La broma que aparece representada en esta viñeta está basada en una falacia que se está utilizando para argumentar hoy día en contra de la teoría de la evolución. La afirmación es la siguiente: ‘dado que la evolución es una teoría y no un hecho, no es necesario aceptarla; por tanto, os animamos a que aceptéis cualquier otra posibilidad, por muy extraña que parezca’. Aunque parezca un argumento muy poco razonable, esto no ha impedido que muchos hayan decidido utilizarlo. Sirvan de ejemplo estas pegatinas que algunos profesores intentaron poner en los libros de ciencia y que provocaron un juicio de alcance mundial:

Dice: “Este libro de texto contiene material acerca de la evolución. La evolución es una teoría, no un hecho, que intenta explicar el origen de las cosas vivas. Este material debería ser aproximado con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado de forma crítica”.

Por lo menos hay dos errores en esta pequeña e ‘inocente’ pegatina. Primero, que la evolución no solo es una teoría, sino también un hecho. Segundo, que la frase refleja una forma de pensar equivocada por la cual las afirmaciones científicas son, o bien teorías, o bien hechos. Esta forma de pensar demuestra un gran desconocimiento de cómo funciona la ciencia. Por supuesto, sobra decir que el juez dictó sentencia en contra de aquellos profesores y ordenó que las pegatinas fueran eliminadas de los libros donde estaban.

No nos dejemos engañar por aquellos que quieren disfrazar sus opiniones de ortodoxia y certeza. Que la ciencia no proporciona certeza plena y eterna acerca de ciertas verdades no es un descubrimiento de Karl Popper ni de ninguno de los pensadores del siglo XX. Esta noción de lo que el americano Charles Peirce llamó ‘Fallibilism’ de la ciencia llega hasta los antiguos escépticos griegos y se ha dado por sentada desde entonces por la gran mayoría de los pensadores. Sin embargo, esta noción, que se aplica no solo a la evolución sino también al resto de las teorías científicas, no resta credibilidad ni poder explicativo a la teoría de la evolución. Todas las evidencias que tenemos y que sirven de base a la teoría de la evolución pesan, y por eso se sigue enseñando.

Aunque pueda parecer sorprendente, la viñeta mostrada arriba es mucho más precisa y menos cómica de lo que se pueda creer. ¿Optaría usted por poner pegatinas donde se pidiera a los profesores del curso donde estudian sus hijos que enseñaran no solo Astronomía sino también Astrología, debido a que, dado que ambas están basadas en teorías, ambas deben estar al mismo nivel científico? Pues eso fue lo que tuvo que afirmar Michael Behe, uno de los padres del Diseño Inteligente, cuando se le pidió que declarara a favor de algunos profesores que pretendían enseñar Diseño Inteligente a la par con la teoría de la evolución como si fuesen dos teorías alternativas: “Sí, su señoría, la Astrología también entraría…”. Vamos que, en palabras de Steve Case en su artículo de hoy, “la elección entre Dios o la evolución que ha sido fabricada [por tales personas] propone una visión religiosa intolerante, anti-intelectual y muy estrecha que claramente no es compartida por la gran mayoría de los creyentes” (http://www.kansascity.com/mld/kansascity/news/opinion/15495420.htm).

Escribe un comentario