Honestos con Dios

Agosto 30, 2006

Este es parte del prefacio que encontramos al comienzo de uno de los libros más controvertidos y al mismo tiempo menos entendidos del siglo XX, Honest to God, de John A.T. Robinson. Lo escribe John Woolwich en 1962:

“Parte de la profesión de obispo de la Iglesia involucra el cuidado y defensa de sus doctrinas. Vivimos en unos tiempos en los que llevar a cabo dicha tarea se ha convertido en un ejercicio que requiere de una gran profundidad divina y de mucho discernimiento.

Sospecho que estamos viviendo el comienzo de un periodo en el que se va a ir haciendo cada vez más dificil saber lo que realmente requiere la verdadera defensa de la verdad Cristiana. Siempre estarán los que (sin duda acertadamente una mayoría) solo consiguen ver como la mejor y única defensa de la doctrina aquella que se basa en la reiteración, en lenguaje contemporaneo y refrescante, de la ‘fe una vez entregada a los santos’. Y no faltan en la Iglesia en estos años teólogos y apologistas que se han entregado a esta tarea. Y su trabajo ha sido recompensado con un seguimiento de gente hambrienta, y siempre habrá necesidad de este tipo de defensa. Nada de lo que voy a decir a continuación debe ser entendido como un ataque a este tipo de personas.

Pero también creo que estamos siendo llamados, en los años que estamos comenzando, a mucho más que la simple repetición de la tradición ortodoxa usando términos modernos. De hecho, si nos limitamos a ese tipo de defensa, probablemente encontraremos que hemos perdido a todos excepto un pequeño remanente religioso. Una interpretación mucho más radical, diría yo, es necesaria, mediante la cual aquellas categorías más fundamentales de nuestra teología – de Dios, de los sobrenatural, y de la religión misma – sean reconsideradas. De hecho, aunque nosotros no seremos capaces de hacerlo, puedo entender muy bien lo que aquellos que nos urgen a abandonar la palabra ‘Dios’ por una generación quieren decir, ya que dicha palabra ha sido impregnada con ciertas formas de pensar que tendremos que conseguir abandonar si el evangelio ha de tener algún sentido.

Porque estoy convencido de que existe un creciente abismo entre el supernaturalismo ortodoxo tradicional en el que nuestra fe ha sido enmarcada y las categorías que tienen significado para el mundo ‘laico’ (a falta de otra palabra más adecuada) hoy. Y al decir esto no quiero decir que exista un creciente abismo entre el Cristianismo y la sociedad pagana. Esto puede que sea así, pero ese no es el abismo del que yo estoy hablando. Yo no estoy hablando de una division dentro de la verdad del evangelio. De hecho, existen muchos cristianos que se encuentran en el mismo lado que están muchos que no lo son. E incluso entre aquellos inteligentes amigos no cristianos uno puede llegar a descubrir gente que está más cerca del Reino de los cielos de lo que ellos mismos piensan. Ya que mientras que ellos piensan que han rechazado el evangelio, la verdad es que lo que realmente han rechazado es una forma de pensar acerca del mundo que ellos encuentran legitimamente increible.

Además, la linea divisoria a la que me estoy refiriendo me atraviesa a mi mismo por la mitad. Es más, no es infrecuente encontrarme, al escuchar algún programa donde discuten un cristiano y un humanista, simpatizando más con el lado humanista. Esto no ocurre porque esté dudando de mi fe o mi compromiso, sino más bien porque instintivamente comparto con él su falta de habilidad para aceptar la forma de pensar y el molde en el que la fe se le está ofreciendo. Siento que tiene razón al rebelarse contra esta presentación de la fe, y yo mismo me siento cada vez más incómodo con el hecho de que la ‘ortodoxia’ sea identificada con ese molde.

[...]

Me inclino a pensar que este abismo tenderá a crecer antes de poder ser atravesado, y que habrá una mayor separación, tanto dentro de la propia Iglesia como fuera de ella, entre aquellos que sienten que la mejor solución es continuar con la mezcla de lo antiguo (refrescada como sea) y aquellos que se sienten empujados sobre todo a ser honestos sea donde sea que esta honestidad pueda llevarles. Yo creo, aunque no me guste, que el Dr. Alec Vidler estaba en lo cierto cuando dijo en un programa reciente, aunque fuera muy atacado: “Tenemos la necesidad de generar mayor libertad de acción, ya que ha habido una gran supresión de verdadero pensamiento profundo e intelectual además de integridad dentro de la Iglesia”. No prentendo acusar de deshonestos a aquellos que encuentran el molde metafísico y moral que he mencionado aceptable (yo mismo lo hago con gran parte de mi ser). Lo que me cansa en gran manera es la vehemencia – e inseguridad a un nivel más profundo – de aquellos que piensan que la fe solo puede ser defendida por medio de poner la etiqueta de enemigos a aquellos que no piensan como ellos…”

Aunque esto fue escrito hace algunos años ya, no puedo dejar de pensar en su relevancia para nuestro mundo hoy.

Escribe un comentario