Una pregunta sobre la eutanasia
Noviembre 30, 2006
Con motivo del diálogo que se ha abierto acerca de la eutanasia me veo obligado a pedir una aclaración a Manfred Svensson para ver si he entendido de forma clara lo que está intentando decir:
A modo de resumen, lo que he entendido hasta ahora al leer los mensajes de Manfred ha sido que él está en contra de aceptar la aprobación de una ley a favor de la eutanasia voluntaria por la razón de que si se abre la puerta a tal aprobación general en una sociedad en la que existen muchos tipos distintos de personas con distintas intenciones y actitudes, eso puede provocar un cambio en las conciencias de las personas con consecuencias que podrían llegar a ser catastróficas. Eso no quiere decir necesariamente que todas las personas tuvieran una actitud negativa o intentaran malusar dicha ley; más bien se está intentando reflejar que el hecho de que existiera esa ley podría producir facilmente una tendencia que desequilibrara la balanza social de forma muy negativa. (Una vez llegados al punto en que la muerte se convierte en una posibilidad legal las conciencias pueden llegar a sufrir de forma irreversible y los efectos pueden ser incalculables. Ante tal riesgo, Manfred decide optar por no abrir esa puerta.)
¿Es esto así?
Madre Nuestra que estás en los cielos…
Noviembre 29, 2006
Alice Julia Cooper, en su A Voice From the South, describe el mundo como un hombre con un solo ojo que no es capaz de ver la verdad desde el punto de vista de la mujer. “De repente la venda es quitada del otro ojo y todo el cuerpo se llena de luz”. El mensaje es claro: necesitamos dos ojos, uno masculino y otro femenino, para poder ver la verdad de forma plena. Así parece entenderlo también el escritor judío Filón quien, a mitad del siglo I C.E., describió los dos querubines del templo. Ambos querubines, según él, representaban los dos aspectos del Dios de Israel. Filón asumió que uno de ellos era masculino y que el otro era femenino; la creación era obra de ambos. El Talmud babilonio también conocía acerca de un Yahweh masculino y femenino que creó un Adán que era masculino y femenino a la vez (“masculino y femenino le creó”). Y así lo entendían también otros judíos, como leemos por ejemplo en el comentario a Génesis, Genesis Rabbah 8:1, “Cuando el Santo, bendito sea, creó a Adán, le creó hermafrodita”. También las Homilías Seudo-Clementinas, unos escritos judeo-cristianos de la época, conocían y afirmaban aquella tradición de que Adán había sido masculino y femenino al mismo tiempo. Como Elisabeth Cady Stanton observa en su The Women’s Bible cuando hace referencia a Génesis 1:26-28, “Si el lenguaje tiene algún significado en absoluto, tenemos en estos versículos una declaración muy clara de la existencia de un elemento femenino en Dios, igual en poder y gloria con el elemento masculino”.
Hubo un tiempo en que utilizar imágenes femeninas para referirse a Dios no era síntoma de ser un hereje. Eso parecen indicar verbos como ‘dar a luz’ cuando se aplican a Dios en nuestros Antiguos Testamentos (Deuteronomio 32:18). “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros”, dice Yahweh en Isaías 66:13. Otra de las referencias femeninas más repetidas en la Biblia es la de la Sabiduría. En Proverbios 1, 8 y 9 se nos repite más de una vez que el que encuentra sabiduría encuentra vida, y que solo los insensatos deciden darle la espalda a ella. “Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano”, nos dice Proverbios 3:18 (¡cuán distinto este consejo de la crítica reflejada en Génesis 3:6!). Y sin embargo ya incluso en estos textos de Proverbios podemos ver la mano dominadora masculina que intenta determinar qué tipo de sabiduría es aceptable (Proverbios 31:10) y cuál ha de ser considerada como una prostituta (Proverbios 2:17-22; 7). ¡Qué triste cuando incluso aquellas imágenes que podrían servir para traer libertad a algunos seres humanos son usadas por otros para controlar y oprimir! Y lo cierto es que esa tendencia a secuestrar imágenes que en principio deberían servir para liberar y utilizarlas para oprimir ha continuado durante siglos. Tanto es esto verdad que la percepción del primer libro de Enoch, en el siglo I C.E., es que:
“La Sabiduría bajó para contruir su tienda y habitar entre los seres humanos, pero no encontró ningún sitio para habitar; así que la Sabiduría volvió al lugar del que procedía, y encontró su sitio entre los ángeles” (1 Enoch 42:2).
Y así, aunque la parte femenina de Dios encontró lugar al principio entre ciertos grupos cristianos, estos más tarde fueron siendo considerados heréticos y se rechazaron. Los Ebionitas por ejemplo, un grupo primitivo de judeo-cristianos, hablaban de una visión de un par de ángeles los cuales eran llamados, Hijo de Dios y Espíritu Santo, uno masculino y otro femenino. Esta imagen aparece igualmente en algunos de los escritos gnósticos que tanto están hoy de moda. Algunos escritores cristianos de la Iglesia de Oriente continuaron asumiendo la tarea creativa y reproductora de Dios en la persona del Espíritu Santo. Una de sus mayores iglesias, la de Bizancio, fue dedicada precisamente a Ella: Hagia Sophia, la Santa Sabiduría.
Seguro que por mucho que se intenten justificar, textos como 1 Coríntios 11:3-10 (que por cierto se basa en un antiguo mito judío un tanto absurdo que aún no me explico como muchos hoy día pueden seguir intentando razonar) o 1 Timoteo 2:9-14 (que recuerda de forma un tanto sospechosa a Génesis 3:6) no han ayudado mucho a rescatar la parte femenina de Dios. Aunque no comparto todas las implicaciones de las palabras de M. Renan cuando dice que, “Los escritos de Pablo han sido un peligro y una roca oculta – las causas de los principales defectos de la teología cristiana”, no puedo negar que tiene mucha razón con respecto a algunos de esos textos. Tampoco han ayudado aquellas teologías fundamentadas en los restos dejados por Tomás de Aquino quien, repitiendo a Aristóteles, consideraba a la mujer como un mas occasionatus (hombre deficiente), mero receptáculo pasivo de la fuerza generativa única del varón. E incluso argumentaba: “La mujer necesita del hombre no solamente para engendrar, como hacen los animales, sino también para gobernar, por ser el hombre más perfecto por su razón y más fuerte por su virtud”. Ni siquiera las famosas tésis de Lutero consiguieron rescatar a la mujer de su esclavitud y silencio.
Todas estas actitudes y teologías sexistas que incluso abundan en nuestros grupos cristianos de hoy día hacen que Leonardo Boff afirme en su libro, Femenino y Masculino, que: “El sueño igualitario de los orígenes sobrevivirá en grupos de cristianos marginales o entre los considerados herejes”. Entre estos, continúa Boff, el grupo cristiano más coherente en términos de equivalencia de los sexos ha sido la Sociedad Unida de los Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, los llamados Shakers, de origen inglés (1770). Para ellos todo era andrógino: Dios era masculino/femenino, así como la antropología, la cristología, la eclesiología y la organización social. Ha sido preciso esperar a los movimientos libertarios feministas europeos y norteamericanos, a partir de 1830, para volver a confíar en la posibilidad de una culminación del antiguo sueño de la igualdad de sexos. Así, textos como Letters on the Equality of the Sexes and the Condition of Women (inspiradas en textos bíblicos libertarios), Declaration of the Rights of Women y The Women’s Bible, aunque vistos por muchos sectores como heréticos, siguen cumpliendo una labor fundamental en un mundo que aún no ha llegado a ese objetivo final de igualdad.
En su poema Heroines Adrienne Rich celebra la valentía de aquellas mujeres que no se han callado sino que se han atrevido a hablar y escribir. El poema concluye con una serie de preguntas retóricas que cuestionan, ¿cómo alguien podría no amar su claridad y su furia, cómo podrían no darles el honor que merecen, o no reconocer el legado que han dejado así como recordarnos que con eso aún no es suficiente? Es precisamente gracias a textos como esos, y a valientes como esas, que hoy vivimos en esta ola irrefrenable de feminismo que se encarga de cuestionar la cultura patriarcal de las iglesias y de las sociedades que habitamos. La continuación de estos movimientos (que por otro lado nos ayudarán también a reencontrarnos con Nuestra Madre Celestial) son la única esperanza para acabar con esa violencia de género que aún hoy se escuda en textos y estructuras machistas escritas y usadas por personas sin conciencia.
Gálatas: Historia de dos evangelios (y II)
Noviembre 27, 2006
Una vez descubiertos estos dos evangelios la pregunta obvia es: ¿Cuántas cosas metió Pablo bajo la etiqueta de ‘tradición’? ¿Circuncisión, Sabbath, leyes alimenticias…? ¿Incluyó además los diez mandamientos? Es posible que Pablo llegara mucho más lejos de lo que nosotros mismos somos capaces de aceptar hoy. En Gálatas 3:19 (RV60) Pablo dice:
“Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador”
Es inevitable notar el tono negativo con el que Pablo habla aquí de la ley. Una ilustración aún más interesante es la que tenemos en Romanos 7:1-6. La implicación del versículo 3 de ese texto es que es imposible vivir con ambos, Cristo y la ley. Debemos dejar uno para poder vivir con el otro. Para Pablo existe una incompatibilidad clara entre ambos. Parece que para él la ley solo te hace peor de lo que eres (Romanos 7:7-13), te muestra cómo eres de verdad, pero una vez cumplida esa función debemos aprender a vivir libres de toda ley. Y digo libres ya que, como dice Pablo en Gálatas 3:23, todo el que vive bajo la ley vive esclavo de ella. No solo eso: en Gálatas 5:6 y 6:15 llega a afirmar que incluso aquellas tradiciones y leyes más bíblicas y apreciadas no valen nada frente a la expresión amorosa de la fe.
Y yo me pregunto: ¿es posible que una gran parte del Cristianismo de hoy día se haya separado mucho de aquel evangelio, libre de la ley, que Pablo predicó? Me da la impresión de que un gran sector (en crecimiento) del Cristianismo actual depende de una mentalidad similar a la de un tutor que se encarga del indoctrinamiento de aquellos niños que no son suficientemente maduros como para pensar por sí mismos. Irónicamente esa es otra de las imágenes que Pablo usa para referirse a la ley, la del tutor (Gálatas 3:24). Para Pablo una vez que estamos en Cristo el tutor debe desaparecer. Sin embargo creo que esto no es lo que ocurre en muchas ocasiones cuando somos llevados a Cristo hoy día. Todo lo contrario: el tutor continúa diciéndonos cómo debemos vivir e interpretando la ley de la manera adecuada para que nosotros la sigamos.
No puedo pensar en una forma de vivir el Cristianismo más separada de la que Pablo predicaba en su evangelio que esa. Mientras que él esperaba que, en Cristo, los gentiles se volvieran mayores de edad (como indica en Gálatas 4:1-7), parece que hoy nos hemos empeñado en seguir comportándonos (y tratando a los demás) como críos. Estas imágenes me hacen pensar que para Pablo la ‘vida en el Espíritu’ no consistía en que el Espíritu le permitiera vivir con éxito una vida de mandamientos. Parece que Pablo no buscaba niños que se portaran bien sino adultos.
Gálatas: Historia de dos evangelios (I)
Noviembre 27, 2006
Pablo llegó a un acuerdo con los ‘pilares’ de Jerusalén para separar la primera misión cristiana en dos misiones paralelas: Santiago, Pedro y Juan irán a la circuncisión y Pablo a los gentiles. Lo encontramos en Gálatas 2:7-9. Lo más curioso de este texto es que en la mente de Pablo este acuerdo implica dos evangelios:
“…vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión” (RV60 Gálatas 2:7)
¿Cómo es posible que Pablo pensara que estas dos misiones tendrían dos evangelios distintos? La solución se encuentra en la diferencia entre los dos grupos a los que ambas misiones iban dirigidas. El grupo ‘de la circuncisión’ eran judíos cuya religión (a pesar de las caricaturas que se hacen de ella) estaba basada en fe y gracia. La persona justa vivía por medio de la fe en el sacrificio que Dios proveía. Esta comunidad ‘de la circuncisión’ también tenía algunas tradiciones bíblicas por medio de las cuales expresaban su identidad común: circuncisión, ley, Sabbath… Por supuesto estas tradiciones no se oponían la fe; entendidas de forma adecuada servían para fortalecerla. Sin embargo, de vez en cuando, los profetas tenían que recordar a su pueblo que el mensaje base de su religión era:
“No debe haber tradición, si no hay también fe”
Jesús de Nazarét compartió esta misma fe y así hicieron también los primeros cristianos que predicaron por primera vez el mensaje del Cristianismo: de judíos a judíos. Este evangelio no era distinto en su base al que predicaron los profetas de antaño. El mensaje seguía siendo que la persona justa vive por medio de la fe en el sacrificio que Dios proveía. Solo que este sacrificio se encontraba ahora, de forma plena, en el Mesías. Así los primeros cristianos creyeron en el Mesías y continuaron circuncidando a sus hijos, siguiendo distintas leyes alimenticias, observando el Sabbath, etcétera. De esta manera el primero de los dos evangelios tenía la misma base que el mensaje antiguo de los profetas:
“No debe haber tradición, si no hay también fe”
Pablo, por otro lado, creía que su misión era para aquellos que estaban fuera de su propia tradición judía: a los gentiles. Su evangelio a los gentiles, por tanto, era un poco distinto al evangelio que hasta entonces se había predicado a los judíos. Para los gentiles, que no tienen ninguna de las tradiciones judías, Pablo predica:
“No debe haber tradición, sino solo fe”
En otras palabras, Pablo no requería que sus convertidos gentiles fueran circuncidados, cumplieran leyes alimenticias o que observaran el Sabbath. Pablo había recibido su propia confirmación personal de que este era el evangelio adecuado para su misión por medio de la obra poderosa del Espíritu Santo en su ministerio. Y esto es lo que comunicó a los ‘pilares’ en Gálatas 2:7-9, decidiendo en ese punto seguir misiones separadas con evangelios distintos. Había, sin duda alguna, una gran sabiduría en esta división de misiones y separación de evangelios. ¿Qué pasó entonces en Gálatas? Sospecho que la ‘misión a los judíos’ apareció, de buena fe, en la misma ciudad en la que Pablo había fundado su iglesia gentil y predicaron su evangelio. El problema es que, para los cristianos gentiles de Pablo, ese no era el evangelio correcto.
Si esto es así, cuando pasamos a leer la carta de Gálatas deberíamos esperar leer una carta en tono más bien calmado en la que Pablo dijera a sus congregaciones gentiles que había habido un malentendido y que si hablaban con los de la ‘misión a los judíos’ y les preguntaban qué había pasado ellos les confirmarían que se habían equivocado de territorio. En su lugar lo que encontramos es una carta llena de violencia, un lenguaje extremo y un Pablo que se niega completamente a dirigir a sus congregaciones gentiles a que hablen con los de la otra misión – Pablo parece haber decidido no dar lugar a ningún tipo de autoridad a la ‘misión a los judíos’ en todo este asunto. ¿Por qué creéis que esto es así?
¿Podría ser que Pablo hubiera entendido algo distinto que los ‘pilares’ – Santiago, Pedro y Juan – cuando hablaron de separar las dos misiones? ¿Es posible que la ‘misión a los judíos’ no estuviera, después de todo, de acuerdo con Pablo y creyera que era necesario que los convertidos gentiles siguieran ciertas tradiciones bíblicas? ¿Es posible que los de la ‘misión a los judíos’ no hubieran pensado bien las implicaciones del evangelio que Pablo iba a predicar cuando le dieron su visto bueno y, más tarde, se dieran cuenta de que la posibles implicaciones de tal evangelio podían ser catastróficas para el Judaísmo? En ese caso el evangelio de Pablo, con todas sus implicaciones, no estaba siendo predicado en un contexto de feliz acuerdo entre todos los apóstoles como se está queriendo decir hoy día.
Juguetes
Noviembre 23, 2006
Hace unos días hemos recibido en mi casa el catálogo de juguetes para niños de Hipercor. Un chequeo superficial de los regalos para estas navidades muestra de forma obvia la manera en la que nosotros, los adultos, tratamos de construir a los futuros adultos y las futuras familias que gobernarán nuestro mundo: páginas color crema para niñas jugando con peluches, páginas azules para niños montados en motos o bicicletas, páginas rositas para niñas que juegan a planchar o hacer la comida, páginas verdes para niños que juegan a construir un gran barco pirata o un buen tanque de guerra. Es tan obvio que no sé como no me he podido dar cuenta antes. Roland Barthes tiene mucha razón cuando escribe en su artículo ‘Toys’, del libro Mythologies, que “todos los juguetes que solemos ver son esencialmente un microcosmos del mundo adulto”. Esta es la manera en la que enseñamos (o programamos) a nuestros hijos e hijas su posición en la sociedad, y el rol que se espera sepan cumplir llegado el momento. No vaya a ser que nos salgan… raritos.
Mejor enseñarles desde pequeños a aceptar lo que les viene dado. Como Barthes dice en ese mismo artículo: “El hecho de que los juguetes franceses literalmente copien el mundo de los adultos no puede conseguir otra cosa que preparar a los niños para aceptarlo… incluso antes de que puedan siquiera pensar acerca de ello”. Existen, por ejemplo, bebés que orinan, o que lloran hasta que se les da un biberón o les cambian los pañales. Así se puede ir preparando a las pequeñas futuras madres a que cuiden a sus hijitos y que sepan preparar un buen estofado a sus mariditos. Por supuesto, los niños que reciben todos estos condicionamientos sociales con forma de juguete pierden su capacidad de imaginar y crear cosas nuevas fuera de las cajas convencionales; ya no crean el mundo, solo lo usan: ya existen creadas para ellos acciones que no involucran nuevas y maravillosas aventuras. Todo ha sido ya creado para ellos y no requieren el ejercicio de sus mentes, ni siquiera un poquito; no vaya a ser que descubran algo nuevo que suponga un reto para el establecimiento social aceptado. Así son convertidos en imitadores de adultos y consumidores de productos de adultos en lugar de creadores de su propia identidad.
Supondríamos que ya que el texto sagrado del Cristianismo habla de forma muy positiva acerca de ‘ser renovados en nuestras mentes diariamente’ (Romanos 12) los cristianos se caracterizarían por promover el uso de juguetes menos convencionales y enfocados en permitir que los niños fueran creadores de su propia identidad en lugar de darles dichas identidades ya creadas desde fuera. Sin embargo no sé por qué sospecho que en muchos casos eso no es así: sospecho que muchos padres cristianos se sienten más bien cómodos con la idea de comprar cocinitas y tablas de planchar a sus hijas (¡pero nunca a sus hijos!) y balones de fútbol y motos eléctricas a sus hijos (¡pero nunca a sus hijas!). Sospecho que esto les dá un cierto poder que no quieren perder, el poder de controlar y moldear las mentes y las identidades de esos futuros adultos conforme a los patrones que ellos creen más adecuados. Sospecho que esto ocurre mucho y que llega a límites insospechados; y eso me dá miedo.
Eutanasia: Universal / Concreto
Noviembre 21, 2006
Si he de hablar de la eutanasia desde mi punto de vista cristiano, he de decir que como cristiano que entiende que el mensaje de Jesús es, fundamentalmente, un mensaje de Vida, mi tendencia es optar siempre por aquellas decisiones que involucren la mayor cantidad de Vida en cada situación. Estoy de acuerdo con Dag Hammarskjöld en su llamamiento a decir siempre ‘sí’ a la Vida. Uno de sus poemas, fechado el 6 de julio de 1961, dice:
Cansado
Y solo,
Tan cansado
Que duele el corazón
El agua derretida de la nieve resbala
Por entre las rocas.
Los dedos están entumecidos
Las rodillas tiemblan.
Es ahora,
Ahora, que no debes rendirte.
Mi propia experiencia también me dice que la búsqueda de Vida no siempre equivale a la búsqueda de comodidad, bienestar o salud. De hecho la Vida que procede del Espíritu de Dios no conoce límitaciones para emerger en cualquier situación, sea lo complicada y triste que sea. De hecho todo el mensaje del Cristianismo se basa en la Vida que procede del sufrimiento y la muerte del Mesías, por muy poca lógica que eso pueda tener – el Espíritu de Dios era conocido por aquellos que le esperaban como ‘el que levanta los huesos muertos del valle de la muerte’. Seguramente un Dios que elige dar Vida por medio de Su muerte en una cruz no está proclamando primeramente un mensaje de comodidad, bienestar y salud.
Por otro lado, no creo que sea posible decidir de antemano todos los casos de posible eutanasia que se dan en el mundo por medio de una serie de mandatos absolutos y aplicables a todos ellos. Entiendo que este tema se estará tratando, como dice Daniel en su comentario, en distintos ámbitos, desde distintas perspectivas y con distintas intenciones. Así, aquellos que estén, por ejemplo, intentando regularlos por medio de procedimientos legales dividirán los casos en subcasos e intentarán decidir las distintas categorías y las condiciones que cada una deba cumplir para poder aplicar leyes sobre ellas. Sin embargo, si lo que intentamos es ‘mantener una investigación general sobre lo bueno’, es decir, decidir si la eutanasia es buena o mala desde un punto de vista ético, el problema, tal y como yo lo veo, no puede ser decidido por medio de un conjunto de afirmaciones generales aplicables sobre todos los casos – ni siquiera aunque los dividamos en eutanasia pasiva y activa, ni aunque los dividiéramos en otros cientos de grupos abstractos que engloben numerosos casos concretos.
Wittgenstein lo expresa muy bien cuando dice: “La ética, de ser algo, es sobrenatural y nuestras palabras sólo expresan hechos, del mismo modo que una taza de té sólo podrá contener el volumen de agua propio de una taza de té por más que se vierta un litro en ella. He dicho que, en la medida en que nos refiramos a hechos y proposiciones, sólo hay valor relativo y, por tanto, corrección y bondad relativas”. Incluso, dice Wittgenstein, si uno de ustedes fuera una persona omnisciente y escribiera un libro que tuviera todas las descripciones de todos los movimientos de todos los cuerpos animados e inanimados del universo así como todos los estados mentales de todos los seres que han vivido, “tal libro contendría la descripción total del mundo” pero “no incluiría nada que pudiéramos llamar juicio ético ni nada que pudiera implicar lógicamente tal juicio”.
Así, la paradoja que siento en mi interior es: que aunque creo que existe un horizonte frente a mí que consiste en un llamamiento cristiano a la búsqueda de la Vida en toda circunstancia (que no implica necesariamente todo lo que el término ‘vida’ pueda querer decir en el diccionario español), por otro lado no creo que sea posible determinar a priori un conjunto de afirmaciones que tengan la capacidad de indicar lo que esta Vida pueda querer decir en toda situación concreta, ya que ningún estado de cosas tiene, en sí mismo, lo que me gustaría denominar el poder coactivo de un juez absoluto (aunque de hecho eso es lo que intentemos hacer cuando intentamos decidir las leyes a aplicar). No consigo evitar tener una tremenda incomodidad cuando leo acerca del Monseñor Thomas O’Brien, un pastor emérito de 83 años que sufrió un derrame que le dejó incapacitado para tragar, hablar o tomar cualquier alimento. Al quitarse quince veces el tubo nasal por el que se le alimentaba, un juez de Nueva York ordenó que se le pusiera uno fijo en el estómago. Y aunque el Monseñor fue examinado por cuatro psiquiatras que determinaron que podía tomar decisiones por sí mismo y de que su decisión era que no se lo pusieran, se decidió mantener el tubo. Finalmente O’Brien murió después de que le hubieran puesto el tubo. Y no creo que tal incomodidad vaya a desaparecer por llegar a poseer un libro que me diga que ‘en todos los casos en los que hay medios no naturales para mantener la vida, la eutanasia es moralmente buena’. Entiendo que una ley llegue a regular eso de esa manera, pero no consigo ver la conexión real entre esa regulación y una verdad ética absoluta.
No consigo ponerme del lado de Santo Tomás Moro, quien en su libro Utopia afirmaba que la eutanasia para los enfermos terminales debe ser un ingrediente necesario en la vida de una sociedad ideal, ni tampoco del lado de aquellos que usan a Hitler como ‘demostración’ de que una vez que empezamos a permitir un poco, todo lo demás viene detrás. Comprendo el sentimiento de incomodidad que tales personas sienten, porque creo que siento algo parecido, pero no creo que la solución sea optar por uno u otro lado ab initio y luego intentar convencer al resto por medio de argumentos mejor o peor desarrollados. “La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo sobre el sentido último de la vida, sobre lo absolutamente bueno, lo absolutamente valioso, no puede ser una ciencia”, afirma Wittgenstein, y yo añadiría que tampoco puede ser un libro de afirmaciones finales y absolutas sobre el tema. Creo que tales afirmaciones no son más (ni menos) que testimonios de una tendencia del espíritu humano a arremeter contra los límites del lenguaje, intentos de arremeter desesperadamente contra las paredes de nuestra jaula, que yo no puedo sino respetar profundamente.
No pretendo con esto acabar con el diálogo. Todo lo contrario: lo que intento que es dicho diálogo tenga lugar, pero de una manera abierta de verdad, donde las ‘autoridades’ que fundamentan nuestras opiniones sean reveladas de antemano. Sin duda más de uno se sentirá incómodo con este mensaje, sobre todo porque no ofrece una respuesta clara y definitiva acerca del asunto. Eso no me preocupa ya que cuanto más incómodos y confusos nos sintamos más probabilidades habrá de que no optemos por la solución más sencilla sin ni siquiera pensar en las consecuencias de nuestras decisiones.
Apunte sobre la eutanasia
Noviembre 16, 2006
El debate sobre la eutanasia está despegando. En este mensaje solo pretendo añadir un pequeño comentario acerca de un argumento que yo creo equivocado y que estoy viendo repetido en más de un mensaje, sobre todo por el poder retórico que tiene para ‘manipular’ las emociones de los que debaten.
Todo comienza con el programa de ‘eutanasia nazi’ (muchos creen que el término ’eutanasia’ no está correctamente utilizado en este caso) aprobado por Hitler (foto de copia, arriba). Todos sabemos los extremos a los que fueron llevadas ciertas premisas. El Doctor Leo Alexander, quien fue especialista en psiquiatría del Ministerio de la Guerra en los procesos de Nurenberg a los médicos nazis a mediados de los años cuarenta, en su artículo, ‘Medical Science Under a Dictatorship’, hizo la siguiente advertencia:
“Cualesquiera que sean las proporciones que estos crímenes asumieron finalmente, se hizo evidente a todos los que los investigaron que habían empezado desde comienzos pequeños. Los comienzos al principio fueron meramente un sutil cambio en el énfasis en la actitud básica de los médicos. Empezó con la aceptación de la actitud, básica en el movimiento pro de la eutanasia, de que hay tal cosa como una vida que no es digna de ser vivida. Esta actitud en sus primeras etapas se preocupó meramente por los enfermos graves y crónicos. Gradualmente la esfera de los que tenían que ser incluidos en esta categoría fue ampliada para abarcar a los que no producen en la sociedad, los ideológicamente no deseados, los racialmente no deseados y finalmente todos los que no eran alemanes. Pero es importante darse cuenta de que el primer paso hacia delante infinitamente pequeño del que recibió su impulso toda esta tendencia mental, fue la actitud hacia los enfermos no rehabilitables”.
Por supuesto no debemos olvidar que el paso de ciertas cuestiones aparentemente beneficiosas a esas devastadoras conclusiones no tuvo lugar en medio de un ambiente de debate abierto sino en medio de un entorno próximo a la dictadura. No fue otro sino Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, quien preparó minuciosamente la estrategia de la ‘eutanasia’ nazi con la ayuda de una película titulada ‘Yo acuso’. Seguramente tampoco ha ayudado mucho el hecho de que uno de los defensores más importantes de la eutanasia en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial haya sido Werner Catel, uno de los doctores nazis involucrados en los planes de Goebbels. Este es precisamente el contexto que debemos evitar que ocurra en nuestros debates: uno basado en el control, la manipulación y la imposición mental y física de ciertas conclusiones individuales por medio de estereotipos y conexiones inadecuadas.
El Doctor hace un comentario lícito de aviso acerca de la tremenda fragilidad con la que nuestras conclusiones éticas pueden ser manipuladas, desviadas y llevadas a consecuencias devastadoras que nadie podía prever al principio. Es por eso que los debates abiertos son necesarios e importantes. Y es por eso que debemos tener cuidado de no permitir (en la medida de lo posible) que dichos debates sean contaminados por medio de razonamientos equivocados o por medio de intenciones contrarias al bien común (por supuesto, nuestra fragilidad es patente incluso en los momentos en que debemos determinar qué significa ‘bien común’).
Igualmente peligrosa (y potencialmente monstruosa), yo creo, es una de las alternativas que más se están usando actualmente: aquella del miedo a las consecuencias (leed, por ejemplo, el artículo de Damián Muñoz, ‘Mar Adentro’, para ABC, del 10 de Septiembre del 2004). El intento de provocar ciertas decisiones basándonos en atemorizar por medio de argumentos como: “si hacéis algo similar a lo que hicieron ellos o consideráis preguntas que ellos también consideraron, entonces, dado que ellos acabaron muy mal, vosotros también lo haréis. Por tanto: no hagáis nada similar a lo que ellos hicieron ni consideréis preguntas que ellos consideraron”. Confío en que se vea con claridad que este tipo de argumentos es erróneo. El hecho de que yo haya cometido un error al sacar ciertas conclusiones partiendo de ciertas premisas (y haciendo gala de ciertas intenciones) no implica que dichas premisas estén equivocadas. Ese es el típico argumento usado por aquellos que dicen: “si comienzas a dudar de si una parte de la Biblia es o no Palabra divina, entonces acabarás dudando de todas y perderás tu fe (por no decir que irás al infierno), ya que eso es lo que les ha pasado a muchos”.
Por tanto, ahora que la conversación está despegando, tengamos cuidado (en ambos sentidos) con el tipo de razonamientos que usamos para expresar nuestras opiniones.
Una carta con mensaje
Noviembre 15, 2006
En respuesta a The End of Faith, Sam Harris recibió miles de cartas de cristianos insultándole por no creer en Dios. En su nuevo libro Letter to A Christian Nation (http://www.amazon.com/Letter-Christian-Nation-Sam-Harris/dp/0307265773), publicado este mismo año, Sam responde a tales críticas en tono razonable. Reproduzco parte de ese corto libro a continuación:
“Cuarenta y cuatro por ciento de los americanos están convencidos de que Jesús retornará para juzgar a vivos y muertos en los próximos cincuenta años. Según la interpretación más común de las profecías bíblicas, Jesús retornará solamente después de que las cosas hayan ido horriblemente mal en la tierra. Por tanto no es una exageración decir que si la ciudad de Nueva York fuera reemplazada por una bola de fuego, un considerable porcentaje de la población americana vería bordes plateados en una nube con forma de champiñón, como si lo mejor que les pudiera pasar estuviera a punto de ocurrir – el retorno de Cristo. Debería ser tremendamente obvio que creencias de este tipo harán poco para ayudarnos a crear un futuro preparado para durar – socialmente, económicamente, medio ambientalmente o geopolíticamente. Imaginad las consecuencias si algún componente importante del gobierno norteamericano creyera de hecho que el mundo está a punto de terminar y que su final será glorioso. El hecho de que casi la mitad de la población americana crea prácticamente eso, basados solamente en un dogma religioso, debería ser considerado como una emergencia moral e intelectual…”
Un pensamiento interesante. Como cristiano me pregunto cuál es la opción que nos queda si nos empeñamos en defender a ciegas y de forma tan contundente (normalmente ambas van juntas) ciertos dogmas en los que creemos (considerando que así es como muchos cristianos consideran que la fe debe ser vivida, de forma contundente, sin medias tintas). Considero que hay pocas conversaciones realmente abiertas entre cristianos con la intención de volver a mirar y reinterpretar ciertos textos, dogmas y tradiciones que resultan dañinos de formas distintas a las que estamos acostumbrados. Sin esas conversaciones estamos perdidos.
Voces desiguales (II)
Noviembre 13, 2006
Hace unas semanas tuve la oportunidad de escribir un mensaje en este mismo blog acerca del conflicto entre Pablo y Pedro que aparece reflejado en Gálatas 2:11-14 (http://www.otraiglesiaesposible.es/textoseideas/2006/09/29/voces-desiguales/). En él proponía un ejercicio de búsqueda de la voz escondida detrás del texto escrito por Pablo (entre líneas), la del apóstol Pedro, con la intención de cambiar el mensaje que muchos han predicado y comentado – uno acerca de la hipocresía de Pedro, Bernabé y, en fin, todos los que están en contra de Pablo que es quien escribe – para encontrar un conflicto mucho más complejo entre misioneros cuyo mensaje se vuelve más ambiguo y gris ante problemas concretos como los que Pablo y Pedro enfrentan de lo que muchos cristianos (que leen sus biblias esperando encontrar soluciones generales para todos los problemas) encontrarían deseable.
Recientemente el escritor Cesar Vidal ha publicado un mensaje en Protestante Digital (http://www.protestantedigital.com/new/lavoz.php?927) donde refleja una opinión similar a la mencionada más arriba, usando palabras como ‘hipocresía’, ‘conveniencia’ o ‘atemorizado’ para referirse a la actitud de Pedro sin siquiera darle el beneplácito de la duda. Más que repetir simplemente lo que dije en mi mensaje anterior, me interesa sobre todo comentar una afirmación que Cesar hace en su mensaje:
“T. W. Manson ha sugerido que el origen de aquel mensaje era el propio Santiago y que fue entregado a Pedro por medio de una persona. Sin embargo, tal tesis atribuye a las fuentes más de lo que nos dicen, puesto que atribuye a Santiago directamente lo que éstas relacionan sólo con alguno de sus partidarios”.
Me da la impresión de que Cesar está intentando separar el mensaje que parece que traen los que vienen “de Santiago” de las palabras que de hecho pudo decir el propio Santiago. Si es así, este intento de separación solo tiene sentido (de hecho se convierte en una prioridad) en aquellos que no puedan imaginar conflictos entre apóstoles misioneros (e inspirados) de tal amplitud que no sea sencillo determinar quién tiene razón y quién no (sobre todo cuando Pablo clama tenerla él). La solución que tales personas encuentran es sencilla: si se hecha la culpa a otros que nadie conoce (unos judaizantes) y se los demoniza lo suficiente, entonces el conflicto entre apóstoles desaparece (con un poco de suerte). En ese caso Pablo tiene razón cuando se enfrenta a esos malvados que tomaron unas palabras de Santiago – que por cierto eran perfectamente acordes con el mensaje de Pablo – y las sacaron de contexto (o las manipularon) y las utilizaron para sus propios intereses. Y Pedro y Bernabé (¿y quién sabe cuántos más?) tuvieron un momento de debilidad cristiana de hipocresía condenable pero perdonable. Y todo encaja bien en el cuadro cristiano tradicional y todos contentos.
El problema es que ‘las fuentes’ a las que Cesar se refiere (Gálatas 2:12) dicen que esos hombres venían “de Santiago”, y sigue siendo posible (casi obvio) que esos que venían “de Santiago” trajeran un mensaje que reflejara exactamente el que Pedro, Bernabé y otros entendieron que era, es decir, un mensaje que el mismo Santiago había mandado dar. Es más, sigue siendo posible que a Pablo le molestara que tal mensaje pudiera afectar negativamente a su misión a los gentiles (aunque fuera un mensaje completamente lógico desde el punto de vista de la misión a los de la circuncisión) y reaccionara como lo hizo en su carta.
No deja de ser irónico que Cesar mencione ‘las fuentes’ en su mensaje ya que, en este caso, las fuentes de que disponemos y que han llegado hasta nosotros muestran un hecho especialmente interesante. Existen una gran cantidad de variantes textuales en Gálatas 2:12 (lo que suele indicar problemas a la hora de interpretar un pasaje difícil de explicar y/o de entender). Una de ellas es muy iluminadora. Dice Gálatas 2:12 (NVI):
“Antes que llegaran algunos de parte de Jacobo, Pedro solía comer con los gentiles. Pero cuando aquéllos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los gentiles por temor a los partidarios de la circuncisión”.
Como observa Bruce Metzger, los más antiguos, mejores y más fiables manuscritos de que disponemos substituyen el plural “aquellos” por el singular “él” (“…pero cuando él llegó…”) – en este caso no fueron ‘ellos’ los que vinieron a ver a Pedro, sino ‘él’. La dificultad para explicar el singular ha hecho que muchos opten por el plural, pero esta no es ni mucho menos la lectura más obvia. Si hacemos caso a los mejores manuscritos que tenemos, lo lógico es poner un singular (así lo entiende, por ejemplo, Stephen C. Carlson). Así, muchos teólogos cristianos de antes (Orígenes) y de ahora (J.C. O’Neill) han entendido el texto como una referencia a una visita del propio Santiago.
En ese caso, sin embargo, la separación pretendida más arriba entre la autoridad divina e infalible de los apóstoles y los conflictos confusos y ambiguos que a veces percibimos en los textos resulta bastante más complicada de encontrar. Si Santiago visitó a Pedro y ayudó a promover un mensaje más consonante con su misión a los judíos, y Pablo se enfadó con ellos por fomentar un mensaje que hacía daño a su misión a los gentiles, es normal que Pablo quisiera lavar su imagen en su carta a los Gálatas. Otra cosa es que fuera totalmente ‘justo’ (usando categorías contemporáneas) con sus colegas misioneros. Quizá esa particular amargura aparece reflejada en los versículos anteriores (2:1-10) donde cada vez que Pablo menciona a ‘los pilares’ parece hacerlo con cierto disgusto.
Lo gracioso de todo este asunto es que, en lugar de estar defendiendo la autoridad divina de los apóstoles, al final es posible que los que pretenden encontrar tal separación no estén más que intentando aplicar ciertos conceptos de pulcritud más propios del occidente actual que de la época y el contexto de Pablo, Pedro y compañía. Es posible (y Philip Esler ha entrado un poco en este asunto) que en aquella época las cuestiones de honor personal, incluso entre apóstoles, fueran mucho más importantes de lo que lo son hoy y que tanto engaños como venganzas fueran más honorables entonces de lo que hoy parecen serlo. En cualquier caso parece obvio que lo que ambos grupos de apóstoles están dispuestos a hacer tiene su motivo principal en conseguir que su misión particular tenga éxito. ¿Y no se trataba, y al fin y al cabo, de eso?
Ted
Noviembre 7, 2006
La reciente noticia que ha ocupado muchos titulares en periódicos, informativos y revistas es la protagonizada por Ted Haggard, antiguo pastor principal de New Life Church (iglesia que él mismo comenzó en su garaje). Es triste pero cierto que nunca faltan personas que encuentran muy sencillo hacer fuego del árbol caído. Así, distintos grupos no se han cortado ni un pelo a la hora de dar su veredicto acerca del ‘caso Ted’, de una u otra forma. Desde luego, es mucho más fácil juzgar que confesar.
Uno de tales ejemplos es el pastor Mark Driscoll, presidente de Resurgence.com (un ministerio de enseñanza de la Iglesia Mars Hill – http://www.marshillchurch.org/). Viene a sugerir que las mujeres de los pastores a menudo reducen su disponibilidad sexual hacia sus maridos, provocando que estos reciban más tentaciones. ¿Creéis que me lo estoy inventando? Podéis leerlo en http://theresurgence.com/md_blog_2006-11-03_evangelical_leader_quits. ¡Cuánto tienen que aprender esos ‘jueces’ de improviso al leer, por ejemplo, la carta que Ted ha dirigido a su congregación! – todo un ejemplo de humildad capaz de tocar cualquier corazón que aún pueda ser tocado (http://www.gazette.com/display.php?id=1326184).
Ahora que Ted ha decidido ponerse bajo terapia (creo que en manos evangélicas), a partir de ahora pueden ocurrir varias cosas. Dos de ellas podrían ser:
a) que Ted vaya a terapia durante un tiempo (indefinido) y se de cuenta de que no puede cambiar esa condición que tiene, aceptándola y aprendiendo a vivir con ella el resto de su vida, o bien
b) que Ted vaya a terapia y acabe escribiendo un best-seller acerca de su experiencia y recorra iglesias evangélicas donde hable de su recuperación, dejando impresionados a muchos cristianos evangélicos conservadores (que sin duda comprarán su libro).
Confiemos en que ocurra lo mejor tanto para él como para su familia. Y no solo eso. Confiemos también en que, pase lo que pase, los resultados de su experiencia personal no sean utilizados por personas insensibles a la realidad social en la que vivimos – personas que lo mismo un día te están alabando y animando como el siguiendo te están insultando y juzgando indiscriminadamente – como un ejemplo aplicable al resto de las personas que viven con problemas similares.


