diversos sectores tradicionales conservadores que han condenado un acto en el que el presidente besaba la mano de un antiguo profesor suyo, cosa prohibida en algunos textos sagrados. Por otro lado escucho la noticia de que hace unos días un partido de fútbol amistoso entre cristianos y musulmanes en Noruega tuvo que suspenderse después de una pelea provocada por la participación de mujeres en el partido. Supongo que habría alguna interpretación de algún texto sagrado en juego ante la presencia de algunas jugadoras de fútbol, cosa que algunos debieron entender como una amenaza profunda de las columnas de la fe en la que creían. Y hace dos días me entero de que existen unos pamfletos evangélicos cuya función es la de… no sé… evangelizar, o mostrar sentido del humor, o yo qué sé…
Noticias como estas me hacen darme cuenta de que los creyentes de este planeta aún no percibimos la gravedad de la situación en la que estamos viviendo. Quizá no nos estamos dando cuenta del punto de intolerancia al que estamos llegando, una intolerancia que aparece reflejada en las situaciones más insospechadas, demostrando que el problema no es ni mucho menos uno superficial. La pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿Dónde reside el problema de tales actitudes intransigentes y faltas de diálogo? ¿Es que acaso no es posible pertenecer a ninguna de las tres religiones monoteístas – Islam, Cristianismo y Judaísmo – sin atacarnos unos a otros tanto verbal como físicamente? ¿Acaso nuestros textos sagrados incitan a la violencia? Y si así fuera, ¿es posible que los creyentes nos demos cuenta de una vez de que no existe ningún texto, sea lo sagrado que sea, que esté por encima de los derechos de un ser humano, de que los seres humanos estamos por encima de los textos sagrados que leemos porque así lo quiso Dios, y que todo texto que vaya en contra de dichos derechos debe ser abandonado o reinterpretado de forma adecuada?
Voy a proponer tres razones por las que creo que esta situación sigue así y al final sugerir algunos caminos para evitar que dichas actitudes de intolerancia continúen creciendo.
1. Falsa tolerancia
Quiero compartir una noticia que conocí la semana pasada. Se refiere a una serie de veredictos de varios juzgados en Alemania que hicieron saltar la alarma el mes pasado. Uno de los casos se centra en una mujer llamada Nishal, marroquí de 26 años, inmigrante en Alemania, con dos hijos y un marido sicótico. Desde que se casó con él, su marido le ha pegado incesantemente. Ella fue a la policia cubierta de heridas, y ellos ordenaron a su marido que se alejara de ella. Por supuesto él se negó, y siguió aterrorizándole. Así que Nishal fue a juicio para pedir el divorcio, en la esperanza de que una vez divorciados su marido le dejaría en paz. Cualquier juez que hubiera creído en los derechos de esta mujer habría permitido dicho divorcio. Pero la juez Christa Datz-Winter siguió una lógica distinta, la lógica del multiculturalismo. Dijo que no le daría el divorcio – a pesar de la mucha documentación de la policia que mostraba una violencia extrema – basándose en que Nishal era una mujer musulmana, y por tanto debería haber esperado que algo así ocurriera. De hecho, tomó el Corán y leyó algunos pasajes para mostrar que los maridos musulmanes tienen el ‘derecho de castigar corporalmente’. “Mira a la Sura 4, versículo 34”, dijo, “donde el Corán dice claramente que te puede maltratar. Esa es tu cultura”. Y este caso no parece una excepción. El periódico alemán Der Spiegel ha documentado una larga lista de ejemplos similares que han resultado en veredictos multiculturales.
Parece que en honor de palabras como tolerancia y cultura, ciertas personas de poder han decidido que pueden poner algunos textos sagrados por encima de los derechos humanos que toda persona tiene. Lo irónico es que, en estos casos particulares, los que lo han decidido ni siquiera piensan que dichos textos sean sagrados. Para ellos ha debido ser una decisión racional que tenía sentido tomar. No así para la mujer musulmana. Es en estos casos que palabras como ‘tolerancia’ pierden su contenido real. Cuando hablamos de encontrar un entorno de paz, tolerancia y libertad donde se respeten los derechos de las personas no estamos hablando de conseguir veredictos como estos. Se trata más bien de crear entornos de diálogo interreligioso donde predomine todo lo contrario, donde la principal prioridad sea el respeto a la vida, donde un musulmán tenga la autoridad de decirle a un cristiano que ciertos textos bíblicos donde el autor manda callar a la mujeres no deberían ser considerados sagrados, o donde un cristiano tenga derecho de decirle a un musulmán que las enseñanzas que algunos de sus maestros, como por ejemplo el Imam Mohammed Kamal Mustafa, están dando atentan contra los derechos de las mujeres. No podemos permitir que ciertos textos sigan sirviendo de excusa para oprimir, torturar, callar o imponer la voluntad de algunos sobre la de otros. Los seres humanos tenemos la autoridad de romper todas las barreras, ya sean culturales o religiosas, cuando estas sirven de excusa para el maltrato y la tortura.
2. Ignorancia
En la librería británica Sacred podemos encontrar una de las mayores exposiciones de textos sagrados de la historia de la humanidad, textos de las tres religiones monoteístas – Judaísmo, Islam y Cristianismo. Ahí podemos encontrar textos históricos: restos del Mar Muerto, versiones antiguas de los evangelios e incluso un Corán escrito en Arabia un siglo después de la vida del Profeta. Pero lo que también se puede percibir de forma muy clara es la tremenda interacción creativa que existía entre estas tres grandes religiones en los tiempos antiguos. Aprendieron caligrafía, diseño e iluminación unos de otros. Los antiguos rollos de la Torá, las elaboradas letras mayúsculas de los evangelios Lindisfarne, y los ricos patrones geométricos de los textos islámicos, todos ellos interactuan dejando ver rasgos de imitación entre sí. En ocasiones, muchas de las ilustraciones parecen copias directas unas de otras. El rey David parece sospechosamente similar en dos textos franceses del siglo XIII, uno judío y uno cristiano. Y esto es solo la superficie de lo que era, sin duda, un conjunto mucho más ámplio y profundo de correspondencias recíprocas. La Ley judía, la Halaka, influenció la Sharia, la Ley islámica. Los grandes filósofos musulmanes de los siglos XI y XII introdujeron el pensamiento de Platón y Aristóteles a sus colegas judíos, como por ejemplo Maimónides, que a su vez influyeron a otros teólogos cristianos como Aquino. La poesía medieval judía española debe mucho al verso árabe. ¿No apuntan estos ejemplos a una conexión mucho mas profunda entre religiones de lo que muchas de nuestras interpretaciones cerradas de nuestros textos sagrados a veces nos dejan ver?
Hoy vivimos en un mundo plagado de ignorancia. No solo ignorancia acerca de los demás, de las demás religiones, sino también acerca de nuestra propia religión. Nos llamamos musulmanes, cristianos o judíos, pero a veces no conocemos realemente nuestra fe, su historia, su procedencia, lo que ha hecho bien y lo que ha hecho mal. No conocemos nuestros textos sagrados, no sabemos identificar dónde reside realmente su valor y el alcance que realmente tienen. Vemos nuestra identidad religiosa constantemente amenzada por todo tipo de comentarios externos – ya sean científicos, culturales, sociales o religiosos – provocando que acabemos encerrados dentro de un pequeño muro que hemos creado para protegernos y seguir siendo ignorantes. No sabemos escuchar ni hablar con otras personas a menos que sea para intentar convencerles de que lo que nosotros creemos está bien. Estamos enfermos, enfermos de ignorancia. Ni siquiera sabemos leer nuestros textos, discernir qué es lo importante en ellos, lo que debemos aplicar a nuestras vidas, y lo que no. No sabemos diferenciar entre lo transitorio y lo eterno. Somos como bebés que siguen necesitando leche, a pesar de tantos siglos de crecimiento.
3. Anhelo de poder
Pero no es solo ignorancia. El problema también tiene que ver con nuestro anhelo de poder, de control sobre otros. En la librería Sacred que he mencionado más arriba, se puede leer otra historia que nos recuerda lo cortos que han sido aquellos momentos en los que se ha alcanzado algo parecido a una convivencia entre religiones. En dicha exposición se puede ver un manuscrito judío creado en 1482 en Lisboa, Portugal (la foto del medio que aparece arriba). Un simple vistazo ayuda a percibir la paz que debieron sentir aquellos judíos que lo crearon, el período de tranquilidad y desarrollo que vivieron. Aún así, en poco más de 10 años judíos y musulmanes fueron expulsados de España (o forzados a convertirse), y en poco más de 5 fueron expulsados también de Portugal. Esto marcó el brutal final de una época de mucho esplendor. Ese fue todo el tiempo que se necesitó para echar por tierra la convivencia entre gentes de distintas culturas y religiones. Solo fue necesario un grupo de personas con anhelo de poder para volver a la brutalidad y la violencia. Me pregunto si estamos viviendo hoy en otro 1482. Me pregunto si hemos olvidado con tanta facilidad el pasado, nuestra historia, que no nos importará volver a repetirlo de nuevo. ¿Sufrimos amnesia? ¿Somos capaces de olvidar con tanta facilidad el dolor y el sufrimiento que produce el anhelo de poder?
Los textos sagrados son también una herramienta muy útil para aquellos que quieren controlar. El proceso es sencillo: cuando conseguimos un montón de personas incapaces de pensar por sí mismos, que siguen a ciegas lo que creen que ciertos textos les dicen que deben hacer, entonces solo basta con convertirnos en los que tienen la autoridad para descifrar (o interpretar) dichos textos para que todos nos sigan. Si conseguimos convertirnos en los maestros que proporcionan la interpretación ‘ortodoxa’, entonces también nos convertimos en los reyes de la granja, y todos los demás nos siguen. En ese momento, lo que hemos conseguido es tomar ciertos textos sagrados y convertirlos en satánicos, en textos que sirven para oprimir y cumplir precisamente la función contraria que pretendían: se han convertido en piedras en lugar de pan.
Si la falsa tolerancia, la ignorancia y el anhelo de poder muestran caminos de sufrimiento y dolor, de opresión y tortura, ¿qué otros caminos podemos seguir? Podemos intentar seguir los opuestos: verdadera tolerancia, conocimiento y humildad.
1. Verdadera tolerancia
Aquellas personas que dicen seguir a Dios, o a Alá, o a Yavé, o a Cristo, ¿no tienen ellos la responsabilidad de encontrar la forma de respetar la vida que dicho Dios ha creado? ¿Acaso no es este Dios al que todos adoramos un Dios de misericordia, paz, amor, justicia y libertad? Puedo ir incluso más lejos que eso. ¿No está este Dios por encima de todos los textos sagrados que los seres humanos podamos escribir? ¿No es nuestro Dios mayor que todas las religiones juntas, o más grande que todo aquello que los seres humanos somos capaces de comprender? Si esto es así, ¿cómo es que no somos capaces de encontrar la manera de convivir unos con otros en libertad y tolerancia? ¿Cómo es posible que continúen perdurando aquellas antiguas interpretaciones cuya única intención es la de controlar a los demás rompiendo así la convivencia?
Si pretendemos aumentar nuestra tolerancia hacia los demás, quizá ayude crear ciertos entornos donde predomine el diálogo entre personas que no opinan de la misma manera. Quizá ayude fomentar actividades ecuménicas entre las tres religiones. Estamos faltos de diálogo, de comunicación real donde unos escuchen e intenten comprender a los otros. No se trata de encontrar un contexto de falsa tolerancia donde cada uno pueda hacer uso de sus libertades como le plazca, sino que encontrar un lugar creado para el diálogo donde todas las voces puedan ser escuchadas, y donde la tónica común sea la del respeto a la vida, principio que el Dios de las tres religiones apoya.
2. Crecimiento en el conocimiento de nuestra propia fe, así como de otras
También sería útil, creo yo, aprender a entender nuestra propia fe, sea la que sea, desde aquellos entornos que nos provean una visión lo suficientemente ámplia y justa como para no salir más cerrados de lo que entramos al principio. Son necesarios más seminarios interdenominacionales, o al menos más seminarios donde se permitan voces distintas (distintas de verdad) y donde dichas voces puedan ser escuchadas de forma justa y no paternalista. Si ya es un problema el que no seamos capaces de dialogar entre religiones, no creo que vayamos a superar este problema si ni siquiera aprendemos a hablar con las personas que están dentro de una misma religión. Se está haciendo muy necesario que aparezcan centros que enseñen a pensar, no que solo se interesen por indoctrinar. Aquella antigua idea (bueno, no tan antigua) de que, ‘cuanto más repitas una mentira, más probabilidades hay de que se vuelva verdad’, ha mostrado tener más poder del que se creía, pero poder para engañar, poder para mover masas no pensantes. Ese fue, por cierto, uno de los lemas del nazismo.
Estaría bien dedicar tiempo a conocer otras religiones también, a intentar comprender nuestros puntos en común, así como dónde radican nuestras diferencias reales. Hemos de dedicar tiempo a leer unos los textos sagrados de los otros, pero no para buscar errores, sino en expectación real de que Dios sea capaz de hablarnos incluso por medio de otros textos sagrados distintos a los nuestros. ¿Serías capaz de tomar un libro sagrado distinto al tuyo y leerlo meditando en él, con expectación de que Dios pueda hablarte por medio de él? ¿Cuántas veces lo has hecho? Quizá ejercicios de este tipo ayudarían a pondernos en los zapatos de nuestros vecinos, y a entender la riqueza de esas otras religiones.
3. Humildad
Si Dios es más grande que cualquier religión, entonces Dios no puede ser contenido por ninguna de ellas. Por tanto, ninguno de nosotros poseemos a Dios. De hecho, quizá necesitamos un cambio copérnico de nuestros paradigmas y dejar de mirarnos al ombligo como si la historia de nuestra religión (que normalmente es la que tiene razón) fuese la historia de la fe que nosotros tenemos en Dios. Quizá hagamos bien en quitarnos del trono y permitir la idea de que quizá sea posible que la historia de nuestra fe, sea cual sea, se parezca más a la historia de la fe que Dios tiene en nosotros (una fe que, por otro lado, resulta incomprensible a la vista de los resultados). No somos nosotros los que ocupamos el centro de la fe, sino Dios, y las características principales de dicho Dios parecen ser amor, misericordia y bondad. Por tanto, haríamos bien en intentar aceptar la posibilidad de que este Dios de amor nos ame a todos los creyentes, sea de la religión que sea, de la misma forma.
La pelota está en nuestro tejado. O bien nos conformamos con discusiones interminables acerca de qué Dios es el mejor y qué libro es más sagrado, o bien comenzamos a caminar juntos por un mundo mejor. Tenemos delante la responsabilidad de encontrar una nueva forma de convivencia. Los enemigos del científico y escritor Benedicto Espinoza le acusaban diciendo que ‘tenía la Biblia y el Corán en la misma estantería’. Y yo me pregunto, ¿por qué ha de ser este un insulto? Desde luego, Espinoza no lo tomaba como tal. Después de todo, para él Dios era muy distinto del que muchos creían conocer, y suficientemente grande como para abarcar todas las religiones. Por supuesto, muchos se rasgarían las vestiduras al leer sus escritos (como ya le ocurrió en vida), pero yo me sigo preguntando, ¿por qué debería ser ese un insulto? En mi estantería estaban juntos y ninguno de ellos explotó al contacto con el otro.
Jorge Luis Borges escribió una historia llamada Los Teólogos. En ella se relata la historia de dos teólogos rivales, Aureliano y Juan de Panonia. Ambos intentan ser los mejores encontrando herejías y despedazándolas por medio de sus escritos, aportando argumentos para que la inquisición de turno actue en contra de dichos herejes. En un momento de la historia Aureliano descubre un escrito al que denuncia como herejía, pero en su denuncia utiliza una frase de su rival, Juan de Panonia, que da a entender que él también es un hereje. Ante su sorpresa, Juan de Panonia es acusado de profesar opiniones heréticas. Y aunque Juan dedica horas a explicar que su frase no era más que un intento de rechazar otra herejía contra la que había escrito en el pasado, no consigue hacerles ver su error y es condenado a la hoguera. Aureliano le ve morir quemado. Jorge Luis termina su historia con el siguiente párrafo:
“El final de la historia sólo es referible en metáforas, ya que pasa en el reino de los cielos, donde no hay tiempo. Tal vez cabría decir que Aureliano conversó con Dios y que Este se interesa tan poco en diferencias religiosas que lo tomó por Juan de Panonia. Ello, sin embargo, insinuaría una confusión en la mente divina. Más correcto es decir que en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona”.
Si fuésemos capaces de percibir aunque sólo fuese un grano de esta verdad, quizá cambiaría mucho nuestra actitud hacia los demás. Entonces se habría puesto el primer grano de una nueva convivencia, una basada, no en la ignorancia, la falsa tolerancia o el anhelo de poder, sino en el amor y el respeto por la vida. Vale la pena seguir luchando por ello.
Desenterrando el mensaje de Cristo
Mayo 6, 2007
El mensaje de la revelación de la justicia de Dios en su hijo ha sido el centro de muchas teologías desde hace siglos. Sin embargo, dicho mensaje ha sido interpretado de distintas formas por distintas tradiciones cristianas. En la tradición católica, Dios imparte su justicia por medio de su infusión sobre los seres humanos. Aunque la manera en la que dicha infusión tiene lugar ha sido objeto de discusión y disputa por muchos años, aquí tenemos una tradición que en muchas ocasiones ha ayudado de forma poderosa a comunicar un mensaje por medio del cual muchas personas han conseguido dejar su antiguo caminar y ser aceptados en la familia de Dios. Esta tradición fue cuestionada en la Reforma. En aquellos tiempos los reformadores decidieron tomar una línea que ya existía en aquella tradición (por medio de Agustín) y la hicieron central en las enseñanzas de Pablo y en la propia Biblia. Su argumento central fue que Dios, más que impartir, imputaba su justicia declarando justas a personas injustas. Aquellas personas que habían sido otorgadas el don de la gracia y habían sido declaradas justas no debían buscar nada en ellas mismas por medio de lo cual pudieran explicar dicho don, sino que más bien debían fijar su atención en el autor de dicho don no merecido. De igual manera que con la tradición anterior, esta también ha conseguido producir un sistema de creencias que ha ayudado a muchas personas a alcanzar la gracia de Dios de forma maravillosa.
Sin embargo, nunca ha dejado de existir la posibilidad de que ambas tradiciones, con todas sus buenas cosas y sus buenos resultados, hayan elegido enfatizar ciertas partes del mensaje original de Cristo hasta tal punto que se hayan desviado de dicho mensaje. Puede que esta parezca una posibilidad casi imposible de creer, dado el ámplio número de teólogos y estudiosos de la Biblia que han dedicado sus vidas a un estudio cuidadoso y riguroso de las Escrituras en cada una de estas tradiciones. Y aún así, no es facil escapar a la sensación de que la imágen de Dios que ambas tradiciones están transmitiendo es una que resulta dificil de aceptar a la luz de las enseñanzas de Jesús y las enseñanzas del Antiguo Testamento. Si Dios ha elegido otorgar su justicia (ya sea impartiéndola por medio de la infusión de ciertos dones o imputándola por decreto divino), entonces parece más bien un Dios que ha optado por no hacer caso a la voluntad de los seres humanos, a quienes se supone que ha creado libres para servirle o rechazarle. Si esta es la imágen de Dios que debemos tener, entonces parece que lo que dicho Dios hace es, o bien convertir algo que es negro en blanco por medio de un misterioso proceso de transformación, o bien declarar blanco aquello que es negro por medio de un decreto que no se puede cambiar. En cualquier caso, su justicia se vuelve sospechosa.
Por supuesto, esta dificultad fue percibida y reconocida en los comienzos del Cristianismo, pero la alternativa parecía tan fuera de lugar que la mayoría de los teólogos se pusieron de acuerdo para rechazarla. Dicha alternativa apuntaba a que los hombres tenían la capacidad de volverse justos por medio de sus propios esfuerzos, y el testimonio de muchas experiencias humanas, así como el testimonio que parecía surgir de las cartas de Pablo, rechazaba dicha alternativa de entrada. Sin embargo, cuanto más estudiamos por nosotros mismos las propias cartas de Pablo, resulta dificil no encontrar versículos en los que el apóstol parece decir algo muy distinto a lo que todos los teólogos de esas dos tradiciones creyeron encontrar. Quizá esos teólogos no podían escuchar lo que Pablo estaba diciendo de verdad porque estaban intentando reconciliar todo el tiempo sus palabras con las palabras de otros teólogos que estaban hablando en aquellos tiempos. Quizá esos teólogos pasaron por situaciones difíciles intentando encontrar en ciertos textos soluciones a sus casos particulares, olvidando lo que los textos estaban diciendo en sí mismos. Quizá la urgencia por reconciliar unos versículos con otros no ayudó a que se dieran cuenta del gran número de adiciones, interpolaciones y reinterpretaciones que podemos encontrar en los textos bíblicos, pasando por alto la sutileza del mensaje de Cristo que reside debajo de todas esas voces enfrentadas.
Hay otra posible traducción del término ‘justicia de Dios’, una traducción que tanto Lutero como muchos otros utilizaron, y que no implica ninguna de las dos interpretaciones que hemos visto hasta ahora. Es posible entender esas palabras como: ‘la justicia que Dios aprueba’. Por supuesto, esta traducción puede ser utilizada por cualquiera de las dos tradiciones anteriores para obtener las dos interpretaciones que hemos visto ya: la justicia que Dios aprueba puede ser la que Dios imparte por medio de la infusión de dones, o la que Dios declara por decreto divino. Sin embargo, lo que obtenemos en cualquiera de estos dos casos es una extensión (o una reinterpretación) de la justicia original que he mencionado, ‘la justicia que Dios aprueba’. Ninguna de estas dos extensiones (o interpretaciones) suena natural al leer los textos bíblicos, ninguna suena natural en los labios de Pablo, y cuando las palabras de Pablo son leídas en sí mismas sin intentar reconciliarlas con todos los demás versículos que leemos en las cartas del Nuevo Testamento, la interpretación más natural que se deriva de ellas no equivale realmente con ninguna de esas dos tradiciones.
Pablo enseñó que ‘la justicia que Dios aprueba’ es alcanzada por la persona que confía en él. Si una persona vive confiando en Dios, esa persona es justa. Eso es lo que Pablo intenta explicar por medio del ejemplo de Abraham, una persona que caminó en justicia por medio de su confianza en Dios. No se está hablando de un asunto instantaneo (‘haz esta oración y ya está’) sino que a lo que dicha confianza apunta es a un carácter que se desarrolla por medio del día a día. Aquella persona que es fiel y que confía en Dios encuentra la forma de vivir de manera justa, a pesar de su maldad, y a pesar de sus errores. Al final del caminar, dicha persona será encontrada justa. Dios da a elegir a las personas: pueden seguir el camino de justicia o pueden rechazar dicha justicia. Este sutil mensaje es el que encontramos en las cartas de Pablo, un mensaje que ciertas personas, en toda inocencia, han oscurecido por medio de adiciones, explicaciones, interpolaciones y comentarios, construyendo al final un sistema teológico que ha funcionado muy bien para muchos, pero que ha servido para oscurecer un mensaje mucho más sencillo de lo que parece.
A pesar de este oscurecimiento, el mensaje original de Cristo nunca se ha perdido. Muchos cristianos han seguido leyendo aquellos pasajes que sonaban a verdad; o bien se han concentrado en los evangelios antes que en las cartas de Pablo, o bien han dejado aquellas partes de Pablo que sonaban más complicadas para seguir aquellas que sonaban ciertas. Grandes teólogos como Tertuliano, Orígenes, Aquino o Erasmo han luchado con perseverancia para intentar preservar la libertad del ser humano, por muy amenazada que vieran dicha libertad por causa del pecado. Ellos han ayudado a muchos cristianos a encontrar un camino que les sirviera para vivir de manera justa, aunque en muchas ocasiones dicho camino era oscurecido por lo que ellos creían que procedía de los labios de Jesús y sus apóstoles. Ellos lucharon contra doctrinas como la de la predestinación (o determinismo), y anunciaron a los seres humanos que debían ejercitar su libertad para elegir un camino que les llevara a la justicia de Dios.
Hoy los cristianos nos encontramos en una situación que nos reclama el redescubrimiento del mensaje original de Cristo. Y esta situación nos demanda a todos que ejercitemos nuestra libertad para intentar encontrar dicho mensaje por medio de una lectura y estudio honesto pero serio de los textos bíblicos. No es esta una tarea que deba ser dejada unicamente en las manos de los teólogos. Lo que nos jugamos los cristianos hoy es la sutileza y la simplicidad del mensaje original de Cristo. Muchas personas hoy están buscando a Dios de una manera que hacía años que no ocurría. Y muchas de estas personas viven en un mundo en el que se les ha enseñado a estudiar y a ejercitar su libertad para encontrar un camino hacia la verdad. Si los textos bíblicos tienen algo que decir a estas personas en absoluto, ese algo debe ser transmitido de la forma más clara posible, sin oscurecimientos adicionales e irrelevantes.
Si la justicia que Dios aprueba se revela en su hijo para aquellos que viven confiando en Dios, entonces lo único que se nos pide es que aprendamos a ejercitar dicha confianza en nuestro día a día; no es necesario añadir nada más que eso. La palabra ‘fe’ adquiere en este caso un significado mucho más simple y sutil del que se nos ha enseñado en ciertas tradiciones cristianas. No se refiere a la aceptación mental de diversos estatutos o afirmaciones de fe que indiquen en qué parte del muro de la salvación nos encontramos. Esta forma de entender la palabra ‘fe’ no proviene de los textos bíblicos, ni de Jesús, ni de Pablo. Cuando Pablo hace uso de la palabra griega pistis (normalmente traducida como ‘fe’), no se está refieriendo a la creencia mental en ciertas afirmaciones. Por supuesto, este significado es una de las connotaciones que dicha palabra tiene, pero no es la única. El término ‘fe’ también tiene las connotaciones de confianza, creencia, seguridad y fidelidad.
Cuando nos centramos solamente en la connotación que apunta a la creencia y aceptación mental de ciertas afirmaciones, nos estamos enfocando unicamente en la actitud subjetiva, interna e individual de la persona, es decir, en su estado mental. En cambio, si pensamos en otras connotaciones como ‘fidelidad’ cuando Pablo habla de pistis, nuestra lectura de lo que quiere decir cambia de forma significativa. Por ejemplo, la diferencia entre ‘fe’ y ‘obras’, tan importante para los primeros reformadores, se vuelve mucho más moderada – después de todo no se puede ser fiel sin obrar. De igual modo, el contraste entre pistis y razón (tan reflejado en debates actuales entre, por ejemplo, ciencia y fe), que ha jugado un papel tan importante en la historia de la teología cristiana, tampoco parece tan importante – ser fiel no está reñido con ser influenciado por el pensamiento racional.
Por tanto, la forma más natural de entender la palabra ‘fe’ en las cartas de Pablo se refiere a la fidelidad del creyente, que se demuestra en su caminar confiando en Dios. Esta es la justicia que Dios aprueba. Y esta es también la forma más natural de entender la expresión que Pablo utiliza en Romanos 1:17, “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela [a aquella persona que vive] por fe y para fe”, frase que se refiere a la persona que camina confiando cada vez más en Dios. Es importante darnos cuenta del tiempo presente del verbo, ‘se revela’, que apunta a que la naturaleza y el caracter de la justicia de Dios se va conociendo día a día, junto con el poder de Dios, para aquellos que confían.En la simplicidad y sutileza de dicho mensaje reside también su poder, un poder que se demuestra en la capacidad que tiene para llegar a todos, más allá de todas las fronteras, idiomas, razas y culturas. Y éste es también un mensaje al que no es necesario añadir nada más de lo que en él reside. Como Pablo dijo en su carta a los Gálatas 2:16:
“sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”
Y si es la fidelidad y la confianza en Dios lo que justifica, ¿por qué añadir nada más a lo que ya ha sido revelado? ¿Acaso tenemos derecho nosotros a decidir que lo que fue revelado en su momento ya no es suficiente? Y sin embargo nuestra tendencia es hacer eso una y otra vez. Hoy día seguimos intentando definir el conjunto de afirmaciones que tenemos que creer para poder ser declarados evangélicos, como si ese fuera el mensaje de Cristo. Hoy día se siguen decidiendo estatutos y declaraciones de fe que nos ayudan a crear los grupos de ‘santos’, sin darnos cuenta de que son precisamente esos grupos los que están oscureciendo la simplicidad y sutileza del mensaje de Cristo. Hoy día utilizamos los textos bíblicos como fuentes de principios teológicos que nos ayudan a determinar quien es evangélico y quien no lo es, mientras que el mensaje de Cristo permanece enterrado debajo de todos esos principios. Quizá haya llegado el momento de escuchar el soplido sutil del Espíritu que nos dice que no es necesario buscar nada más que lo que ya ha sido revelado, que no tenemos que añadir nada a lo que ya ha sido mostrado, que no tenemos que hacer esfuerzos mentales para indoctrinarnos en ciertos conjuntos de creencias que ni siquiera se mantienen juntas de forma coherente. Lo único que es necesario es confiar en Dios día a día. Esa es la justicia que Dios aprueba. Y esta fidelidad es la que define e identifica a alguien que camina conforme al evangelio, es decir, al evangélico.
Ha llegado el momento de desenterrar el mensaje de Cristo y dejar que alumbre de nuevo al Cristianismo. Quizá sea necesaria una nueva Reforma, un nuevo esfuerzo comunitario por reencontrarnos con la simplicidad y sutileza del evangelio, y una nueva pasión por revivir el poder que dicho mensaje contiene.



