Honestos con Dios

Agosto 30, 2006

Este es parte del prefacio que encontramos al comienzo de uno de los libros más controvertidos y al mismo tiempo menos entendidos del siglo XX, Honest to God, de John A.T. Robinson. Lo escribe John Woolwich en 1962:

“Parte de la profesión de obispo de la Iglesia involucra el cuidado y defensa de sus doctrinas. Vivimos en unos tiempos en los que llevar a cabo dicha tarea se ha convertido en un ejercicio que requiere de una gran profundidad divina y de mucho discernimiento.

Sospecho que estamos viviendo el comienzo de un periodo en el que se va a ir haciendo cada vez más dificil saber lo que realmente requiere la verdadera defensa de la verdad Cristiana. Siempre estarán los que (sin duda acertadamente una mayoría) solo consiguen ver como la mejor y única defensa de la doctrina aquella que se basa en la reiteración, en lenguaje contemporaneo y refrescante, de la ‘fe una vez entregada a los santos’. Y no faltan en la Iglesia en estos años teólogos y apologistas que se han entregado a esta tarea. Y su trabajo ha sido recompensado con un seguimiento de gente hambrienta, y siempre habrá necesidad de este tipo de defensa. Nada de lo que voy a decir a continuación debe ser entendido como un ataque a este tipo de personas.

Pero también creo que estamos siendo llamados, en los años que estamos comenzando, a mucho más que la simple repetición de la tradición ortodoxa usando términos modernos. De hecho, si nos limitamos a ese tipo de defensa, probablemente encontraremos que hemos perdido a todos excepto un pequeño remanente religioso. Una interpretación mucho más radical, diría yo, es necesaria, mediante la cual aquellas categorías más fundamentales de nuestra teología – de Dios, de los sobrenatural, y de la religión misma – sean reconsideradas. De hecho, aunque nosotros no seremos capaces de hacerlo, puedo entender muy bien lo que aquellos que nos urgen a abandonar la palabra ‘Dios’ por una generación quieren decir, ya que dicha palabra ha sido impregnada con ciertas formas de pensar que tendremos que conseguir abandonar si el evangelio ha de tener algún sentido.

Porque estoy convencido de que existe un creciente abismo entre el supernaturalismo ortodoxo tradicional en el que nuestra fe ha sido enmarcada y las categorías que tienen significado para el mundo ‘laico’ (a falta de otra palabra más adecuada) hoy. Y al decir esto no quiero decir que exista un creciente abismo entre el Cristianismo y la sociedad pagana. Esto puede que sea así, pero ese no es el abismo del que yo estoy hablando. Yo no estoy hablando de una division dentro de la verdad del evangelio. De hecho, existen muchos cristianos que se encuentran en el mismo lado que están muchos que no lo son. E incluso entre aquellos inteligentes amigos no cristianos uno puede llegar a descubrir gente que está más cerca del Reino de los cielos de lo que ellos mismos piensan. Ya que mientras que ellos piensan que han rechazado el evangelio, la verdad es que lo que realmente han rechazado es una forma de pensar acerca del mundo que ellos encuentran legitimamente increible.

Además, la linea divisoria a la que me estoy refiriendo me atraviesa a mi mismo por la mitad. Es más, no es infrecuente encontrarme, al escuchar algún programa donde discuten un cristiano y un humanista, simpatizando más con el lado humanista. Esto no ocurre porque esté dudando de mi fe o mi compromiso, sino más bien porque instintivamente comparto con él su falta de habilidad para aceptar la forma de pensar y el molde en el que la fe se le está ofreciendo. Siento que tiene razón al rebelarse contra esta presentación de la fe, y yo mismo me siento cada vez más incómodo con el hecho de que la ‘ortodoxia’ sea identificada con ese molde.

[...]

Me inclino a pensar que este abismo tenderá a crecer antes de poder ser atravesado, y que habrá una mayor separación, tanto dentro de la propia Iglesia como fuera de ella, entre aquellos que sienten que la mejor solución es continuar con la mezcla de lo antiguo (refrescada como sea) y aquellos que se sienten empujados sobre todo a ser honestos sea donde sea que esta honestidad pueda llevarles. Yo creo, aunque no me guste, que el Dr. Alec Vidler estaba en lo cierto cuando dijo en un programa reciente, aunque fuera muy atacado: “Tenemos la necesidad de generar mayor libertad de acción, ya que ha habido una gran supresión de verdadero pensamiento profundo e intelectual además de integridad dentro de la Iglesia”. No prentendo acusar de deshonestos a aquellos que encuentran el molde metafísico y moral que he mencionado aceptable (yo mismo lo hago con gran parte de mi ser). Lo que me cansa en gran manera es la vehemencia – e inseguridad a un nivel más profundo – de aquellos que piensan que la fe solo puede ser defendida por medio de poner la etiqueta de enemigos a aquellos que no piensan como ellos…”

Aunque esto fue escrito hace algunos años ya, no puedo dejar de pensar en su relevancia para nuestro mundo hoy.

Hace algo más de 200 años William Paley dio sus razones (principalmente religiosas) para aceptar el creacionismo: “Las marcas de que ha habido ‘diseño’ son demasiado fuertes para ser ignoradas. ‘Diseño’ necesita un ‘diseñador’. Ese ‘diseñador’ debe ser una persona. Esa persona es Dios”. Este argumento se basa en la percepción personal de un universo demasiado maravilloso y complicado para entenderlo sin necesidad de un ‘creador’ inteligente. Es importante entender que este argumento no tiene base científica: no se explica lo que el ‘diseño’ realmente es, o qué diferencia hay entre algo que ha sido diseñado por un creador inteligente y algo que ha aparecido por acción de las fuerzas de la naturaleza. William solo observa un mundo complejo y, ante la abrumadora complejidad de sus organismos, declara su fascinación por medio de esa afirmación. Una vez hecho esto se dedica a vestir esta percepción inicial con otros argumentos secundarios que puedan ayudar a convencer a otros de que lo que dice es cierto. Uno de estos argumentos es el del ‘reloj’ ( http://www.arn.org/docs/williams/pw_idaestheticsanddesignarguments.htm ). ‘Si andando por la calle encuentras un reloj, y lo coges y lo abres y lo investigas te darás cuenta de que todas sus partes son necesarias para que dicho reloj funcione. Es más, verás también que ninguna de ellas tiene sentido si no es para la formación de dicho reloj. Pues bien: eso mismo ocurre con los organismos vivos de la naturaleza’. Una vez más, la base vuelve a ser una percepción filosófica y, en forma última, religiosa.

Por supuesto, Paley escribió antes de Darwin. De hecho, fue Charles Darwin quien tuvo que lidiar con los problemas filosóficos y religiosos que sus propios descubrimientos (ley y arbitrariedad parecían bastar para crearnos) le provocaban. Una vez más: ciencia contra dogma. Con los años se consideró que Darwin tenía razón (al menos científica) y Paley estaba equivocado, por el simple hecho de que las ideas de Darwin estaban basadas en observaciones reales que todo el mundo podía comprobar mientras que las de Paley procedían de su propia opinión acerca de su Dios. Después de todo existían cristianos que no veían problema alguno con la evolución. Dios es soberano; ¿por qué no iba a elegir la evolución para crear al ser humano?

Hoy día, sin embargo, vivimos en medio de un debate completamente distinto. Si bien es cierto que las partes implicadas en el debate se asimilan en gran manera a las de entonces (con el Diseño Inteligente como los ‘hijos adoptivos’ de Paley) ambas partes claman ahora disponer de base científica. Los hijos de Paley han evolucionado; han aprendido qué argumentos deben utilizar y cuales son tabú. De hecho algunas personas que apoyan el DI ahora se enfadan cuando se les asemeja a su padre William Paley y reniegan de aquel argumento religioso. William Dembski es uno de estos: “La teoría del diseño que yo apoyo no se puede considerar como una vuelta a los argumentos de William Paley” (No Free Lunch at http://www.arn.org/docs/dembski/wd_nfl_intro.htm). La razón que da Dembski es que Paley no podía disponer de argumentos científicos reales en aquella época.

Sin embargo, por mucho que se les está pidiendo desde todos los frentes científicos, parece que tampoco esta nueva versión del ‘argumento por diseño’ dispone de argumentos científicos reales que se puedan contrastar. Lo cierto es que, como se escribía en enero del 2004 en American Biology Teacher, por mucho que algunos de ellos se nieguen a aceptarlo, ‘el movimiento del DI es una reencarnación de aquella idea de hace 200 años que llega hasta William Paley’ (‘Intelligent Design Creationism: A Threat to Society – Not Just Biology’, American Biology Teacher, Jan 2004, by Marshall Berman). Esto mismo ha parecido terminar aceptando de forma un tanto encubierta uno de los mayores seguidores (por no decir creadores) del DI, Michael Behe, del Discovery Institute. En un artículo reciente ( http://www.discovery.org/scripts/viewDB/index.php?command=view&id=2415&program=CSC&callingPage=discoMainPage ), Behe afirma: “Los parecidos que existen entre ciertas partes de la vida y ciertos mecanismos como, por ejemplo, un reloj, son mucho más fuertes de lo que el Reverendo Paley había imaginado”. Por supuesto, es muy conocida la analogía utilizada por Behe en la que sustituye aquel argumento del reloj por uno ‘nuevo’ utilizando ahora una trampa para ratones. La base, sin embargo, es exactamente la misma. Y alguien se puede preguntar: ¿Qué ha ocurrido entre Paley y Behe para que un argumento que entonces se consideraba religioso hoy se pretenda considerar científico? Y la respuesta es: ¡nada! Y eso es lo que enfada a muchos científicos.

Lo cierto (y aún no hemos conseguido salir de eso) es que para Michael Behe (y, por extensión, para la mayoría de los que apoyan el DI) el diseño inteligente es como el ‘arte’. Michael no puede explicar cómo discierne que ha existido diseño, pero sabe reconocerlo cuando lo ve (excepto, claro, cuando cree verlo en alguna estructura que luego se demuestra no cumplir las condiciones que él creía que cumplía). Tampoco puede decir quién piensa él que es el ‘diseñador’, o dónde encontrarle. Ni siquiera puede explicar en qué consistió ese acto de diseño, cómo se llevó a cabo, qué involucró o si fue una acto singular y único o muchos consecutivos. Bastante etéreo.

La verdadera controversia acerca del DI tiene una naturaleza filosófica o teológica, pero no científica. Y parte del problema tanto para Behe como para sus compañeros del Discovery Institute – muchos de ellos filósofos y teólogos – es que han fallado estrepitosamente en sentar una base filosófica o teológica adecuada para sus ideas. No solo eso. También han fallado a la hora de mantener cierta coherencia. Por ejemplo, este año George V. Coyne ha sido sustituido por Benedicto XVI como director del Observatorio del Vaticano. Como muchos saben, Coyne es conocido por haber hablado en más de una ocasión en contra del DI como un movimiento que no hace ningún favor a Dios ( http://www.catholicnews.com/data/stories/cns/0504505.htm ; http://www.catholic.org/national/national_story.php?id=18503). Quizá todo lo contrario. Como era de esperar, Bruce Chapman, director del Discovery Institute, ha hecho algunos comentarios (más bien sarcásticos) al respecto. Sin embargo, es muy iluminador el hecho de que la base de todas sus críticas contra Coyne haya sido únicamente teológica ( http://www.evolutionnews.org/2006/08/vatican_astronomer_replaced.html). He ahí una clara falta de coherencia a la hora de aproximarse al debate (comparar con este comunicado: http://www.discovery.org/scripts/viewDB/filesDB-download.php?command=download&id=565).

Para concluir, Michael Behe dice en su artículo mencionado más arriba, como intentando justificar sus creencias: “Si parece un pato, anda como un pato y hace los mismos sonidos que un pato, ante la ausencia de otro tipo de evidencia que se oponga a esta conclusión, debemos concluir que es un pato”. Este parece ser el centro del error de Behe y de sus colegas del DI. A principios del siglo XX el brillante matemático Percival Lowell concluyó, basándose en observaciones realizadas durante 23 años, que existían canales en Marte y que su existencia tenía que ser el resultado del trabajo de seres inteligentes. En 1976 volvió a cometerse un error parecido. Una foto fue publicada por la NASA,

,con el comentario: “Esta imagen es una de muchas tomadas en el norte de Marte por el Viking 1… La formación rocosa gigantesca que aparece en el centro de la imagen, similar a una cabeza humana, es una ilusión óptica provocada por el efecto de la luz y las sombras sobre las rocas”. Incluso con el comentario debajo de la imagen no faltaron personas que estaban convencidas de que la cabeza había sido creada por seres inteligentes. Sospecho que Behe y algunos otros están bajo ilusiones en cierto modo parecidas. La búsqueda de patrones entre todas las cosas que percibimos es una parte de la naturaleza humana (una de nuestras herencias evolutivas) que nos ayuda mucho en nuestra supervivencia cotidiana, pero que también puede llevarnos a errores fatales. En este caso el error es claro: para comparar con un pato, debemos saber antes ‘qué es un pato’, cosa que, por supuesto, los que apoyan el DI no pueden saber. Y es aquí donde el argumento se vuelve, y siempre se volverá, circular; es aquí donde pierde completamente su carácter científico y se vuelve filosófico o religioso. Y si a esto añadimos que la ciencia está mostrando cada vez más evidencias que muestran la forma en que el pato pudo llegar hasta nosotros por medios evolutivos, la afirmación de Behe se cae por su propio peso. Por tanto, sí, existen evidencias que se oponen a la conclusión que Behe y compañía quieren sacar. Está todavía por ver si son capaces de escucharlas de forma adecuada.

¿Hitler y Darwin?

Agosto 24, 2006

Algunos creacionistas y otros que apoyan el Diseño Inteligente nunca dejarán de sorprenderme.  Parece que, ante la falta de evidencia científica, cualquier otro medio vale para intentar desacreditar cualquier teoría que no podamos aceptar.  Este mes saldrá por TV un programa (aún no en España) en el que se afirma casi sin despeinarse que Darwin fue el causante de que la historia haya conocido un Hitler.  No es la primera vez que los que intentan atacar a cualquier coste la teoría de la evolución de Darwin utilizan de forma equivocada y malintencionada frases o ideas fuera de su contexto real (¡incluso nombres de científicos reales sin su consentimiento!).  La diferencia es que en esta ocasión las frases son mucho más directas.  Fijaos en lo que el Dr. James Kennedy (parece que hoy día con poner ‘Dr.’ delante de tu nombre basta para que te publiquen las ideas, por muy estúpidas que sean) se atreve a decir:

“El legado de Darwin es millones de muertes, la destrucción de aquellos considerados como inferiores, la pérdida de valor de la vida humana, y el incremento de la desesperación”.

“Para decirlo de forma clara, si no hubiera existido Darwin no habría existido Hitler”.

Se me ponen los pelos de punta al leer estas palabras. Sin embargo, James no está diciendo nada que no hayan intentado decir (aunque de forma menos directa) otros creacionistas. Y no solo ellos. De hecho, entre los invitados al programa se encuentran, no solo creacionistas sino también, como no, un gran número de ‘padres’ del nuevo creacionismo, el Diseño Inteligente: Richard Weikart, Lee Strobel, Jonathan Wells, Phillip Johnson, Michael Behe, o Ian Taylor.

Se acercan tiempos difíciles para aquellos que intentan investigar con una mente abierta las verdades que oculta nuestra naturaleza. Sobre todo, claro, cuando estas verdades resultan en apoyar la teoría de la evolución. El papa prepara una serie de encuentros para el mes que viene acerca del debate entre creación y evolución. Puedo imaginar a aquellos que apoyan el Diseño Inteligente afilando sus cuchillos, sobre todo siendo conscientes de que la voz que está susurrando al oído de Benedicto es la del cardenal austriaco Christoph Schonborn, un antiguo estudiente suyo y su consejero en estos temas, además de declarado defensor del Diseño Inteligente (de hecho, fue Schonborn quien decidió hablar en contra de las palabras que el antiguo papa dijo respecto a la teoría de la evolución en 1996 – que la teoría de la evolución era “más que una hipótesis”). Hasta el momento parece que el Vaticano ha dado una de cal y una de arena. Pero es posible que la balanza se esté inclinando hacia el lado del Diseño Inteligente, y no por haber encontrado alguna nueva evidencia científica real que la apoye. De hecho, en cuestión de nuevas evidencias están más bien faltos. Esperemos que las charlas del mes que viene se caractericen por evidencias reales y no por dogmas religiosos poco informados.

Toros

Agosto 23, 2006

Esta mañana he atravesado, una vez más, las barreras que se usarán a partir de mañana en los encierros de San Sebastián de los Reyes.  La razón principal de tener que atravesar estas barreras es que cortan el camino que sigo para ir al trabajo.  Sin embargo, esta mañana, cuando he atravesado las barreras, me ha invadido una sensación de profundo desagrado al pensar en la fiesta taurina.  No es la primera vez.  Es por ello que he decidido plantearme, una vez más, una pregunta: ¿cuál es mi problema con esta fiesta tradicional tan popular que parece agradar a tanta gente?  He vuelto a recordar aquellas conversaciones de antaño que solía mantener con un amigo criado desde pequeño en la tradición taurina.  Recuerdo cómo sus argumentos no tenían tanto sentido para mí como parecían tener para él: es algo tradicional, son toros criados para eso, hay muchos puestos de trabajo (y muchas familias) envueltos en este negocio, nuestro turismo depende de ello, es igual que tu afición al fútbol, etc…  Y puede que tuviera razón, al menos en algunos de ellos.  Sin embargo, seguía sin tener mucho sentido desde mi punto de vista.

No pretendo atacar a una fiesta nacional tan arraigada como esa, y mucho menos hacer demagogia barata comparando dichas prácticas con los coliseos romanos, etc…  Me conformo con volver a analizar las emociones que dichas prácticas generan tanto dentro de mí como dentro de otras personas, y de preguntarme si el problema es mío o es de ellos.  Porque un problema hay, sobre todo cuando existen prácticas que provocan emociones tan distintas y profundas en aquellos que las presencian.  Quizá un ejemplo lo explique mejor.  Hace unos días tuve la oportunidad de ver el último capítulo de un documental que he seguido las últimas semanas.  El programa en cuestión se llama Tribe, y ha sido producido por la BBC.  Se trataba de un periodista, Bruce Parry, que decidió pasar unos meses entre algunas tribus de Etiopía, conviviendo con ellos de la misma forma en que ellos viven: durmiendo donde ellos duermen, comiendo lo que comen, y practicando algunas de las tradiciones y actividades que ellos llevan a cabo en su vida cotidiana.  Fue muy interesante comprobar lo que ocurre cuando encontramos prácticas que no podemos explicar pero que provocan una sensación de asco o profundo desagrado.  Esto ocurrió en contadas ocasiones.  En una de ellas tuvo que convivir con una tribu – los Hamar – que practicaba, como parte de sus ritos más tradicionales y significativos, la fustigación de las mujeres de la tribu ( http://www.bbc.co.uk/tribe/tribes/hamar/index.shtml ).  Entendámonos: no es que ellas sean golpeadas en contra de su voluntad; es que ellas ‘quieren’ serlo, lo piden, incluso lo ruegan cuando a los hombres no les apetece.  Cuando se les pregunta, muchas veces no saben explicar la razón de estas prácticas más allá de que son tradiciones que les definen e identifican con respecto a las demás tribus que no las practican.  En el caso de la fustigación una de las razones dadas es que, por medio de la creación de cicatrices en las espaldas de las mujeres, se generan ciertos vínculos entre el que golpea y la golpeada de modo que cuando los tiempos difíciles vengan, él recuerde cómo ella sufrió por él y la ayude.  Encontré especialmente interesante la conversación que el presentador mantuvo con una chica que había pertenecido a la tribu (ya no era aceptada) y que había ido a la escuela de la ciudad y había decidido no apoyar ni practicar dicha tradición.  Está claro que cuando encontramos tradiciones que provocan sensaciones muy profundas y enfrentadas entre personas de la misma tribu (o del mismo país), tenemos un problema.

Volvamos ahora a nuestra tribu. Mi amigo de hace años, como ya he dicho, fue criado en la tradición taurina, y por eso la amaba. Me pregunto si, para llegar a ‘amar’ la fiesta taurina, es necesario pasar por un periodo de aprendizaje o si es posible hacerlo de nacimiento. Mi apuesta sería que eso es algo que se aprende. Por supuesto, una gran mayoría de las cosas que nos gustan o disgustan son aprendidas. La pregunta es: ¿cuáles de ellas deberíamos des-aprender? Un posible criterio para elegir entre ellas podría ser que podemos continuar practicando aquellas tradiciones o costumbres que nos ayuden en nuestra vida, pero con la condición de no causar ningún daño ajeno. Por supuesto, si elegimos este criterio, la fiesta taurina debe ser abandonada (si es que consideramos a un toro como un ser vivo capaz de sufrir). Otro podría ser: podemos continuar practicando aquellas tradiciones o costumbres que nos ayuden en nuestra vida, de modo que el beneficio que producen es mucho mayor que el daño que causan. Este criterio, yo creo, provocaría opiniones diversas. “Es que a mí me gusta, y mi satisfacción es más importante que la salud de un animal”, “es que yo vivo de ello y no voy a dejar morir a mis hijos de hambre por una moralidad demasiado escrupulosa”, “es mejor desatar nuestra agresividad contra un toro, que contra otras personas”, “¿y si dejamos de practicar esta tradición y nuestro turismo cae en picado?”…; como siempre, hay opiniones para todo. ¿Qué tal el criterio de: la mayoría siempre tiene razón? Creo que este sí que hemos aprendido que falla muy a menudo. Ahora, la pregunta es: ¿podríamos elegir algún criterio que favorezca la tradición taurina por encima del dolor causado a los toros? Lo siento, yo no consigo encontrar ninguno. ¿Acaso alguien puede?

Para concluir ofrezco un intento de explicación esquemática de la historia de la Iglesia en estos dos primeros siglos.  Mi primera intuición es que las iglesias Paulinas de gentiles fueron desvaneciendose poco a poco, o bien se convirtieron en seguidoras de Marcion o de los Gnósticos.  Es un hecho que Justino Martyr, quien discute muchos de los mismos asuntos a los que tuvo que enfrentarse Pablo en sus cartas, nunca menciona el nombre de Pablo y ni siquiera cita sus escritos (en Romanos 3:11-18 leemos un una antigua cadena de estractos tomados de los Salmos; Justino reproduce una corta versión de dicha cadena, pero no está usando Romanos).  Este silencio de Justino evidencia la desaparición de las congregaciones de Gentiles que Pablo había fundado, o su absorción por la Iglesia principal.  Por supuesto sus cartas fueron preservadas y mejoradas en algunos lugares, hasta que fueron hechas parte del conjunto de escritos de la Iglesia principal.

¿Pero cuál es esta Iglesia principal de la que estoy hablando?  Esta Iglesia principal estaba compuesta, yo creo, por aquellas sinagogas judías florecientes que creían que Jesús era el Mesías y que tuvieron éxito en atraer a un gran número de creyentes gentiles a su modo de adoración.  Estas sinagogas se fueron haciendo cada vez más y más liberales en sus formas de observar la ley ceremonial, sobre todo a través de los matrimonios mixtos entre judíos cristianos y gentiles cristianos.  En otras palabras, el Cristianismo Católico fue el resultado del éxito que tuvieron las sinagogas de la Dispersión en atraer grandes números de gentiles a sus servicios.  Como Wellhausen reconoció, Theodor Mommsen, el gran historiador del Imperio Romano, había visto con una claridad ejemplar que “la Diáspora judía es la madre de la Iglesia y, debido a lo que ocurrió en el 70 C.E., la hija continua la herencia dejada por la madre”.  Es decir, que cuando uno se pregunta qué ocurrió con el Judaismo de aquellos que hablaban Griego, la respuesta parece ser que se convirtieron en el Cristianismo Católico.

Algunas sinagogas que creían en Jesús como Mesías continuaron judías del todo.  Si toleraban a otras sinagogas más liberales, entonces ellas eran también toleradas por la mayoría.  Había presión para intentar que se adaptaran a las fechas de celebración de la Pascua, pero a pesar de ello podían sobrevivir.  Aquellas sinagogas que decidieron separarse de las sinagogas más liberales dieron lugar a un Cristianismo Judío muy particular o bien acabaron desapareciendo o fueron absorbidas de nuevo por el Judaísmo.

Si tengo razón cuando digo que las iglesias Paulinas de gentiles no consiguieron florecer, las implicaciones son varias.  Una de ellas es que el Cristianismo Católico consiguió desarrollarse sin recibir ninguna influencia teológica directa de Pablo, pero que en la segunda mitad del siglo II un grupo de sus cartas fue aceptado como parte del canon y comenzó a producir una enorme influencia en toda la teología Cristiana que siguió.  Cuando las cartas de Pablo comenzaron a leerse a la luz de la teoría del siglo II que los escribas habían introducido en Hechos, el Cristianismo reaccionó en contra de los judíos de tal forma que si Pablo lo hubiese llegado a ver nunca lo habría aceptado.  El Pablo que había aceptado de forma plena que los judíos cristianos continuaran observando la ley de Moisés fue transformado en un nuevo Pablo universalista que deseaba abolir cualquier distinción entre judíos y griegos.  La misión estratégica de Pablo se ha vuelto dificil de entender para nosotros.  Si somos capaces de redescubrir su lógica, podremos ser capaces de redescubrir la verdadera teología de Pablo.

Por supuesto hubo cierta oposición de los judíos a la misión de Pablo.  Dado que Pablo predicaba que los gentiles, como gentiles, podían ser salvos, muchos interpretaban su mensaje como si estuviera diciendo que los judíos podían rechazar la ley ceremonial y aún así ser salvos.  Se podría decir, aunque de forma injusta, que Pablo enseñó que los judíos que vivían en la Diáspora debían rechazar las enseñanzas de Moisés, dejar de circuncidar a sus hijos, y no observar sus costumbres (Hechos 21:21).  Sin embargo, la afirmación de Hechos que dice que nunca hizo tal cosa es muy precisa.

Existen tres muestras de evidencia de los primeros siglos que confirman que aquellas sinagogas Judeo-Cristianas que observaban la ley ceremonial y la ley moral continuaron existiendo.  Justino Martyr define su postura ante dichos grupos en su Diálogo con Trifo el Judío.  Ataca a los Judeo-Cristianos que enseñaban que los gentiles tenían que convertirse en judíos para ser salvos.  Por supuesto no tenía muy buena opinión de aquellos cristianos gentiles que se hacían proselitas judíos y negaban a Jesús como Mesías.  Pero toleraba las sinagogas Judeo-Cristianas que observaban toda la ley (cuando eso era posible una vez destruído el Templo de Jerusalén) y que reconocían a los gentiles que creían en Jesucristo como cristianos plenos sin intentar persuadirles de que se circuncidaran o de que observaran el sabbath o siguieran otras costumbres (Diálogo 47).  Este texto muestra de forma clara que las sinagogas Judeo-Cristianas continuaron en el siglo II.

En segundo lugar es muy posible que el partido dentro de la Iglesia que se denominaba Quartodecimans fuera un grupo de miembros pertenecientes a las sinagogas Judeo-Cristianas.  Celebraban la Pascua en Nisán 14-15 fuera cual fuera el día de la semana y no en domingo como en cualquier otro sitio.  Esta costumbre era seguida por algunos cristianos, tales como Melito de Sardis, Apollinarius de Hierapolis y Policarpo.  Este último visitó Roma en el año 155 C.E. e intentó convencer a Anicetus para que adoptara la práctica de los Quartodecimans, y Anicetus tomó la decisión de tolerar su uso.  Más tarde el Papa Victor intentaría eliminar dicha práctica.  Polícrates de Efeso rechazó ese intento y fue excomunicado por Victor (Eusebius, HE 5:23-26).  Aquellos que mantenían esta práctica consiguieron sobrevivir hasta el siglo V.  Soy de la opinión de que estas iglesias eran sinagogas que mantenían el sabbath y que celebraban la Pascua en dicho día.  Esta práctica había sido abandonada por las sinagogas más liberales que habían decidido que el día de Pascua debería caer en domingo.

Por último, es probable que los Ebionitas fueran judíos cristianos que, al igual que los Pobres, se consideraban a sí mismos como los que continuaban la línea de las iglesias de Jerusalén y Judea.  Según Jerónimo, Mateo compuso un evangelio hebreo para que fuera usado por aquellos de la circuncisión que habían creído.  Había una copia de dicho evangelio en la biblioteca de Cesarea en tiempos de Jerónimo, y él mismo sabía que había sido usado por Nazarenos en Beroea, una ciudad de Siria.  Gracias a Orígenes y Eusebio sabemos que los Ebionitas, que eran descritos por Eusebio como “creyentes judíos que no habían abandonado la ley de sus padres” (contra Celso 2.1), rechazaron poner a las cartas de Pablo a la altura de otros textos canónicos.  Observaban el sabbath, la circuncisión y otras costumbres, además de celebrar la Eucaristía en domingo (Orígenes, contra Celso 2.1; 5.61, 65; Eusebio, HE 3.27; 5.8.10; 6.17.1). 

Aún así existió un tiempo intermedio antes de la llegada de Silas y Timoteo en el cual Pablo estuvo enseñando en la sinagoga.  ¿Qué estaba ocurriendo ahí entonces?  Nuestros textos nos dicen que Pablo estaba (Gr.) “testificando a los judíos que Jesús era el Cristo” (Hechos 18:5b).  Esto no deja de ser extraño ya que antes de que Silas y Timoteo llegaran ya se había dicho que Pablo había estado razonando en la sinagoga cada sábado y persuadiendo a judíos y griegos.  Eso debe querer decir necesariamente que ya había estado persuadiéndoles de que Jesús era el Mesías.  Esa segunda referencia debe por tanto poseer algún otro sentido.  Gracias a que conocemos la carta a los Gálatas podemos entender que Pablo debió pasar a una segunda etapa donde iría reuniendo a aquellos gentiles temerosos de Dios para seguir enseñándoles.  Sin embargo, la mayoría de los manuscritos nos dicen que solo se estaba dirigiendo a los judíos – exclusivamente a los judíos (recordemos que antes de que Silas y Timoteo llegaran Pablo había estado persuadiendo del evangelio a ambos, judíos y gentiles, Hechos 18:4).  La concentración exclusiva en los judíos esta segunda vez no tiene sentido.  El códice Alexandrinus y el códice 014 omiten ’los judíos’ en Hechos 18:5, y esta lectura es la que deberíamos aceptar.

El códice Bezae de Hechos 18:6 nos aporta otra pista muy valiosa.  El versículo comienza con dos genitivos absolutos: “hubo mucha enseñanza y las Escrituras [que se referían al Mesías] eran una de dos traducidas o explicadas [el verbo puede referirse a ambos significados; ver Hechos 9:36 y Lucas 24:27]”.  Por supuesto si la audiencia fuera completamente judía solo se necesitaría interpretar las escrituras mientras que si había también griegos entre ellos sería necesario traducir e interpretar.

Si ignoramos la teoría de que Pablo fue a los gentiles solo cuando los judíos habían rechazado su mensaje acerca de Jesús como Mesías, entonces obtenemos un patrón muy claro.  Pablo se dedicó en primer lugar a predicar durante muchos sábados y a persuadir a judíos y griegos.  De hecho había convencido a Aquila y Priscila, así que podemos pensar que convenció a algunos judíos.  Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, tuvo la oportunidad de dedicarse completamente a su tarea principal.  Y de Gálatas conocemos que su tarea principal era la de comenzar congregaciones gentiles paralelas a las sinagogas.  Primeramente, con la aprobación de las autoridades de las sinagogas, comenzó a enseñar a los gentiles siguiendo las premisas típicas de la sinagoga, lo cual implicaba la traducción y enseñanza de las escrituras.  Su éxito le llevó más tarde a organizar el grupo de gentiles de la casa de Titius Justus.  Y allí permaneció por dieciocho meses.

La teoría distinta a esta se encuentra en Hechos 18:6 (Los judíos que ya habían sido insertados en Hechos 18:5 como parte de la audiencia): “Cuando contradecían y blasfemaban Pablo se rasgó las vestiduras y les dijo, ‘¡Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza! ¡Yo soy limpio! De aquí en adelante iré a los gentiles’”.  Estas palabras contienen la teoría de que fueron los judíos quienes mataron a Jesús de forma injusta y su raza debe ser considerada culpable de esa muerte (Mateo 27:25; ver Hechos 5:28).  También se anuncia aquí una determinación tomada por Pablo: “de aquí en adelante iré a los Gentiles”.  Ambas afirmaciones son anacrónicas.  Muchos judíos eran convertidos al Cristianismo y no existe ninguna evidencia que muestre que los judíos como tales eran herederos de aquellos que habían matado a Jesús.  En segundo lugar Pablo siguió aqui el mismo método que había seguido en Corinto y en todas aquellas ciudades que había visitado: fue a la sinagoga primero.  Por tanto este versículo es una interpolación que refleja las condiciones vividas en el siglo II.  El Judaísmo Organizado había adoptado el Test Benediction que excluía de la adoración de la sinagoga a cualquier persona que mantuviera que Jesús era el Mesías.  Esta política hizo muy dificil el trabajo de los misioneros cristianos y provocó que tuvieran que limitarse a predicar el evangelio a los gentiles.  Pablo y sus contemporaneos no tuvieron que trabajar bajo esas condiciones y aún eran bien recibidos en las sinagogas.  Por supuesto había oposición; de hecho Pablo tuvo que ser detenido en Jerusalén por provocar un enfrentamiento, pero había mucha menos persecución de Pablo por parte de los judíos de otras ciudades de Asia Menor y Grecia de lo que nuestros textos de Hechos sugieren.  Sin embargo su éxito en la predicación a los gentiles provocó la oposición de algunos Griegos por considerarlo contrario a sus dioses locales.

La referencia a los judíos en Hechos 18:5 y Hechos 18:6 reflejan una teoría del siglo II que se ha inflitrado en el patrón que podemos deducir de Gálatas.

La ocurrencia final de lo que estamos comenzando a reconocer como la intrusión de una teoría del siglo II en nuestros textos de Hechos se encuentra al final del libro, en la narración del arresto de Pablo en Roma.

Una vez más las circunstancias externas sugieren una imagen muy distinta de la que se muestra en el texto.  Pablo recibe la visita de una delegación judía que explica que no han recibido cartas sobre él desde Judea, ni ningún informe negativo acerca de él de otros judíos que habían visitado Roma o que habían estado manteniendo correspondencia con ellos (Hechos 28:21).  Quieren escuchar la opinión de Pablo (Hechos 28:22a).  Fijan un día y un gran número de judíos esperan para escucharle hablar del Reino de Dios y Jesús, argumentando desde la Ley y los Profetas desde pronto en la mañana hasta la noche.  Algunos son persuadidos mientras que otros no creen lo que dice (Hechos 28:24).  Algunos manuscritos del versículo que sirve de resumen, el versículo 30, acerca de los dos años que Pablo estuvo preso antes de su crucifixión añaden la información de que “recibió a todos aquellos que fueron a él, judíos y griegos” (614, 2147, algunos manuscritos de la Vulgata, Syrian Harcleian).  Esta referencia a ambos, judíos y griegos, es muy plausible y su eliminación de algunos textos solo puede ser interpretada como la preocupación de algunos escribas por propagar la teoría que estamos examinando.  Esa teoría aparece en el contexto actual de la “última palabra” que Pablo deja a su audiencia cuando ellos se están yendo.  Tal y como nuestros textos nos han llegado no hay una sino dos palabras.  La primera es una larga cita de Isaías 6:9-10 dicha para mostrar que Israel iba a rechazar el mensaje del profeta.  La segunda es la afirmación de que la salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles (Hechos 28:28).  Dicha afirmación, por supuesto, forma parte de la expectación de los Profetas, que cuando llegara el día del Señor, los gentiles irían a Jerusalén para adorar (Isaías 49:6, 23; 60:3-22; 66:23 repetido al final por los Masoretas).  Pablo conluye al final, (Gr.) “Ellos también escucharán”, un versículo que se suele traducir mal para significar, “Ellos escucharán [aunque vosotros no lo hagais]”.

Una vez más debemos concluir al observar Hechos 28:22b y 25b-27, que el uso equivocado de la profecía de Isaías indicando la dureza que su trabajo provocaría es una intrusión de la teoría del siglo II que hemos visto, es decir, que la misión de Pablo a los gentiles estuvo provocada por el rechazo de los judíos al evangelio.  La teoría es improbable; contradice el razonamiento dado por Pablo en Gálatas; y se salta mucha de la evidencia que tenemos en Hechos.  Debemos ser capaces de leer el libro de Hechos permaneciendo alerta a las interpolaciones anti-judías que han sido introducidas por dicha teoría tardía. 

Mi tésis debe enfrentar una objeción mucho mayor, esta vez no proveniente de las cartas de Pablo sino de los Hechos de los Apóstoles.  Si hacemos una lectura superficial del libro de los Hechos, lejos de mostrar con claridad que Pablo mantenía una política basada en establecer congregaciones gentiles separadas y paralelas a las sinagogas que creían en Jesús como Mesías, el libro presenta una imagen muy distinta.  Pablo predicaba en las sinagogas pero enfadaba hasta tal punto a los miembros judíos de las mismas que le echaban, obligándole así a predicar a los gentiles.  La implicación es que su evangelio universal suponía una amenaza al particularismo del Judaísmo; el rechazo judío de este principio no dejó a Pablo otra alternativa que ir a los gentiles en su lugar.  Si el libro de los Hechos es correcto, todo lo que he estado diciendo acerca de la estrategia misionera de Pablo es probablemente falso.

Lo que pretendo argumentar es que la lectura superficial del libro de Hechos que acabo de dar está de hecho basada en el texto de Hechos tal y como lo tenemos hoy día: en él se dice que Pablo levantaba la hostilidad de los judíos en casi todas las ciudades, y esta hostilidad judía es la que provoca que tenga que ir a los gentiles.  Sin embargo, aquellas facetas del libro de Hechos que dan esta impresión son provocadas por corrupciones de escribas que fueron introducidas en el siglo II a una narrativa original.  Aquella narrativa original nos provee con una imagen que se asemeja a la que acabamos de obtener de las cartas de Pablo.

Acerca de la hostilidad general de los judíos, debemos notar en primer lugar que ha existido una tendencia de los escribas a insertar referencias a los judíos cuando el texto original no tenía ninguna referencia particular de la designación de las gentes implicadas.  La edición 26 de Nestle-Aland imprime los judíos en su texto en 69 ocasiones.  Otros manuscritos tienen los judíos 16 veces más (Hechos 1:12; 4:13; 6:1, 7; 13:14, 42; 17:19; 18:17; 20:24; 23:25, 30; 26:17, 20; 27:9; 28:29, 30).  De las 69 veces mencionadas antes, 11 de ellas son omitidas por al menos algún otro manuscrito.  En 16 ocasiones el término aparece en distintas posiciones dentro del mismo versículo, lo que podría indicar que el término intercambiado es una interpolación; este es un hecho común que ocurre con las interpolaciones.  Resumiendo, de los 85 casos posibles, 43 son dudosos.  Algún escriba incluso ha participado en la narrativa de la visita de Pablo a Atenas, diciendo que fueron los judíos los que llevaron a Pablo al Areópago (ver Hechos 17:19 en el minúsculo 1838).

Algunos de los casos en que los judíos aparecen en todos los manuscritos son intrinsecamente improbables.  Por ejemplo, cuando Pablo es llevado ante el juicio de Galio en Corinto (Hechos 18:12-13), los que le capturan dicen que Pablo estaba persuadiendo a otros a adorar a Dios en contra de la ley (Hechos 18:13).  Sin embargo ellos deben haberse referido a la ley civil, dado que la ley Romana toleraba todas las religiones.  Galio dice que está listo para castigar a los que hacen lo malo, pero que no va a entrar en discusiones acerca de los nombres de los dioses o en la ley civil de Corinto.  Las multitudes entonces golpean a un oficial llamado Sóstenes, quién podría haber sido un judío, lo que probaría que las multitudes no eran judías, o un griego (el término usado en el versículo en cuestión es un término helenístico, pero también uno judío; Hechos 18:17).  No se expresa ningún sujeto a la frase, pero algunos minúsculos mencionan que eran los griegos (307, 431, 45, 2818) y otros dicen que eran los judíos (36, 453).  Este problema surge de que en Griego era común dejar el sujeto de verbos en tercera persona del plural sin especificar, y eso dejaba abierta la opción de que algunos escribas fueran más específicos que otros, de forma errónea.  Este mismo proceso es responsable también, yo creo, de llegar a especificar que los enemigos de Pablo en otro pasaje eran los judíos.  Estoy hablando del episodio que narra los eventos en Antioquía Pisidia (Hechos 13:50).  Debemos notar que Hechos 13:50 menciona que aquellos que comenzaron la persecución contra Pablo y Bernabé les echaron fuera de sus fronteras.  No se podría decir que los judíos de Antioquía Pisidia consideraran las fronteras de la ciudad como sus propias fronteras; este término normalmente sugiere de forma natural que los habitantes de Antioquía Pisidia estaban expulsando a ciertos judíos que estaban creando problemas en su territorio.

Hay 10 ocasiones en las que el texto que tenemos de Hechos convierte a los judíos en los instigadores de persecución contra Pablo para echarlo de una ciudad: en Damasco (Hechos 9:23-24); en Antioquía Pisidia (Hechos 13:50); en Iconio (Hechos 14:2); en Listra, donde se dice que los judíos vienen precisamente de Iconio y Antioquía (Hechos 14:19); en Tesalónica (Hechos 17:5); en Beroea, donde se dice que judíos procedentes de Tesalónica vienen para incitar a las multitudes (Hechos 17:13); en Corinto (Hechos 18:12-17); en Efeso (Hechos 19:23-41); en Grecia (Hechos 20:3); y en palabras del propio Pablo en su conversación con los ancianos de Efeso en Mileto (Hechos 20:19).  Ninguno de todos estos casos es historicamente aceptable.  Los judíos eran las víctimas de las persecuciones, no los que las provocaban, y si somos capaces de eliminar las interpolaciones que se refieren a los judíos encontraremos una historia aceptable y clara de oposición de los gentiles ante lo que ellos habrían percibido como el movimiento misionero judío de Pablo.

Nuestro texto de Hechos no solo crea la impresión general de que los judíos eran los principales perseguidores de Pablo.  Existen tres textos más donde Pablo afirma que dirige su misión a los gentiles debido a la hostilidad de los judíos: en Antioquía Pisidia (Hechos 13:45-47); en Corinto (Hechos 18:6); y finalmente en Roma (Hechos 28:25-28).  Sin embargo, cuando miramos de cerca a cada uno de estos casos nos encontramos que todos ellos se vuelven sospechosos.

Tomemos el caso de Antioquía Pisidia en Hechos 13.  Hemos visto ya que el ataque sobre Pablo y Bernabé por la multitud y el clamor ante Galio no fue probablemente el trabajo de los judíos.

En Hechos 13:45 se dice que los judíos están llenos de celos al ver el éxito de la misión de Pablo entre los Gentiles.  Pero la palabra (Gr.) ZELOS puede significar tanto orgullo como celos, y de hecho orgullo es la más probable.

Cuando Pablo explica por qué va a los gentiles, cita Isaias 49:6, “Os he llamado a vosotros como una luz a los gentiles para que vosotros seais su salvación hasta el final de la tierra”.  ¿A quién se refería Isaias cuando decía vosotros en, “Os he llamado a vosotros”?  En el contexto de Isaías debe referirse al pueblo de Israel.  La lógica del argumento de Isaías 49 nos indica que Israel, habiendo oído primero las buenas nuevas del Señor por ellos mismos, deben volverse una luz a los gentiles.  Este es exactamente el argumento de Pablo a los Gálatas.

Yo sugiero que la pequeña palabra ZELOS y la hostilidad general que se vivía en la Iglesia del siglo II C.E. hacia los judíos hizo que algunos escribas completaran estos argumentos sugiriendo que la hostilidad de los judíos fue lo que movió a Pablo a predicar a los gentiles.  Las palabras, “y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando” (Hechos 13:45b) son una inserción.  Igualmente las palabras, “dado que habéis desechado la palabra de Dios y no os creeis dignos de vida eterna” en Hechos 13:46b son una interpolación.

Unos pocos versículos antes encontramos otra preciosa muestra de evidencia que indica de nuevo que el texto original de Hechos asumía la estrategia pactada en Jerusalén y mostrada en Gálatas.  En Hechos 13:43 se nos dice que muchos judíos y proselitas temerosos de Dios seguían a Pablo y Bernabé al salir de la sinagoga en la que habían estado hablando.  Luego se dice que Pablo y Bernabé “hablaron con ellos y les persuadieron para permanecer en la gracia de Dios”.  Esto debe querer decir que Pablo les enseñó que debían continuar siendo miembros fieles de la sinagoga.  Pablo no tenía la más mínima intención de separar de las sinagoga a aquellos judíos que hubieran creído en Jesucristo, ni tampoco a aquellos gentiles que se hubieran hecho proselitas.

Por tanto la primera enseñanza dogmática de que Pablo fue a los gentiles debido a la hostilidad de los judíos parece haber sido introducida en distintas partes de un texto cuyo mensaje original era muy distinto.  Dicha teoría procede de interpolaciones del siglo II.

La segunda enseñanza dogmática ocurre en Hechos 18:6 explicando el trabajo de Pablo en Corinto.  Los datos externos acerca de la vida de Pablo nos dan la primera pista.  Al comienzo de su visita fue a vivir con un colega judío, Aquila, y con su esposa Priscila.  Predicó cada sábado en la sinagoga y su audiencia incluía ambos judíos y griegos interesados.  Cuando Silas y Timoteo se unieron a él tuvo libertad para dejar lo que hacía y volver a su verdadera vocación.  Probablemente su misión a los gentiles prosperó gracias a que pudo trasladarse de la sinagoga a la casa del gentil Tito Justo, quien vivía cerca de la sinagoga.  Probablemente Pablo continuó viviendo con Aquila y Priscila (a pesar de la lectura que se hace en el códice Bezae, Hechos 18:7), ya que ellos dos le acompañan en la siguiente etapa de su viaje, a Efeso, donde les deja que se instalen (Hechos 18:18-19).  Por tanto el cambio de Pablo para trabajar en la casa de un gentil muestra suficientemente que existía un grupo que se consideraba a sí mismo como de gentiles y que podía apoyar el trabajo de Pablo en los siguientes dieciocho meses de predicación y enseñanza que continuaron (Hechos 18:11).

Este resumen de lo que ocurrió es facilmente entendible una vez que sabemos cuál era la estrategia de Pablo, como sabemos por medio de la carta a los Gálatas; no existe la necesidad de inventar ningún evento especial en la sinagoga de Corinto que provocara que Pablo se dedicara de lleno a los gentiles.  Si algún evento permitió que Pablo se dedicara a tiempo completo a los gentiles fue la llegada de Silas y Timoteo. 

Se puede objetar que existen dos partes en Gálatas que contradicen la suposición de que Pablo esperaba que los judíos que creyeran en Jesús como Mesías continuaran observando la ley de Moisés.  La primera de ellas es el enfrentamiento con Pedro cuando se retiró de comer con los gentiles (Gálatas 2:11-14) y la segunda es la frase que dice que, si alguien recibe la circuncisión, Cristo no tendrá ningún beneficio para él (Gálatas 5:2-6).

Sabemos por la Epístola de Aristeas que era posible que judíos y gentiles devotos comieran juntos, y también por la historia de la conversión de la familia real en Adiabene (Josefo, Antigüedades 20.34-96) que la circuncisión no fue siempre exigida a los gentiles que deseaban hacerse judíos.  El rango de posibilidades era más ámplio de lo que las prácticas de años más tarde puedan indicar, pero la historia de Izates de Adiabene muestra que también existían judíos que insistían en que los gentiles tenían la obligación de hacerse judíos y de aceptar la circuncisión para poder ser considerados verdaderamente obedientes a la ley de Moisés (Josefo, Antigüedades 20.43-48).

Por tanto, es perfectamente creíble que Pedro cambiara de idea acerca de comer con cristianos gentiles si al comer pudiera estar dañando el objetivo de su misión a aquellas personas de la circuncisión que aún no habían aceptado a Jesús como Mesías.  Aquellos cristianos gentiles de Antioquía habrían sido personas temerosas de Dios que se unieron a las sinagogas que aceptaban que Jesús era el Mesías.  Pedro no estaría expulsándoles de la sinagoga por el simple hecho de no comer en su mesa.  De hecho, el decreto de Jerusalén en Hechos 15 bien puede haber sido una respuesta a ese mismo problema, poniendo ciertas restricciones a aquellos gentiles temerosos de Dios que frecuentaban las sinagogas cristianas de modo que la comunión de la mesa pudiera continuar.  Sin embargo Pablo se habría enfrentado a Pedro por ese acto debido a que dicha acción podría interpretarse como una sugerencia de que los gentiles debían convertirse en proselitas para poder disfrutar de la comida junto con los miembros judíos de la sinagoga.  Pero la oposición de Pablo a Pedro no implica que hubiera cambiado de idea y ahora creyera que los cristianos judíos debían dejar de obedecer la ley ceremonial de Moisés.  Se opuso a Pedro porque Pedro amenazó el espíritu vive-y-deja-vivir del acuerdo de Jerusalén, no porque pensara que Pedro debía abandonar la ley ceremonial.

Gálatas 5:2-6 ha sido leído a menudo como una afirmación que Pablo dirige a todos los cristianos diciendo que si alguno de ellos recibe la circuncisión Cristo no será de beneficio para ellos.  De hecho Gálatas 5:4 dice: “Seréis arrancados de Cristo, aquellos que busquéis ser justificados en la Ley; habréis caído de la gracia”.  Sin embargo el contexto muestra de forma clara que aquellos que estaban buscando ser justificados por medio de mantener toda la ley eran creyentes gentiles que pretendían comenzar a practicar la ley ceremonial que era requerida de los judíos además de la ley moral que se requería de ambos.  Estamos hablando de gentiles que se habían convertido en cristianos cuando aún eran gentiles.  Pero si esos gentiles, que habían sido bautizados, que habían compartido el pan y el vino de Cristo, tuvieran ahora que convertirse en proselitas (cuando aún estaban confesando a Jesús como Mesías), eso sugeriría que los cristianos gentiles no eran cristianos plenos aún.  Y Pablo, cuya tarea principal era la de traer gentiles – como gentiles – a las creencia de Jesús como Mesías, estaba luchando por el pacto que había hecho en Jerusalén y que reconocía a estos gentiles como cristianos plenos.  Por todos los medios debía prevenir que personas que tanto él como el acuerdo de Jerusalén consideraban como cristianos completos pensaran que aún les faltaba algo para serlo, o que debían convertirse en judíos para ser salvos.  Una vez más, nada de la contundencia que Pablo muestra en su defensa de esta posición puede ser tomada como una muestra de que él pensaba que todos los cristianos, tanto judíos como gentiles, tenían que abandonar la ley ceremonial.  Todo lo contrario: Pablo asumía que los cristianos judíos permanecerían judíos del todo.

Este simple patrón es muy poco probable ya que Pablo esperaba que los judíos creyentes permanecieran siendo judíos.   Existen tres piezas de evidencia que apoyan esta afirmación: Romanos 4, acerca de Abrahán; Gálatas 2, y el acuerdo de Jerusalén; y Romanos 15, donde Pablo se jacta de lo que está intentando hacer.

Primero, Romanos 4.  En los versículos 9-12 se enseña que Abrahán fue el padre de la incircuncisión, así como el padre de la circuncisión.  Fue el padre de la incircuncisión en que recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia a través de la fe que mostró cuando aún no había sido circuncidado.  Era el padre de la circuncisión en que recibió la circuncisión y la instauró sobre todos sus descendientes varones; aquellos descendientes no solo vivieron por medio de la circuncisión sino también a través de la fe que Abrahán había mostrado cuando aún no había sido circuncidado.  Por tanto, todos los judíos creyentes debían continuar circuncidando a sus hijos.  Abrahán era el padre de dos tipos de gentes que vivían por fe: los circuncidados y los no circuncidados.

Esta distinción depende de la diferencia entre la ley moral y la ley ceremonial.  Dicha diferencia se presupone en el libro de Romanos.  En Romanos 2:25 se dirige al judío: Si tú, la circuncisión, eres un transgresor de la ley, tu circuncisión se vuelve incircuncisión.  El argumento continua en el versículo siguiente cuando se refiere al gentil quien, aunque incircuncisión, mantiene los mandamientos justos de la ley.  ¿No contará Dios en ese caso la incircuncisión como circuncisión?  Esto no significa que la circuncisión sea un tema poco importante.  La frase, (Gr.) ’los mandamientos justos de la Ley’, se refiere a la ley moral en contraste con la ley ceremonial.  El argumento implica que los judíos debían mantener ambas leyes, moral y ceremonial, mientras que los gentiles, que se mantenían como gentiles, debían mantener unicamente la ley moral.

En segundo lugar, el acuerdo de Jerusalén aparece en Gálatas 2:7-10.  Este pasaje tiene cinco puntos principales.  Implica que Dios había trabajado por medio de Pedro y Pablo de formas distintas.  Pedro había tenido éxito como apóstol a la circuncisión, mientras que Pablo había tenido éxito como apostol a los gentiles.  Eso implica que los líderes en Jerusalén reconocieron que el trabajo de Pablo era consecuencia de la gracia de Dios.  Aún más, eso implica que, al darse la ‘mano derecha en señal de compañerismo’, estaban poniendose de acuerdo para que Pablo y Bernabé fueran a los gentiles mientras que Santiago, Pedro y Juan irían a la circuncisión.  Se pone una condición: que Pablo y Bernabé no olviden a los Pobres (queriendo decir los Pobres en Jerusalén), lo cual implicaba conseguir que sus gentiles enviaran dinero a Jerusalén.  Por tanto, la implicación es que Pablo establecería congregaciones de gentiles, dado que las sinagogas judías ya tenían por costumbre el enviar dinero a Jerusalén, en forma de impuesto del Templo.  Esa condición podía considerarse como el cumplimiento de la profecía que decía que la riqueza de las naciones sería enviada a Jerusalén (Isaías 60, especialmente 60:11).  Finalmente, Gálatas 2, al usar el término de Circuncisión para referirse a los judíos y los términos gentiles e Incircuncisión para los no judíos, muestra que aquellos que creían en Jesucristo debían permanecer divididos en dos grupos claramente identificables, los judíos y los gentiles.  Pablo se jactaba de que él era un apostol a los gentiles y usaba el término (Gr.) ’las gentes’ para referirse a su trabajo especial (Romanos 1:5; 11:13; 15:16,18; Hechos 9:15; 22:21; 26:17; etc…).  F. C. Baur en Romanos tuvo que traducirlo como Las Naciones (queriendo decir todas las naciones, e incluyendo la nación judía) para poder mantener su idea central de que Pablo era un universalista.  Qué ignorancia.

En tercer lugar, Pablo se jacta en Romanos 15:14-29.  Por la gracia de Dios, argumenta, ha sido capaz de ser un ministro de Jesucristo a los gentiles (Romanos 15:15-16a).  Este ministerio le ha permitido actuar como sacerdote del evangelio de Dios de modo que el sacrificio traído por los gentiles sea aceptable a Dios y santificado por Su Espíritu Santo (Romanos 15:16b).  Luego menciona que su aspiración era predicar a Cristo allí donde Cristo no había sido nombrado con la intención de no construir sobre el fundamento de otro (Romanos 15:20).

No existe ninguna afirmación que muestre que la visión personal que Pablo tenía de sí mismo le prohibiera entrar en las sinagogas cuando visitaba una nueva ciudad.  Pablo intentaría persuadir de forma natural, tanto a judíos y proselitas como a personas temerosas de Dios, de que Jesús era el Mesías.  Pero él tenía como misión predicar allí donde nadie hubiera predicado antes, es decir entre los gentiles que no habían estado en contacto con las sinagogas donde, como era de esperar, se habría hablado ya de Cristo.  Recordemos que la esperanza del Mesías era central en la adoración de las sinagogas y Pablo tenía la intención de trabajar en aquellos lugares donde la venida del Mesías no se hubiera tratado con anterioridad.

La descripción de su trabajo como un servicio sacerdotal que aseguraba que el sacrificio de los gentiles fuera aceptable a Dios muestra de alguna forma que la idea era que los gentiles formaran congregaciones separadas en cada ciudad, las cuales serían responsables de hacer que dicho sacrificio llegara hasta Dios.  Pablo debía establecer congregaciones separadas y llevar a cabo su ministerio por medio de asegurarse que los gentiles ofrecieran una adoración que fuera pura y sin mancha.

Debemos concluir, al observar la evidencia de estos tres pasajes de las cartas de Pablo, que el apostol trabajaba de acuerdo a los líderes de Jerusalén, llevando a cabo la misión de ir donde Cristo no había sido nombrado y establecer congregaciones gentiles que fueran capaces de mandar donaciones a Jerusalén y que pudieran ofrecer sacrificios aceptables a Dios como resultado de su ministerio.  Aquellas sinagogas que creyeran que Jesús era el Mesías debían continuar viviendo bajo la completa enseñanza de la ley tanto ceremonial como moral.  Las congregaciones gentiles no debían convertirse en judíos sino vivir bajo la parte de la ley, los mandamientos morales, que eran aplicables a ellas.