‘Nuevo’ Jesús

Octubre 30, 2006

Después de los Jesuses de Scorsese, Gibson y compañía, el pasado viernes se estrenó un nuevo Jesús, esta vez negro. Se trata de Color of the Cross (http://www.colorofthecross.com/), escrita, producida y protagonizada por el director Jean Claude LaMarre. La intención, por supuesto, es retar la imagen tradicional de un Jesús blanco occidental y reclamar la posibilidad de utilizar un hombre negro para representarle.

Desde luego, que Jesús no era blanco occidental parece algo obvio (por mucho que los directores de películas de Jesús no parezcan darse cuenta), sobre todo por la zona en la que vivía. El hecho de que ningún director de cine se haya atrevido nunca a representarle utilizando una persona negra es, cuando menos, sorprendente – solo pensad en lo que no se haya dicho a estas alturas acerca de Jesús.

Respecto a las interpretaciones que se hacen de los últimos días de Jesús y de las razones de su muerte habrá, como es normal, muchas opiniones distintas. Sin necesidad de aceptar que la crucifixión tuvo motivos raciales en su base, desde luego aquí tenemos una nueva relectura de los evangelios que merece ser considerada.

Algunas preguntas…

Octubre 30, 2006

El obispo John Shelby Spong escribió lo siguiente en su Resurrection: Myth or Reality?:

“Si no podemos creer en la resurrección de Jesús a menos que aceptemos las descripciones fantásticas que aparecen en los evangelios, entonces el Cristianismo está perdido. Porque esa visión de la resurrección no es creíble, y si eso es todo lo que hay, entonces el Cristianismo, que depende de la verdad y autenticidad de la resurrección de Jesús, tampoco es creíble”.

Para entender bien lo que el obispo quiere decir voy a usar un ejemplo un tanto parecido con el que yo mismo estoy luchando…

¿Necesito creer en la ascensión de Cristo tal y como se explica en el libro de Hechos para ser cristiano? Y si llegara a creer que lo que se describe del libro de Hechos está basado en una forma de entender el universo completamente distinta a la nuestra y que yo no me veo capaz de aceptarla, ¿no tengo más remedio que olvidar mis conocimientos actuales acerca del universo y aceptar esa narración con los ojos cerrados? Y si cerrar mis ojos solo provoca un sentimiento de hipocresía y una falta de integridad en mi interior que afecta seriamente a mi conciencia, ¿es esa la única solución? ¿Estoy condenado a elegir entre ser un hipócrita o un hereje? ¿Y qué opción de esas dos me libraría más del ‘lago de fuego’? Porque la tradición cristiana dice que ninguno de esos dos grupos son ‘aceptables’ para Dios, ¿no? Entonces, ¿no me queda más remedio que procurar programar mi mente para nunca más preguntar nada que pueda suponer un reto serio a los dogmas de fe que he aceptado sin pensar? ¿Acaso me pide Dios que cierre mis ojos y mi mente a los conocimientos que adquiero?

Me pregunto si el Dios del Cristianismo prefiere que creamos dogmas de fe sin pensar o que nos persuadamos de ellos (si eso fuera posible). Me pregunto si el Dios del Cristianismo nos pide que creamos lo que leemos en los textos a ciegas y que no los escudriñemos con mucho cuidado. Me pregunto si el Dios del Cristianismo desea que seamos como niños que solo pueden beber leche o como adultos que son capaces de comer alimento sólido. Porque esas dos posibilidades son tan distintas…

Así que, ¿cuál es tu respuesta? ¿Debo creer en la ascensión tal y como aparece en el libro de Hechos? Y según respondas a esta pregunta entenderé el tipo de Dios en el que crees.

Conspiración

Octubre 28, 2006

Somos animales de costumbres. Aún recuerdo cuando, en cierta ocasión, leí en mi iglesia el Salmo 23 desde la Nueva Versión Internacional de la Biblia: uno de los que estaban en la reunión levantó su voz y dijo, ‘Ese no es el Salmo 23, ¿verdad?’ Por supuesto las palabras no eran las mismas, pero el sentido no había cambiado en absoluto. Y ese mismo sentir se da una y otra vez cada vez que aparece una nueva versión de la Biblia. Normalmente muchos la miran con recelo y melancolía, como si estuviera intentando arrebatarles algo que tenían y les era muy querido. Nada más lejos de la verdad. El teólogo K. Stendahl concluyó uno de sus más conocidos artículos con el comentario, “hay pocas cosas que sean tan liberadoras y creativas en la teología moderna que una clara distinción entre el ‘original’ y la ‘traducción’ en cualquier época, la nuestra incluída”. Así ocurre con las nuevas traducciones y versiones de la Biblia; son nuevas lecturas que pueden resultar tremendamente liberadoras (aunque solo sea para ayudarnos a ver que la traducción que ‘adorábamos’ antes no era más que otra traducción más).

Por eso es triste cuando se escriben artículos demasiado agresivos (como el mencionado en el mensaje anterior) que lo que pretenden es eliminar tal fuerza liberadora y demonizar alguna nueva versión bíblica como si su única intención fuera la de atarnos y desviarnos de la fe verdadera. Es casi increíble que alguien pueda pensar que personas que han dedicado muchos años de sus vidas a conseguir una nueva versión de la Biblia pudieran tener como único objetivo el desviarnos a todos de la verdad que dicho libro pretendía comunicar. Sin embargo esa misma actitud se ha repetido en muchas ocasiones, y a veces con resultados desastrosos para las vidas de aquellos que decidieron retar la ‘traducción aceptada’ por la mayoría.

Eso le ocurrió, por ejemplo, a un estudioso bíblico que vivió entre los siglos XVII y XVIII y que se llamaba J.J. Wettstein. Dos años después de acabar su tesis en la universidad de Basel y de expresar en ella su convicción de que las diferencias existentes entre los manuscritos de los textos bíblicos “no pueden tener ningún efecto que consiga debilitar la verdad e integridad de las Escrituras”, fue invitado a Inglaterra y allí se le concedió acceso total al códice Alejandrino. Una pequeña porción del códice llamó mucho su atención. Se trataba de 1 Timoteo 3:16, que había sido usado en numerosas ocasiones por pensadores ortodoxos para proclamar que el N.T. llamaba a Jesús: Dios. Wettstein observó algunos problemas con este corto versículo, particularmente con la parte que dice “Dios fue manifestado en carne”. La palabra usada para decir Dios era una abreviatura (llamada nómina sacra) que reducía las cuatro letras THEOS a dos, TH y S (comparar las dos de arriba – la que ha sido cambiada a la izquierda). Lo que Wettstein notó al examinar el manuscrito era que la línea horizontal que se había dibujado sobre la palabra (la línea que indicaba que la palabra era una abreviatura) había sido escrita con una tinta distinta a la que se usaba para el resto del texto y, por tanto, parecía haber sido añadida más tarde por un escriba. Además, la pequeña línea horizontal que tenía que aparecer en el medio de la letra TH (que se escribe como un círculo con una pequeña línea horizontal en el medio) no era realmente parte de esa palabra sino que era tinta que procedía de la parte de atrás del manuscrito y que lo había atravesado dando la sensación de pertenecer a esta cara del mismo. Es decir, que en lugar de ser TH y S (como abreviatura de Dios), era simplemente O y S, lo que convertía nuestro texto en “El fue manifestado en carne”. Así lo pone la NVI, ya que esta versión hace uso de un mayor número de manuscritos de los que se usaron para realizar nuestra Reina-Valera (como el códice Alejandrinus). No se trata, pues, de ninguna conspiración; es más bien la posibilidad de comparar más fuentes a la hora de traducir y de ser honesto a la hora de elegir la traducción más cercana al original.

Wettstein prosiguió su investigación y encontró que nuestro N.T. contiene un gran número de fenómenos similares a este, donde manos ‘ortodoxas’ habían añadido textos e introducido interpolaciones para, por un lado asimilar o harmonizar un mensaje en muchos casos ambiguo con las doctrinas que la mayoría aceptaba o con la cultura reinante, y por otro luchar contra ‘herejías’ que se aprovechaban de esas ambiguedades para retar las enseñanzas ortodoxas de la época. Esto sucedía, por ejemplo, con Lucas 2:33 donde tanto la versión Dios Habla Hoy como la NVI se refieren a “el padre y la madre” de Jesús mientras que la Reina Valera de 1960 habla de “José y la madre”, por razones obvias.

Cuando nos damos cuenta de que esto ocurre en nuestras biblias, hemos de ser capaces de aceptar que cuando alguien dice, por ejemplo, que el texto de la mujer adúltera de Juan 7:53-8:11 probablemente no fue escrito por el autor de ese evangelio no se está uniendo a ‘los liberales’ en una conspiración contra la verdad del evangelio sino que está más bien reflejando los hechos que se dan en nuestros manuscritos que muestran que dicha historia debió ser insertada de forma tardía por los escribas, que no parecían saber muy bien donde meterla. ¿Las evidencias? Sirva mencionar que: este texto no está en los manuscritos más antiguos y mejores de Juan, su estilo de escritura es muy distinto del del resto del evangelio, incluye palabras y frases que no vuelven a aparecer en el evangelio y, en algunos manuscritos, aparece después de Juan 21:25 y en otros después de Lucas 21:38. La pregunta que esta evidencia nos deja es: si no fue escrito por ningún evangelista, ¿debería ser considerada parte de la Biblia? Yo no voy a responder a esto (aunque a mi me gusta mucho la historia).

No es necesario decir que las conclusiones de Wettstein levantaron ampollas entre los pensadores conservadores y ortodoxos de su época, quienes le acusaron de infinidad de cosas. Y aún hoy no parece que hayamos aprendido mucho de esos errores. Así, cuando aparece una nueva versión, como la Dios Habla Hoy o la NVI (que solo son nuevas en virtud de disponer de un mayor número de manuscritos con los que contrastar los textos) reaccionamos muchas veces como si los traductores de estas nuevas versiones no tuvieran otra intención que atacar nuestra fe y hacernos daño a nosotros y a Dios – como si los traductores decidieran quitar y poner versículos al azar o siguiendo una conspiración oculta y satánica que pretendiera minar la deidad de Jesús. ¿A nadie se la ha pasado por la cabeza que quizá dicha deidad tenía un caracter mucho más ambiguo en esos primeros años del Cristianismo de lo que se quiere aceptar hoy? Ya sé que está de moda eso de ver conspiraciones debajo de cualquier piedra, pero quizá debamos empezar a cambiar la mentalidad y aprender de las palabras de Stendahl que ya he mencionado: quizá las nuevas traducciones también puedan servir como fuentes de liberación, tanto de textos antiguos pero equivocados, como de tradiciones que no reflejan la verdad del mensaje original de Jesús.

Nueva Biblia

Octubre 26, 2006

Si ya hubo voces hace años que se levantaban en contra de la maléfica NIV (o NVI = Nueva Versión Internacional de la Biblia, dependiendo del país donde estemos) como un intento de las fuerzas del mal por atacar el mismísimo centro de nuestra fe, esta nueva versión sí que va a traer cola (por cierto, a modo de digresión, ¿alguien sabe si los dos ‘Cesar Vidal’ que aparecen mencionados en estos dos artículos son la misma persona: http://www.teneyi.net/cici/crecimiento_interior/palabra/conspiracion.html, http://www.libertaddigital.com/php3/opi_desa.php3?cpn=17024?). La versión a la que me refiero ahora es la reciente: Good As New: A Radical Retelling of the Scriptures, traducida por John Henson y la Comunidad ONE por la Exploración Cristiana.

Como siempre, hay opiniones para todos los gustos. Desde luego es cierto que hace uso de un lenguaje muy actual:

“Algunos de vosotros tenéis hijos. ¿Darías a tu pequeña o tu pequeño una piedra si te pidiera un caramelo? ¿O veneno si te pidiera un zumo?”

La forma ‘políticamente correcta’ que los traductores han elegido a la hora de traducir ciertos términos, así como la manera de hablar de posesiones, demonios y el diablo mismo, están levantando ampollas en algunos sectores. Aquí está la transfiguración:

“Contra el claro cielo él pareció muy distinto, con su tez morena y sus vestiduras blancas reflejadas por la brillante luz”.

Por supuesto, todo esto se está viendo, una vez más, como un intento de atacar el corazón del evangelio. Uno de los sectores que se piensa que están siendo favorecidos en la traducción es el de los homosexuales. Por ejemplo, el tan usado (a veces muy mal usado, por cierto) pasaje de Romanos 1 ahora se convierte en:

“Dios les dejó que persiguieran sus deseos egoístas. Las mujeres usaron sus encantos para conseguir sus propios fines. Los hombres, en lugar de ser amigos, se explotaron sin piedad unos a otros”.

¿Es este libro una herejía que puede terminar con nuestra fe, o un intento de releer algunas historias que, aunque aprendidas de memoria, ya no parecen afectar a aquellos que las leen? Seguro que habrá muchas y muy diversas opiniones. Pero una cosa es cierta y no la deberíamos perder de vista: todas las versiones bíblicas de los manuscritos que tenemos son ‘versiones’ (o colecciones) manipuladas (en el buen sentido de la palabra) e interpretadas de lo que pudo ser el mensaje verdadero. La versión de Henson es una reinterpretación tan obvia con cambios tan claros que resaltan, lo cual, lejos de ser peligroso, yo pienso que convierte esta versión en menos peligrosa que otras que parecen decir la verdad original del evangelio. No olvidemos que todo lector está interpretando desde que comienza a leer.

Dios de la oscuridad

Octubre 24, 2006

Otro 24 de octubre, este de 1989, el tele-evangelista y líder de la teología de la prosperidad, Jim Bakker, fue sentenciado a 45 años por fraude – por haber prosperado de manera irregular. Solo estuvo 5 de esos 45 años en prisión, pero aún así encontró tiempo de escribir un largo libro titulado, Estaba equivocado, en donde se explica todo lo que lo necesitas saber acerca de la teología de la prosperidad.

Sin embargo, lo que puede que no sepamos es que todos tenemos bastante de esa teología dentro de nuestro Cristianismo (aún sin estar cometiendo fraude). Piénsalo, ¿nunca has oído?…

- ¿Estás enfermo? Ora para sanarte, ya que Dios no puede querer que estés enfermo. Y si oras y no te sanas, ¿no estarás en pecado?

- ¿Dejas el ministerio? Eso debe ser porque estás lejos de Dios. Ora para que El te ayude a arrepentirte. Y si oras y aún decides dejarlo, ¿no será que el enemigo te está atacando?

- ¿Tienes dudas? Eso es porque no estás cerca de Dios. Si oras El te resolverá todas tus dudas. Y si no te las resuelve, entonces es que no estás escuchando bien.

- ¿La muerte de un ser querido ha tambaleado tu fe? Eso es porque no era suficientemente fuerte. Si lo hubiera sido nunca habrías tenido dudas en esos momentos.

Y así podemos seguir mostrando las afirmaciones de ‘los que nunca dudan’ – simplemente porque nunca piensan. Esa es la otra ‘teología de la prosperidad’: la que no puede aguantar ni escuchar las dudas de los demás ni sus muchas preguntas (muchas veces por miedo a que tales dudas se reproduzcan en ellos). Y sin embargo esa es una teología muy distinta de la que Cristo nos dejó. Pablo vivió con un aguijón en su carne que Dios no le sanó. Elías decidió dejar su ministerio en una cueva después de una mala racha. Alguien tuvo la ‘desfachatez’ de introducir el Salmo 88 en el libro de oraciones de Israel, una oración llena de dudas de todo tipo. Y C.S. Lewis escribió, después de la muerte de su esposa, un libro titulado, A Grief Observed, que al leerlo se te ponen los pelos de punta ante las terribles dudas y preguntas que su autor dirige al mismísimo Dios.

El Dios del Cristianismo de Cristo es el Dios de la cruz; Aquel en cuyos labios el evangelista ponía el grito: “Padre, ¿por qué me has desamparado?”. Aquel que se dice que sudó sangre en el jardín mientras oraba. Y este es el Dios que muchos cristianos continúan experimentando hoy. Juan de la Cruz hablaba de ‘la noche oscura del alma’, aquella en la que Dios no responde, aunque oremos con el corazón roto y abierto; aquella en la que somos más vulnerables a las críticas y las ironías de aquellos que no saben siquiera que tales noches pueden existir. Esas son las noches en las que aprendemos a ver la (otra) cara verdadera de nuestro Dios. En Isaías 45:3 Dios se presenta como El que contiene los “tesoros de la oscuridad” y “las riquezas ocultas de los lugares secretos”. Aquellos que aprenden a descubrir a este Dios, son los que aprenden a conocerle.

¿Solo una broma?

Octubre 23, 2006

En febrero del 2006 Della Sentilles escribió un corto artículo para The Yale Herald en el que pretendía explicar que el ‘feminismo’, aunque muchos creen que ya no está de moda, es todavía una necesidad muy relevante en infinidad de contextos de hoy en día (http://www.yaleherald.com/article.php?Article=4538). Una de las muestras claras de que aún no hemos aprendido a tratar a todos de igual manera es la continua presencia de actitudes sexistas en nuestra sociedad. Y una de las formas más peligrosas en que dichas actitudes aparecen reflejadas es en el uso de ‘bromas sexistas’. Como dice Della, “las bromas sexistas, aunque son bromas, también son sexistas”. Y estas abundan.

Aún me pregunto qué será necesario para que nos demos cuenta de que una ‘broma sexista’ pretende hacernos creer que una realidad opresiva que produce mucho dolor en nuestro mundo también puede ser algo gracioso. Es como si de alguna forma, por llamarlo ‘broma’, pudiéramos utilizar cualquier motivo sea cual sea: guerra, violación, muerte… – una muestra más de la terrible superficialidad en la que nos hemos acostumbrado a vivir. Ya conocemos cuál era la actitud de Jesús cuando se tenía que enfrentar a un grupo de hombres donde abundaba la testosterona (con o sin piedras); sospecho igualmente que él no habría encontrado nada graciosas posibles bromas enfocadas (implícita o explícitamente) en ‘aclarar la posición adecuada’ de la mujer en la sociedad. ¿Y tú?, ¿vas a reafirmar esas bromas con tus risas?

Lobo vestido de cordero

Octubre 19, 2006

Siendo, como es, extremadamente difícil encontrar fósiles de cualquier tipo, es curioso que año tras año los ‘huecos’ del registro fósil se sigan llenando. Si hace un tiempo hablaba de Tiktaalik, el pez-cocodrilo, esta vez tengo que hablar de Gogonasus, el fósil de un tipo de pez de 380 millones de años de antigüedad encontrado al oeste de Australia. Un poco anterior a Tiktaalik, Gogo muestra muchas características similares a los peces pero en estado intermedio de transición hacia un animal terrestre. Por ejemplo, mientras que Tiktaalik se parecía mucho más a un anfibio, Gogo realmente parece un pez. Solo por medio de cuidadosos análisis se observan pruebas de esa transición. “Este particular pez es un poco como un lobo disfrazado de cordero”, dice el Dr. John Long, del museo Victoria (http://au.news.yahoo.com/061018/21/10yx5.html).

Las evidencias se amontonan en contra de aquellos que prefieren creer en el ‘Dios de los huecos’.

Gadgets para Dios

Octubre 18, 2006

Si quereis primero reir y luego reflexionar, os recomiendo una visita rápida a la siguiente página:

http://ship-of-fools.com/Gadgets/New/index.html 

Las fotos hablan por sí mismas. En ella encontrareis una serie de artilugios que se venden para ‘recordarnos’ nuestra fe en Dios en todo momento. No puedo creer que ese sea el mejor uso que algunos cristianos puedan hacer de su dinero pero si hay mercado es, desde luego, porque hay demanda. ¿Nos habremos separado tanto ya del mensaje de Cristo?

Hace unos años tuve el privilegio de asistir a una de esas clases que te cambian la vida de uno de mis profesores de Nuevo Testamento, Jim Bewick. La clase era acerca de la autenticidad del evangelio de Mateo. A continuación reproduzco gran parte del material de esa clase (con su consentimiento, por supuesto). El objetivo de este último mensaje sobre ‘inspiración’ es que nos demos cuenta de hasta qué punto los criterios tradicionales que ayudan a determinar los libros canónicos pueden ser cuestionados por una mente abierta y honesta. Debe quedar claro que al cuestionar estas cosas no estamos haciendo nada que no hicieran antes los padres de la reforma (entre muchos otros)…

La historia del llamamiento de un recaudador de tributos públicos se encuentra en Mateo 9 y Marcos 2 (también en Lucas, que en este punto sigue a Marcos). En Mateo el nombre del recaudador es Mateo, pero en Marcos es ‘Leví, hijo de Alfeo’, y en otros manuscritos de Marcos, ‘Santiago, hijo de Alfeo’.

No es probable que Marcos hubiera cambiado el nombre de uno de los Doce a otro nombre más oscuro (de hecho, en la lista de discípulos de Marcos, Mateo es Mateo: Marcos 3:18). Es más probable que el evangelio de Mateo esté usando la misma historia de que disponía Marcos, pero convirtiendo a Mateo en su personaje principal. En ese caso se vuelve muy improbable que Mateo (uno de los Doce) fuera el escritor del evangelio de Mateo – ¿quién tomaría prestada la historia del llamamiento de otra persona si podía simplemente utilizar la suya propia?

Por tanto, lo más probable es que el evangelio de Mateo haya sido escrito ‘en honor’ a Mateo, quizá después de su muerte, posiblemente en alguna fecha después del 70 C.E. De este modo nuestro evangelio de Mateo no ha sido escrito de primera mano por un testigo visual de los acontecimientos que relata, sino que es más bien una recopilación secundaria de fuentes anteriores.

La evidencia apunta a esto mismo. Aquellos manuscritos de Marcos que llaman al recaudador de tributos ‘Santiago, hijo de Alfeo’ demuestran el deseo y la voluntad de asociar esta historia con uno de los Doce. Este habría sido también el deseo expresado por el autor del evangelio de Mateo. Una razón para tal cambio parece sugerirse en Mateo 10:3: crucialmente, el evangelio de Mateo (que no el de Marcos o Lucas) contiene información inédita de que Mateo era recaudador de tributos. Así la historia del llamamiento de un recaudador de tributos se toma prestada de forma reverente para meter en escena a este recaudador llamado Mateo.

Un exámen cercano de otras partes del evangelio revelan señales de su compilación a partir de otras fuentes escritas.

Por último, hemos de mirar a las referencias a Mateo tomadas de Eusebio en su Historia de la Iglesia:

3:24 Mateo había empezado predicando a los Hebreos; y cuando decidió ir a otras gentes también decidió escribir su evangelio en su propia lengua nativa para que aquellos que ya no iban a estar con él pudieran llenar el hueco de su ausencia (¿Cambió Mateo de una misión judía a un gentil, y este evangelio en honor a él procura recordar esas dos preocupaciones?)

3:39 De Mateo él (Papias) tiene esto que decir: “Mateo recopiló los Dichos en la lengua Aramea y todos los tradujeron tan bien como pudieron”

5:8 Mateo publicó un evangelio escrito para los Hebreos en su propia lengua, mientras que Pedro y Pablo estaban predicando en Roma y fundando la iglesia allí

5:10 …incluso había por aquellos tiempos muchos evangelistas de la palabra ansiosos por contribuir al fervor inspirado apostólico para el incremento y edificación de la divina palabra. De estos Pantaenus era uno: está registrado que fue a la India donde encontró que el evangelio de Mateo había llegado antes que él y estaba en manos de algunos de allí que habían llegado al conocimiento de Cristo. Bartolomé, uno de los apóstoles, les había predicado y había dejado el evangelio con ellos escrito en caracteres hebreos y había sido preservado hasta el tiempo de Pantaenus

6:25 En la primera parte de su Comentario sobre Mateo, mientras defendía el canon de la Iglesia, él (Orígenes, 185 – 254 C.E.) testifica que conoce cuatro evangelios solamente. Esto es lo que dice: “Acepto la idea tradicional de los cuatro evangelios que son claramente auténticos en la Iglesia de Dios en la tierra. El primero de ellos fue el que escribió quien una vez fue recaudador, luego hecho apóstol de Jesucristo – Mateo; fue publicado para creyentes de origen judío, y fue compuesto en Arameo”

Un historiador como Eusebio es solamente tan bueno como sus fuentes. Para decidir aconsejo que echeis un vistazo a la ‘correspondencia’ que reproduce entre Agbar el Toparca de Edessa y Jesús, en 1:13.

Un dato más que recuerdo de aquella clase se refiere a un hecho un tanto gracioso. Se encuentra en Mateo 21:7 y se refiere al momento en que Jesús decide sentarse sobre ‘dos animales’. Por supuesto el escritor del evangelio está citando Zacarías 9:9 donde se mencionan dos animales en paralelismo hebreo (que era un modo de rima bien conocida por los escritores judíos). Sin embargo parece que nuestro autor no pilla la rima (al contrario que Marcos 11:7) y sienta a Jesús literalmente sobre ‘ellos’, convirtiendo la escena en un momento un tanto incómodo para todos.

Aunque no mencionados en esa clase, otros posibles errores – casi imposibles si el autor hubiera sido judío – han sido observados en Mateo 23:35 (comparar con 2 Crónicas 24:20-21) o, aún más claro, en Mateo 27:9-10 (donde todos los manuscritos que disponemos confirman que el autor debió confundir los nombres de Jeremías y Zacarías). Respecto a este último texto el mismo Lutero preguntaba, “¿por qué atribuyó Mateo este texto acerca de las treinta piezas de plata al profeta Jeremías, si la profecía está en Zacarías?”. Y su respuesta era, simplemente, que el autor confundió los nombres. Me pregunto cuántos judíos cometerían un error así.

Cuanto más leamos del evangelio más evidencias aparecerán de las distintas manos envueltas en la construcción y recopilación de este maravilloso libro cuyo uso Mateo probablemente habría aprobado. Desde luego esta manera de leer la Biblia nos obliga a reconsiderar nuestra definición del concepto de ‘inspiración’ y a buscar una nueva definición menos basada en el literalismo y autenticidad de los libros ‘canónicos’ y más enfocada en su utilidad práctica dentro de las comunidades cristianas tanto de antes como de ahora. Después de todo es el Espíritu el que está vivo, no el texto.

Ni que decir tiene que existe un concepto de ‘inspiración’ que depende directamente del número de libros que hay en la Biblia: es precisamente cuando decidimos que un libro pertenece al canon que determinamos que es inspirado – solo son inspirados aquellos libros que pertenecen al canon. En su libro Evidence that Demands a Verdict, Josh McDowell nos avisa diciendo que “una cosa que debemos tener en mente es que la iglesia no creó el canon o los libros que consideramos hoy que pertenecen a las Escrituras. En su lugar la iglesia reconoció los libros que habían sido inspirados desde su comienzo. Estos fueron inspirados por Dios cuando fueron escritos”. Sin embargo si miramos a la historia de la formación del canon este concepto de inspiración que determina de forma clara qué libros son canónicos no resulta tan evidente.

La idea de formar un canon ortodoxo apareció como consecuencia del incremento de escritos y movimientos cristianos y de la diversidad entre ellos. Primero Basílides (135 C.E.), luego Marción (144 C.E.) y más tarde los adherentes del movimiento llamado Montañismo (156 C.E.) compusieron escritos donde se pretendían decidir estas cuestiones. Hacia la mitad de siglo II comenzaron a aparecer respuestas a esos intentos enfocadas en determinar un canon ortodoxo cristiano – algunos consideran que el primer intento fue el de Tatiano, en torno al 150 C.E. Sin embargo, en su Diatessaron – una armonización de los cuatro evangelios que él consideraba como canónicos – encontramos frases muy próximas al Evangelio de los Hebreos y al Protoevangelio de Santiago, lo que indica que ‘su lista de cuatro evangelios’ debía ser bastante distinta a la nuestra.

Tales intentos continuaron, cada uno proveyendo listas distintas de posibles grupos de libros ‘canónicos’. En este contexto algunos piensan que fue escrita la lista conocida como ‘canon Muratorio’, muy difícil de fechar y llena de polémicas contra movimientos heréticos (curiosamente ninguno de los escritores de la época parece conocerla). La lista introduce muchos de los libros que tenemos hoy en nuestras biblias, además del Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro y el libro de la Sabiduría de Salomón. Por su parte, Orígenes añade a su lista de libros canónicos el Evangelio de Pedro y llama al Pastor de Hermas ‘divinamente inspirado’; al igual que Clemente, su tutor, Orígenes también introduce la Didache y la Carta de Barnabás como canónicas. A su vez él dudaba de la canonicidad de 2 Pedro, 2 y 3 de Juan y, más tarde, de la Carta a los Hebreos. Tertuliano aceptaba también el Pastor de Hermas como canónico, y Cipriano rechazaba la canonicidad de Filemón, Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 de Juan y Judas.

Incluso en el 327 C.E., cuando Eusebio publica su Historia de la Iglesia y dos años después del Concilio de Nicea (donde se había establecido un Credo ortodoxo para el mundo cristiano), aún no disponemos de una Biblia canónica oficial. Bruce Metzger dibuja esta imagen de forma soberbia:

“La búsqueda de certeza de Eusebio [choca con]… la ausencia de una declaración oficial con valor absoluto, tal como podría haber sido un canon declarado por el sínodo, o el acuerdo colectivo entre iglesias y obispos. No existe ni una pizca de evidencia de estas cosas en ninguna de las notas literarias… del historiador. Cuando todo está dicho lo máximo que Eusebio puede registrar es una incertidumbre tan inmensa que él mismo parece confuso cuando habla de ello”.

Entre los textos disputados pero no heréticos Eusebio introduce Santiago, Judas, 2 Pedro, 2 y 3 de Juan, los Hechos de Pablo, el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, la Carta de Barnabás, el Evangelio de los Hebreos y la Didache (aunque nadie sabe muy bien lo que Eusebio quería decir con esta categoría). Aún hay más. De las dos biblias casi enteras que han sobrevivido del siglo IV una de ellas, el Códice Sinaítico, contiene los cuatro evangelios, Hechos, 14 cartas de Pablo (entre ellas la de Hebreos), 7 cartas Católicas, el libro de Apocalipsis, la Carta de Barnabás y el Pastor de Hermas, mientras que la otra, el Códice Vaticano, contiene… el mismo material en el mismo orden (aunque ambos textos están incompletos). Por último tenemos una lista encontrada en un manuscrito del siglo VI, pero que algunos fechan en torno al 300 C.E., que confirma el estado de confusión acerca de los libros canónicos. En ella se encuentran: los cuatro evangelios, los Hechos de los Apóstoles, los Hechos de Pablo, 10 cartas de Pablo (excluyendo Hebreos, Filipenses, y 1 y 2 de Tesalonicenses), 1 y 2 de Pedro, Santiago, Judas, 1, 2 y 3 de Juan, Barnabás, Hermas y los Apocalipsis de Juan y Pedro.

Así, es normal que los padres de la Reforma no se pusieran de acuerdo al hablar de los libros canónicos. “Con respecto al Canon mismo… los escritores antiguos no estaban de acuerdo. Dejemos que los mediadores disfruten cada uno del suyo [¡de su propio canon!] como quieran, siempre y cuando tengamos libertad para repudiar aquellos libros que las personas con sentido común, al menos cuando sean informadas acerca del tema, perciban que no son de procedencia divina”, dice Calvino. Y no estaba solo en eso. Lutero sabía que la Biblia contenía errores verbales e inconsistencias, “pero esas cosas no me preocupan particularmente”, decía. Lutero también dudaba del canon tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. “Odio tanto los libros de Ester y 2 Macabeos que desearía que no existieran”, llegó a afirmar. Asimismo condenaba la Carta de Santiago como una desviación sin ningún valor (tampoco estaba muy de acuerdo con Hebreos, Judas y el libro de Apocalipsis). Zwinglio, en la disputa de Berna en 1528, rechazó el Apocalipsis como libro del Nuevo Testamento. Erasmo no solo dudaba de que Pablo fuera el autor de Hebreos sino que tampoco creía que Santiago fuera el autor de ‘su’ carta y cuestionaba la autoría de 2 Pedro, 2 y 3 de Juan y Judas. Y Metzger menciona a otro líder de la reforma llamado Karlstadt quien dividió el Nuevo Testamento en tres niveles de distinta dignidad. En el más bajo estaban Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 de Juan, Judas, Hebreos y el Apocalipsis.

Hoy día, cuando miramos a nuestro alrededor a las iglesias y a los manuscritos que nos han llegado podemos ver con claridad que el panorama no ha mejorado mucho. Por ejemplo, la Carta a Laodicea se encuentra en más de 100 manuscritos latinos de la Vulgata (incluyendo los más antiguos). Además aparece en las 18 versiones de biblias alemanas anteriores a Lutero. Para complicarlo todo un poco más, sabemos que algunas cartas y textos no consiguieron sobrevivir y por tanto no están en nuestras biblias (ver Colosenses 4:16). Por último, uno de los textos que primero se hicieron universalmente populares y era el objeto de alabanza de muchos cristianos no era otro que el Pastor de Hermas (como hemos visto, muchas de las listas de libros ‘canónicos’ lo contienen). ¿Alguien sabe cuál fue el criterio para rechazarlo? De hecho ni siquiera los distintos cánones de las distintas ramas cristianas se ponen de acuerdo hasta nuestros días: Protestantes, Católicos, Griegos Ortodoxos, Sirios, Etíopes, Coptos o Armenios, todos tienen distintas listas.

Así que parece que la claridad transparente – evidencia de su ‘inspiración’ – que quiere encontrar Josh McDowell al mirar a nuestro canon no es tal cuando nos fijamos bien en su proceso de formación. Ni siquiera la lista de criterios que se suelen mencionar y enseñar para certificar la canonicidad de los libros de nuestras biblias es aplicable de forma coherente. Tomemos, como ejemplo, el criterio de ‘autenticidad’, es decir, que el autor del libro es quien dice ser y es un autor autorizado. Cerca del 200 C.E. Orígenes cuestionaba la autenticidad de Hebreos, Santiago, 2 y 3 de Juan, 2 Pedro, Judas y Apocalipsis. Técnicamente los cuatro evangelios que tenemos son anónimos; la tradición eclesial les dio sus nombres. Incluso aquellos líderes de la iglesia que estaban de acuerdo en que Juan escribió el Apocalipsis no sabían determinar si este era el hijo de Zebedeo o el ‘anciano’. Hoy día se discute la autenticidad de más de la mitad de los libros del Nuevo Testamento. Por ejemplo, C.F.D. Moule escribe que la autenticidad del evangelio de Juan es ampliamente disputada, “y Mateo, en su forma presente, no puede haber sido escrito por un apóstol”. Harry Y. Gamble percibe esta misma incoherencia con respecto al criterio de autenticidad y afirma que “aunque este criterio era conocido e importante debe quedar claro que ningún escrito del Nuevo Testamento podía ser considerado canónico en base solamente a este criterio”.

Confío en que todo este proceso histórico nos ayude a percibir que cuando alguien habla de 66 libros ‘inspirados’ de forma clara y unánime está clamando haber resuelto un problema que lleva siglos con nosotros. Como Gamble concluye su discusión, “los textos del Nuevo Testamento no se convirtieron en canónicos porque se pensaba que habían sido inspirados de forma única; más bien fueron considerados como inspirados porque anteriormente habían resultado útiles a la iglesia, es decir, por razones practicas”. Quizá esa sea la verdadera ‘inspiración’: la decisión del Espíritu vivo que está por encima del texto y que es capaz de determinar cuando un texto es útil para la iglesia y cuando no lo es.